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La tortuga de Zenón

Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política

MARX, K:

Contribución a la crítica de la economía política. (Trad. J. Merino). Alberto Corazón Editor. Madrid. 1970, pp. 33-41

PREFACIO

Examino el sistema de la economía burguesa por el orden siguiente: Capital, Propiedad, Trabajo asalariado; Estado, Comercio exterior, Mercado mundial. Bajo los tres primeros títulos estudio las condiciones económicas de existencia de las tres grandes clases en las cuales se divide la sociedad burguesa moderna; el enlace de los otros tres títulos salta a la vista. La pri-mera sección del primer libro, que trata del capital, comprende los capítulos siguientes: 1.º La mercancía. 2.º La moneda o la circulación simple. 3.º El capital en general. Los dos primeros capítulos forman el contenido de este volumen. Tengo a la vista el conjunto de materiales en forma de monografí-as escritas con largos intervalos para mi propia ilustración, no para la im-prenta, y cuya ininterrumpida elaboración, según el plan indicado, depende-rá de las circunstancias.

Suprimo un prólogo general que había esbozado porque, después de reflexionar bien, me parece que anticipar resultados que quedan todavía por demostrar podría desconcertar, y porque el lector que tenga la bondad de seguirme tendrá que decidirse a elevarse de lo particular a lo general. En cambio, algunas indicaciones sobre el curso de mis propios estudios políti-coeconómicos podrían encajar muy bien aquí.

Mi estudio profesional era la jurisprudencia, que sin embargo no continué más que de un modo accesorio respecto a la filosofía e historia, como una disciplina subordinada. Por los años 1842-1843, en calidad de redactor en la Rheinische Zeitung, me vi obligado por primera vez a dar mi opinión sobre los llamados intereses materiales. Las discusiones del Landtag renano sobre los delitos forestales y el parcelamiento de la propiedad rústi-ca, la polémica que M. von Schapper, primer presidente a la sazón de la provincia renana, entabló con la Rheinische Zeitung, respecto a las condi-ciones de vida de los aldeanos del Mosela, y por último las discusiones so-bre el librecambio y la protección, me dieron los primeros motivos para ocuparme de las cuestiones económicas. Por otra parte, en esta época en que el afán de «avanzar» vencía a menudo a la verdadera sabiduría, se había hecho oír en la Rheinische Zeitung un eco debilitado, por decirlo así, filosó-fico, del socialismo y del comunismo franceses. Me pronuncié contra este titulado, pero al mismo tiempo confesé claramente, en una controversia con la Allgemeine Augsburger Zeitung, que los estudios que yo había hecho has-ta entonces no me permitían arriesgar un juicio respecto de la naturaleza de las tendencias francesas. La ilusión de los gerentes de la Rheinische Zeitung, que creían conseguir desviar la sentencia de muerte pronunciada contra su periódico imprimiéndole una tendencia más moderada, me ofreció la oca-sión, que me apresuré a aprovechar, de dejar la escena pública y retirarme a mi gabinete de estudio.

El primer trabajo que emprendí para resolver las dudas que me asal-taban fue una revisión crítica de la Rechtsphilosophie de Hegel, trabajo cu-yos preliminares aparecieron en los Deutsch-Französische Jahrbucher, pu-blicados en París en 1844. Mis investigaciones dieron este resultado: que las relaciones jurídicas, así como las formas de Estado, no pueden explicarse ni por sí mismas, ni por la llamada evolución general del espíritu humano; que se originan más bien en las condiciones materiales de existencia que Hegel, siguiendo el ejemplo de los ingleses y franceses del siglo XVIII, compren-día bajo el nombre de «sociedad civil»; pero que la anatomía de la sociedad hay que buscarla en la economía política. Había comenzado el estudio de ésta en París y lo continuaba en Bruselas, donde me había establecido a con-secuencia de una sentencia de expulsión dictada por el señor Guizot contra mí. El resultado general a que llegué y que, una vez obtenido, me sirvió de guía para mis estudios, puede formularse brevemente de este modo: en la producción social de su existencia, los hombres entran en relaciones deter-minadas, necesarias, independientes de su voluntad; estas relaciones de producción corresponden a un grado determinado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción cons-tituye la estructura económica de la sociedad, la base real, sobre la cual se eleva una superestructura jurídica y política y a la que corresponden formas sociales determinadas de conciencia El modo de producción de la vida ma-terial condiciona el proceso de vida social, política e intelectual en general. No es la conciencia de los hombres la que determina la realidad; por el con-trario, la realidad social es la que determina su conciencia. Durante el curso de su desarrollo, las fuerzas productoras de la sociedad entran en contradic-ción con las relaciones de producción existentes, o, lo cual no es más que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en cuyo interior se habí-an movido hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas producti-vas que eran estas relaciones se convierten en trabas de estas fuerzas. En-tonces se abre una era de revolución social. El cambio que se ha producido en la base económica trastorna más o menos lenta o rápidamente toda la colosal superestructura. Al considerar tales trastornos importa siempre dis-tinguir entre el trastorno material de las condiciones económicas de produc-ción -que se debe comprobar fielmente con ayuda de las ciencias físicas y naturales- y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas; en una palabra, las formas ideológicas bajo las cuales los hombres adquieren conciencia de este conflicto y lo resuelven. Así como no se juzga a un individuo por la idea que él tenga de sí mismo, tampoco se puede juzgar tal época de trastorno por la conciencia de sí misma; es preciso, por el contra-rio, explicar esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto que existe entre las fuerzas productoras sociales y las relaciones de producción. Una sociedad no desaparece nunca antes de que sean des-arrolladas todas las fuerzas productoras que pueda contener, y las relaciones de producción nuevas y superiores no se sustituyen jamás en ella antes de que las condiciones materiales de existencia de esas relaciones hayan sido incubadas en el seno mismo de la vieja sociedad. Por eso la humanidad no se propone nunca más que los problemas que puede resolver, pues, mirando de más cerca, se verá siempre que el problema mismo no se presenta más que cuando las condiciones materiales para resolverlo existen o se encuen-tran en estado de existir. Esbozados a grandes rasgos, los modos de produc-ción asiáticos, antiguos, feudales y burgueses modernos pueden ser designa-dos como otras tantas épocas progresivas de la formación social económica. Las relaciones burguesas de producción son la última forma antagónica del proceso de producción social, no en el sentido de un antagonismo indivi-dual, sino en el de un antagonismo que nace de las condiciones sociales de existencia de los individuos; las fuerzas productoras que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa crean al mismo tiempo las condiciones mate-riales para resolver este antagonismo. Con esta formación social termina, pues, la prehistoria de la sociedad humana.

Friedrich Engels con quien (desde la publicación en los Deutsch-französische Jahrbucher, de su genial esbozo de una crítica de las categorías económicas) sostenía una constante correspondencia, en la que intercambiá-bamos nuestras ideas, había llegado por otro camino -comparad su Lage der arbeitenden Klasse in England- al mismo resultado que yo. Y cuando, en la primavera de 1845, vino, también él, a domiciliarse en Bruselas, acordamos contrastar conjuntamente nuestro punto de vista con el ideológico de la filo-sofía alemana; en realidad, liquidar con nuestra conciencia filosófica ante-rior. El manuscrito, dos gruesos volúmenes en octavo, hacía largo tiempo que se encontraba en poder del editor, en Wesfalia, cuando nos advirtieron que un cambio de circunstancias ponía un obstáculo a la impresión. Aban-donamos el manuscrito a la roedora crítica de los ratones tanto más a gusto cuanto que habíamos alcanzado nuestro principal fin, aclarar nuestras pro-pias ideas.

De los trabajos dispersos que hemos sometido al público en esta época y en los cuales hemos expuesto nuestros puntos de vista sobre diver-sas cuestiones, no mencionaré más que el Manifest der Kommunistischen Partei, redactado por Engels y yo en colaboración, y el Discurso sobre el libre cambio, publicado por mí. Nuestros puntos de vista decisivos han sido expuestos científicamente por primera vez, aunque bajo la forma de una polémica, en mi escrito, aparecido en 1847, y dirigido contra Proudhon: Miseria de la Filosofia, etc. La tirada de una disertación sobre el trabajo asalariado, escrita en alemán y compuesta de conferencias que yo había di-rigido al grupo de obreros alemanes de Bruselas, fue interrumpida por la revolución de febrero y consiguientemente expulsión.

La publicación de la Neue Rheinische Zeitung, en 1848-49, y los acontecimientos posteriores interrumpieron mis estudios económicos, que no pude proseguir hasta 1850, en Londres. La prodigiosa cantidad de materiales para la historia de la Economía política amontonada en el British Museum; la situación tan favorable que ofrece Londres para la observación de la sociedad burguesa, y en fin. la nueva fase de desarrollo en que ésta parecía entrar por el descubrimiento del oro californiano y australiano, me decidieron a comenzar de nuevo por el principio y a someter a un examen crítico los nuevos materiales. Estos estudios me llevaron por sí mismos a investigaciones que parecían alejarme de mi objeto y en las que, sin embar-go, tuve que detenerme más o menos tiempo. Pero lo que abrevió sobre todo el tiempo de que disponía fue la imperiosa necesidad de producir un trabajo remunerador. Mi colaboración, comenzada hacía ocho años, en la New York Tribune, el primer periódico angloamericano, trajo consigo, ya que no me ocupo más que excepcionalmente de periodismo propiamente dicho, una extraordinaria dispersión de mis estudios. Sin embargo, los artículos sobre los acontecimientos económicos notables que tenían lugar en Inglaterra y en el continente, formaban una parte tan considerable de mis aportaciones. que tuve que familiarizarme con detalles prácticos que no son del dominio de la ciencia propia de la economía política.

Con este esbozo del curso de mis estudios en el terreno de la econo-mía política he querido hacer ver únicamente que mis opiniones, de cual-quier manera que se juzguen por otra parte, y aunque concuerden tan poco con los prejuicios interesados de las clases dominantes, son el fruto de lar-gos y concienzudos estudios. Pero en el umbral de la ciencia, como a la en-trada del infierno, una obligación se impone:

Qui si convien lasciare ogni sospetto
ogni viltà convien che qui sia morta.*

* Déjese aquí cuanto sea recelo;/ Mátese aquí cuanto sea vileza. (Dante, La divina comedia).
Londres, enero de 1859

F. Engels: Discurso ante la tumba de Marx (1883)

El 14 de marzo, a las tres menos cuarto de la tarde, dejó de pensar el más grande pensador de nuestros días. Apenas le dejamos dos minutos solo, y cuando volvimos, le encontramos dormido suavemente en su sillón, pero para siempre.
Es de todo punto imposible calcular lo que el proletariado militante de Europa y América y la ciencia histórica han perdido con este hombre. Harto pronto se dejará sentir el vacío que ha abierto la muerte de esta figura gigantesca.
Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo. Pero no es esto sólo. Marx descubrió también la ley específica que mueve el actual modo de producción capitalista y la sociedad burguesa creada por él. El descubrimiento de la plusvalía iluminó de pronto estos problemas, mientras que todas las investigaciones anteriores, tanto las de los economistas burgueses como las de los críticos socialistas, habían vagado en las tinieblas.
Dos descubrimientos como éstos debían bastar para una vida. Quien tenga la suerte de hacer tan sólo un descubrimiento así, ya puede considerarse feliz. Pero no hubo un sólo campo que Marx no sometiese a investigación -y éstos campos fueron muchos, y no se limitó a tocar de pasada ni uno sólo- incluyendo las matemáticas, en la que no hiciese descubrimientos originales. Tal era el hombre de ciencia. Pero esto no era, ni con mucho, la mitad del hombre. Para Marx, la ciencia era una fuerza histórica motriz, una fuerza revolucionaria. Por puro que fuese el gozo que pudiera depararle un nuevo descubrimiento hecho en cualquier ciencia teórica y cuya aplicación práctica tal vez no podía preverse en modo alguno, era muy otro el goce que experimentaba cuando se trataba de un descubrimiento que ejercía inmediatamente una influencia revolucionaria en la industria y en el desarrollo histórico en general. Por eso seguía al detalle la marcha de los descubrimientos realizados en el campo de la electricidad, hasta los de Marcel Deprez en los últimos tiempos.
Pues Marx era, ante todo, un revolucionario. Cooperar, de este o del otro modo, al derrocamiento de la sociedad capitalista y de las instituciones políticas creadas por ella, contribuir a la emancipación del proletariado moderno, a quién él había infundido por primera vez la conciencia de su propia situación y de sus necesidades, la conciencia de las condiciones de su emancipación: tal era la verdadera misión de su vida. La lucha era su elemento. Y luchó con una pasión, una tenacidad y un éxito como pocos. Primera Gaceta del Rin, 1842; Vorwärts (Adelante) de París, 1844; Gaceta Alemana de Bruselas, 1847; Nueva Gaceta del Rin, 1848-1849; New York Tribune, 1852 a 1861, a todo lo cual hay que añadir un montón de folletos de lucha, y el trabajo en las organizaciones de París, Bruselas y Londres, hasta que, por último, nació como remate de todo, la gran Asociación Internacional de Trabajadores, que era, en verdad, una obra de la que su autor podía estar orgulloso, aunque no hubiera creado ninguna otra cosa.
Por eso, Marx era el hombre más odiado y más calumniado de su tiempo. Los gobiernos, lo mismo los absolutistas que los republicanos, le expulsaban. Los burgueses, lo mismo los conservadores que los ultra-demócratas, competían a lanzar difamaciones contra él. Marx apartaba todo esto a un lado como si fueran telas de araña, no hacía caso de ello; sólo contestaba cuando la necesidad imperiosa lo exigía. Y ha muerto venerado, querido, llorado por millones de obreros de la causa revolucionaria, como él, diseminados por toda Europa y América, desde la minas de Siberia hasta California. Y puedo atreverme a decir que si pudo tener muchos adversarios, apenas tuvo un solo enemigo personal. Su nombre vivirá a través de los siglos, y con él su obra.

BURGUESES Y PROLETARIOS

BURGUESES Y PROLETARIOS

Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad , es una historia de luchas de clases.
Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes.
En los tiempos históricos nos encontramos a la sociedad dividida casi por doquier en una serie de estamentos, dentro de cada uno de los cuales reina, a su vez, una nueva jerarquía social de grados y posiciones. En la Roma antigua son los patricios, los équites, los plebeyos, los esclavos; en la Edad Media, los señores feudales, los vasallos, los maestros y los oficiales de los gremios, los siervos de la gleba, y dentro de cada una de esas clases todavía nos encontramos con nuevos matices y gradaciones.
La moderna sociedad burguesa que se alza sobre las ruinas de la sociedad feudal no ha abolido los antagonismos de clase. Lo que ha hecho ha sido crear nuevas clases, nuevas condiciones de opresión, nuevas modalidades de lucha, que han venido a sustituir a las antiguas.
Sin embargo, nuestra época, la época de la burguesía, se caracteriza por haber simplificado estos antagonismos de clase. Hoy, toda la sociedad tiende a separarse, cada vez más abiertamente, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases antagónicas: la burguesía y el proletariado.
De los siervos de la gleba de la Edad Media surgieron los “villanos” de las primeras ciudades; y estos villanos fueron el germen de donde brotaron los primeros elementos de la burguesía.

EL MARXISMO. (Otros apuntes)

EL MARXISMO. (Otros apuntes)

El marxismo, históricamente, tiene sus orígenes en el siglo XIX. Tanto Carlos Marx, como los pensadores que contribuyeron al desarrollo del marxismo, vivieron fundamentalmente a lo largo de ese siglo innovador. Desde el punto de vista de la filosofía, el marxismo tiene sus raíces en el Idealismo Alemán, en concreto en la llamada Izquierda Hegeliana alemana. La Izquierda Hegeliana estaba formada por una serie de filósofos seguidores de Hegel que, de una forma clara, aceptaban una parte de las teorías de Hegel (principalmente la Dialéctica), pero rechazaban que el sujeto de todo el devenir histórico fuera la Idea, o el Espíritu, o lo Absoluto. Se puede decir que eran considerados heterodoxos por el resto de los filósofos hegelianos. Entre los filósofos de la izquierda hegeliana destacan los hermanos Bauer, L. Feuerbach, Strauss. Marx, Engels y otros. Otros elementos que también influyeron en la configuración del marxismo fueron los socialistas utópicos, entre otros Fourier, y los primeros economistas (conocidos como economistas clásicos) Ricardo y Smith.

El marxismo se nos muestra fundamentalmente como una ideología que contiene una teoría económica y una teoría política y se apoya en una teoría filosófica. Estos tres elementos conjuntamente forman la cosmovisión marxista.

La teoría marxista es el producto de múltiples aportaciones. Como es obvio, la principal contribución se debe a Carlos Marx, filósofo alemán del siglo XIX. También fueron importantes, sin duda, las aportaciones de F. Engels, también alemán y amigo personal de Marx. Siendo estos dos, quizá, los más importantes, pienso que no debemos olvidar lo que pudieron hacer otros autores posteriores como Lenin y otros teóricos posteriores.

VIII.1. - LA VIDA Y LA OBRA DE CARLOS MARX.

Marx había nacido en Alemania a principios del siglo XIX, [en concreto, en 1818] en el seno de una familia judía de clase acomodada. Estudió Derecho y Filosofía en Bonn y en Berlín, donde trabó contacto con la izquierda hegeliana, tendencia que le marcará de modo indeleble durante toda su vida. Fue un personaje políticamente polémico y tuvo que vivir exiliado primero en París, luego en Bruselas y finalmente en Londres. Allí vivió con el modesto sueldo de bibliotecario y las ayudas que le proporcionó su amigo Engels. Su vida familiar y personal no fue precisamente feliz; estuvo marcada por una larga serie de circunstancias negativas y de desgracias personales (pobreza y muerte de cuatro de sus hijos). Intelectualmente es un personaje brillante, con una enorme capacidad de síntesis, una visión de conjunto envidiable y, en toda caso, fue profundamente crítico. Entre sus numerosas obras vamos a destacar El Manifiesto Comunista, su obra más popular; El Capital, que es la más pura doctrinalmente, pero quizá también la menos leída; los Manuscritos de Economía y Filosofía, en la que se contienen los rasgos humanistas de su pensamiento; La Ideología Alemana contiene una información muy interesante sobre la influencia de la ideología en las formaciones sociales; no podemos dar de lado a la Contribución a la Crítica de la Economía Política; además, por cercanía histórica y geográfica, citaremos el conjunto de artículos que llevan por título Revolución en España. Lo más importante de todo es que la obra de este judío alemán ha tenido la virtud de tener una gran importancia y una influencia decisiva en el curso de la historia.

VIII.2.- EL MATERIALISMO DIALECTICO.

La base de la doctrina marxista se puede encontrar en su concepción filosófica del materialismo dialéctico. Las dos palabras son profundamente reveladoras. La primera (el materialismo) nos dice, en abierta oposición a lo que pensaban Hegel y la ortodoxia hegeliana, que todo lo que existe es materia y, por tanto, sólo existe la materia; lo que los seres humanos consideramos como inmaterial no son sino epifenómenos de la materia, reducibles, por tanto, a la materia. La segunda (dialéctica) nos muestra que Marx estaba de acuerdo con Heráclito porque ambos piensan que la realidad material está en constante movimiento; no obstante, Marx da un paso más y, siguiendo a Hegel nos dice que ese movimiento no es algo azaroso, sino que está regido por una ley completamente determinista: todos los movimientos se producen de acuerdo con las leyes de la dialéctica. Según la dialéctica, todo movimiento se produce de acuerdo con el siguiente esquema: El punto de partida es un primer momento al que se denomina tesis. Podemos considerar como tesis cualquier situación real. La dialéctica nos dice que, dada cualquier situación real, se genera automáticamente aquello que es su opuesto, es decir lo que no es la tesis: a este segundo momento se le llama antítesis. Dadas entonces la tesis y la antítesis, esta situación de oposición genera un tercer momento que intenta superar la oposición de la tesis y la antítesis, y que engloba algo de cada una de ellas; a este tercer momento se le llama síntesis; Esta síntesis se convierte en una nueva tesis que, a su vez generará su propia antítesis de la que surgirá una nueva síntesis. Y así sucesivamente. Pondré un ejemplo utilizado por el mismo Hegel. El primer momento de todo lo existente, la primera tesis es el ser; el ser hace surgir su propia antítesis, lo contrario del ser: el no-ser. En el tercer momento, la síntesis, se genera una nueva realidad que participa tanto del ser como del no ser: el devenir, es decir, el movimiento. Tesis- Antítesis- Síntesis es la tríada que regula todos los cambios y movimientos en los que está permanentemente sumida la materia.

VIII.3.- LA TEORÍA MATERIALISTA DE LA HISTORIA.-

Cuando hablamos del materialismo histórico nos estamos refiriendo a una teoría que intenta interpretar la historia, es decir, buscar una explicación al devenir histórico. Se trataría de encontrar qué es lo que cambia a lo largo de la historia, de determinar quién o quiénes son los agentes que hacen que cambie la historia y cuál o cuales son las leyes del devenir histórico.

Podemos encontrar muchas interpretaciones de la historia a lo largo de la filosofía anterior al marxismo. Si las ejemplificamos en S. Agustín o en Hegel, estas teorías tienen en común que lo que mueve a la historia son causas o motivos transcendentes.
S.Agustín, por ejemplo, decía que todos los elementos de la historia sólo eran piezas en manos de Dios que las utilizaba para buscar los objetivos que él había determinado (el predominio de la ciudad de Dios sobre la ciudad de los hombres). En Hegel, el desarrollo de todos los acontecimientos históricos, por extraños que pudieran parecer, eran utilizados por la "astucia del espíritu" para conseguir sus propios objetivos. En cualquier caso, la historia es cosa de Dios o del Espíritu, que son las auténticas fuerzas que hacen moverse a la historia.

Marx piensa, por su parte, que la historia también tiene un sentido; pero advierte que las fuerzas que mueven a la historia no son extrínsecas a la historia, sino intrínsecas; que esas fuerzas no son transcendentes sino inmanentes. Marx entiende que la historia la conforman las relaciones humanas, y lo que hace que cambien esas relaciones humanas (es decir, que cambie la historia) es el conflicto constante que existe entre los grupos que constituyen la sociedad humana. A estos conflictos permanentes los llama Marx lucha de clases. Por tanto, es la lucha de clases lo que hace que se mueva la historia. Pero, además, si pensamos que lo que configura a las distintas clases sociales es la posesión de determinados bienes, es decir, la situación económica de los seres humanos, entonces podemos concluir que el motor interno de la historia son las relaciones económicas.

Cuando tú estudias historia, te enseñan que está dividida en diferentes edades (antigua, media, moderna y contemporánea). Si te has fijado un poco, te darás cuenta que cada una de esas etapas tiene como su propia personalidad, unas características que no se repiten en las otras. ¿Qué es lo que hace que la edad media sea distinta de la moderna o de la antigua? ¿Qué hace que la edad contemporánea sea distinta de la medieval? De acuerdo con lo que llevamos dicho, los distintos momentos de la historia están marcados por las distintas relaciones económicas que podemos encontrar a lo largo de la historia; es una verdad casi axiomática en el pensamiento marxista que son las relaciones económicas de producción las que determinan los diferentes períodos históricos.

La relación entre la lucha de clases y los cambios de la historia están claramente expresadas por Engels en el siguiente texto:

Fue precisamente Marx el primer que descubrió la gran ley que rige la marcha de la historia, la ley, según la cual todas las luchas históricas, ya se desarrollen en el terreno político, en el religioso, en el filosófico o en otro terreno ideológico cualquiera, no son en realidad sino la expresión más o menos clara de luchas entre clases sociales, y que la existencia y, por tanto, también los choques de estas clases están condicionadas, a su vez, por el grado de desarrollo de su situación económica, por el modo de su producción y su cambio, condicionado por esta

F.Engels, Prólogo a la obra de K.Marx El 18 Brumario de Luis Bonaparte, pp.9-1O

Esas relaciones económicas, por su parte1 tienen también sus elementos determinantes: los medios de producción y la propiedad de los medios de producción. Y si observas que los medios de producción, que son los instrumentos que se necesitan para obtener los bienes materiales necesarios a los hombres, son predominantemente medios materiales te darás cuenta de que tod9 vendría a reducirse a economía, a materia; y de ahí el nombre teoría materialista de la historia.

Ahora bien, aun cuando la economía sea la base real de la sociedad, no podemos decir que la sociedad sólo sea economía. Las realidades sociales son mucho más complejas y junto con la estructura económica presentan, al menos, una estructura jurídico-política y una estructura ideológico-religiosa. La relación de dominio entre estas tres estructuras aparece claramente expresada en un conocido texto de Marx que te reproduzco a continuación:
El resultado general al que llegué y que, una vez obtenido, me sirvió de guía para mis estudios, puede formularse brevemente de este modo: en la producción social de su existencia, los hombres entran en relaciones determinadas, necesarias, independientes de su voluntad, estas relaciones de producción corresponden a un grado determinado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se eleva una superestructura jurídica y política y a la que corresponden formas sociales determinadas de conciencia. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de vida social, política e intelectual en general. No es la conciencia de los hombres la que determina la realidad; por el contraria, la realidad social es la que determina su conciencia.
K.Marx, Prefacio a la contribución a la crítica de la Economía Política, pp.42-43.

En los estudios posteriores del marxismo se han utilizado los términos de infraestructura económica y superestructura para referirse a los elementos de los que estamos hablando. Para decir qué es la infraestructura económica no se necesitan muchas explicaciones; la superestructura, por su parte, estaría formada por los niveles político-jurídico, ideológico y religioso. Y lo que se nos dice en el texto es que a una determinada infraestructura económica le corresponden determinadas formas del Estado (nivel político), diferentes códigos de leyes (nivel jurídico), distintas ideas sobre la realidad y sobre la sociedad (nivel ideológico) y ciertas ideas sobre el papel del hombre en la realidad (religioso) Esta es la esencia del materialismo histórico.
Ahora bien, si el materialismo histórico nos dijera solamente de cuántos niveles se compone la sociedad, no nos habría explicado algo fundamental: cómo se producen los cambios, cuál es la ley que los rige. Respecto a la dinámica histórica nos dice Marx lo siguiente:
Durante el curso de su desarrollo, las fuerzas productoras de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo cual no es mas que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en cuyo interior se hablan movido hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran, esas relaciones se convierten en trabas de esas fuerzas. Entonces se abre una era de revolución social. El cambio que se ha producido en la base económica trastorna más o menos lentamente toda la colosal superestructura.

K.Marx, Ib., p.43

La explicación que da Marx me parece suficientemente clara. Todo el proceso comienza con un cambio en las fuerzas productoras (medios de producción, conocimientos técnicos, etc.), cambio que se produce necesariamente, dada la concepción del materialismo dialéctico. Ahora bien, estos cambios de las fuerzas productoras conllevan y arrastran cambios en el resto de la formación social, es decir, en los niveles jurídico, político, ideológico y religioso. Estos cambios no se producen, sin embargo, de una manera pacífica: habitualmente es necesaria una era de revolución social para terminar de romper las formas de vida anteriores y permitir el tránsito a un nuevo modo de producción. Esa era de revolución social es la manifestación más clara de la lucha de clases, anteriormente larvada.

VIII.4.- EL CONCEPTO DE ALIENACION.

ALIENACION es un término que acuñó originalmente Hegel y lo utilizó para dar a entender que el Espíritu, en el proceso de transformación dialéctica, se convertía en algo distinto de si mismo. En esa fase, el Espíritu adoptaba una esencia que no le correspondía.

Marx utilizará también el término Alienación. Adoptará la palabra de la filosofía hegeliana, pero la aplicará a un contexto bastante diferente al de Hegel. Marx nos dice que la palabra alienación describe de un modo preciso cuál es la situación en la que se encuentran los seres humanos en las sociedades divididas en clases. Marx la aplicará, por tanto, a un contexto antropológico. Es bastante frecuente oir, en el contexto marxista, que el hombre está alienado. ¿Qué nos quiere decir Marx con esta expresión?

De un modo parecido a lo que pensaba Hegel, Marx nos quiere decir que en las sociedades clasistas los hombres se convierten en algo diferente a lo que deben ser, que los hombres se encuentran en una situación en la que son ajenos a su propia esencia. Su propia esencia les es arrebatada y se convierten en pseudo-seres humanos. Esta alienación se pone de manifiesto en muchos niveles.

En primer lugar, se encuentra en un estado de alienación económica. La alienación económica se pone de manifiesto en que en las sociedades clasistas al hombre trabajador se le arrebata el fruto de su trabajo. Si observas qué tipo de relaciones económicas existen en las sociedades divididas en clases te darás cuenta que los medios de producción (la tierra, las fábricas y otros) pertenecen a la clase dominante. Pero no son los miembros de la clase dominante quienes actúan sobre esos medios de producción para obtener bienes; es decir, no son ellos los que trabajan. Los que trabajan son los miembros de la clase dominada. Y una vez que, con su trabajo, han obtenido bienes, la clase dominante se los arrebata y a cambio, en el mejor de los casos, le dan un salario. Es decir, al trabajador se le arrebata la diferencia que existe entre el valor del objeto producido y el salario percibido (lo que se conoce con el nombre de plusvalía) y, si bien no se trata todavía de una alienación esencial, sí se trata de una situación en la que se le quita algo que le pertenece.

Ahora bien, esta misma situación dará lugar a otro tipo de alienación más grave. Se trata de una alienación a la que podríamos denominar antropológica. ¿En qué consiste? En una consecuencia derivada de la antropología marxista. Para Marx, el hombre no es esencialmente un ser racional, sino un ser cuya esencia se muestra en la acción, en el trabajo, en la transformación del mundo. Lo que distingue al hombre de los animales es que el hombre transforma el mundo en el que vive. El hombre se proyecta en su trabajo, se muestra en su trabajo, y es hombre en la medida en que trabaja. El trabajo no es un castigo ni una maldición bíblica: es la única manera de mostrarse el ser humano. Ahora bien, en la situación de una sociedad clasista el hombre está desligado de su trabajo en tanto en cuanto no es él quien decide qué hacer1 ni cómo hacerlo, ni qué hacer con lo que ha hecho. El hombre se convierte así en una pieza de un engranaje qué produce bienes, pero pierde su propia esencia. Ya no es hombre.

No son estas, sin embargo, las únicas modalidades de alienación conocidas. Hay otras que pueden ser peores en cuanto que posibilitan la existencia de las dos primeras y dificultan su desaparición. Se trata de la alienación que se da en el nivel de la superestructura. En este caso al hombre se le imponen modelos de Estado, leyes y, sobre todo, valores que no le corresponden, que le hacen tener una determinada concepción de la realidad, una conciencia coherente no con lo que el es, sino con las relaciones de producción en las que se halla inmerso.
Recuerda el texto del Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política:

El conjunto de esas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real, sobre la cual se eleva una superestructura jurídica y política y a la que corresponden formas sociales determinadas de conciencia. El modo de producci6n de la vida material condiciona el proceso de vida social, política e intelectual en general. No es la conciencia de los hombres la que determina la realidad; por el contrario, la realidad social es la que determina su conciencia.
K. Marx, Prólogo a la Contribución..., l.c.

Estas últimas frases son las que ponen de manifiesto la alienación ideológica. No es cierto que los hombres tengan una conciencia, es decir, un conjunto de ideas y de valores autónomos, a través de los cuales juzguemos y valoremos la realidad; es la realidad social quien, por mor de intereses, determina la conciencia de los hombres y le induce a adoptar ideas que favorecen los intereses de las clases dominantes Para ello, las clases dominantes cuentan no sólo con los medios de producción de la vida material, sino que también tienen a su disposición los medios de producción de la vida intelectual y espiritual. Lee el texto que nos deja Marx en La Ideología Alemana:

Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que posee el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas; por tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase la clase dominante son también las que confieren el papel dominante a sus ideas.
K. Marx, o.c. ,p.4

En lo que hemos dicho en último lugar se pone de manifiesto por qué la alienación humana significa que el hombre no es él mismo, que el hombre ha perdido su propia esencia. El hombre no tiene valores e ideas propias, sino valores e ideas que se le han impuesto y que coinciden con los valores y las ideas de la clase dominante.

El objetivo de la alienación, por lo demás, estará claro si seguimos el siguiente razonamiento: Es nuestra representación de la realidad la que regula nuestras acciones. Nosotros actuaremos de acuerdo con nuestras ideas. Por tanto, el mejor procedimiento que puede utilizar la clase dominante para mantenerse en su situación de privilegio y evitar la rebelión de la clase dominada es controlar sus ideas, haciéndoles parecer que lo que sucede es la que tiene que suceder porque se apoya en una suerte de ley eterna que no da lugar a alternativas. Para terminar este apartado y para que puedas ver cómo utilizan las clases dominantes estos instrumentos, voy a citarte un párrafo de un novelista español, Juan Valera, en donde se recoge el sermón de un cura (el inefable D.Anselmo) en la fiesta mayor del pueblo:

Entonces el padre hablo del socialismo, refutándole y procurando demostrar que cada una de sus utopías es sueño y delirio insano. Según él, siempre habrá pobres y ricos, y figurándose ya la revolución social triunfante, dio por ineludible el resultado que los que ahora son ricos queden pobres; que algunos de los pobres más listos y audaces se hagan ricos, y que la muchedumbre de los pobres se aumente en número y padezca mayor miseria, porque gran porción de la riqueza se habrá consumido o destruido con las huelgas, alborotos y guerras civiles. En cambio, si el Orden establecido se conserva y se cuida de que nadie se haga rico burlando el código penal, todos trabajarán y se ingeniarán decentemente, por donde crecerán la riqueza y el bienestar, y los ricos serán más ricos y serán más, y los pobres serán menos pobres y menesterosos, y llegará el día, allá en lo por venir, en que los pobres estén mejor tratados que los ricos de ahora. Pero ahora y entonces habrá clases y jerarquías sociales, y será justo que se respeten porque las hay hasta en el cielo.

Juan Valera, Juanita la Larga, Cap.XVI

VIII.5.LA CRITICA A LAS IDEOLOGÍAS. -

Al hablar de la alienación hemos hecho mención explícita de la alienación ideológica y la hemos calificado como una de las más graves. La hemos presentado como la responsable en última instancia del dominio que ejercen las clases dominantes sobre las clases dominadas.

También hemos insinuado que el papel del marxismo no es meramente teórico, sino que aspira a transformar la realidad, sobre todo la realidad social. Por tanto, si esa transformación de la sociedad tiene como objetivo liberar a las clases dominadas, y hemos visto la grave repercusión que tienen las ideologías en los conflictos de clase, el tema de las ideologías no puede ser ajeno a los análisis de la teoría marxista.

¿Cómo podemos definir las ideologías? En principio podríamos decir que las ideologías están formadas en primera instancia por el "sistema de representaciones (imágenes, mitos, ideas o conceptos), dotados de una existencia y de un papel históricos en el seno de una sociedad dada"'. Ahora bien, a las ideologías no pertenecen sólo las ideas teóricas: también podemos incluir en ellas los sistemas de actitudes-comportamientos sociales, es decir, las costumbres que tienen los individuos en un contexto social.

Como hemos dicho más arriba, los sistemas de representaciones incluyen ideas aparentemente muy diferentes como pueden ser las ideas políticas, morales, religiosas, estáticas e incluso filosóficas. Son elementos importantes en la acción del hombre en tanto que son las ideas lo que mueve a la acción del hombre porque, como dijo Engels (aunque no sea un rasgo de tremenda originalidad) "todo lo que mueve a los hombres tiene que pasar necesariamente por su cabeza".

Lo que más nos llama la atención de estos sistemas de representaciones es que a través de ellas los hombres se hacen una idea del mundo, del cosmos, y del papel que juegan en él los hombres. Entonces si estas representaciones reflejaran estas relaciones de un modo adecuado y verdadero, no habría nada que objetar a la presencia de las ideologías. Sin embargo, las cosas no son así, porque tal como utiliza Marx el término, las ideologías no están formadas por ideas claras, sino por ideas confusas y como en nebulosa que transmiten una imagen falseada y falsificadora de la realidad y de las condiciones en que se desarrolla la vida de los hombres.

Por tanto, lo que hemos de resaltar de las ideologías es que no son representaciones objetivas, científicas; por el contrario, las ideologías están llenas de elementos imaginativos. Es decir, las ideologías no describen la realidad; más bien lo que encontramos en ellas son deseos, esperanzas, ilusiones, nostalgias. No quiero decir con esto que las ideologías no contengan elementos de conocimiento; puede haberlos. Sin embargo lo que predomina en ellas son elementos que posibilitan una adaptación de los individuos a la vida real, a sus tareas, a las condiciones de existencia, independientemente de su posible verdad objetiva. Por ejemplo, la vida religiosa que habla del sentido del sufrimiento y de la muerte hace que los explotados puedan soportar mejor las condiciones míseras de su existencia. Otro claro ejemplo de lo que llevamos dicho es la idea de que el hombre es "el rey de la creación". En ella se pone de manifiesto que el mundo no es más que el reino del hombre, y que por tanto puede hacer y deshacer a su antojo. Un tercer ejemplo de ideología lo puedes encontrar en el sermón del P. Anselmo.

El sentido de la existencia de las ideologías te lo vengo diciendo desde hace algún tiempo. En una sociedad de clases está destinada a asegurar la cohesión de los hombres en la estructura general de la explotación de clase. Está destinada a asegurar la dominación de una clase sobre las otras haciendo aceptar a los explotados sus propia condición de explotados como algo fundado en la "voluntad de Dios", en "la naturaleza", en "el deber moral", etc.. Pero la ideología no es solo una "mentira piadosa" para engañar a los explotados: también sirve para que los individuos de la clase dominante acepten como "querida por Dios", por "la naturaleza" o por el "deber moral" la dominación que ejercen sobre la clase de los explotados. Es decir, la ideología se ejerce sobre la conciencia de los explotados para hacerles aceptar como natural su condición de explotados; se ejerce sobre los miembros de la clase domina te para permitirles ejercer como natural su explotación y su dominación.

¿A quién se deben las distintas ideologías que han existido a lo largo de la historia? ¿Quiénes son los productores de las ideologías? La respuesta nos la da Marx en el siguiente texto:
La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas; por tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase la clase dominante son también las que confieren al papel dominante a sus ideas.
K. Marx. o.c. p.48

Las ideologías dominantes son siempre producto de la clase dominante. Son ellas las que disponen de los medios de producción espiritual (filósofos, poetas, sacerdotes, etc. Y, quienes disponen de los canales de comunicación (imprentas, emisoras, etc) y quienes pueden tener el prestigio y la fuerza suficientes para imponérselas a los demás.

Denunciado, por tanta, el carácter imaginativo de las ideologías; aclarados los objetivos perseguidos por las mismas, que no son otros que dominar a las clases dominadas; y comprobado que los autores de las ideologías son las clases dominantes, la teoría marxista exige la realización de una crítica social que ponga de manifiesto todos estos factores con el objetivo de descubrir y aclarar las leyes por las que se rige la historia en su conjunto.

También se conseguirá que la clase dominada se haga consciente de la situación de alienación ideologizada a la que se encuentra sujeta, y esto le permitirá tomar conciencia de clase, generar su propia ideología y luchar por su liberación.

Karl Marx. Introducción

Karl Marx. Introducción

Para preparar este autor os propongo esta colección de textos de Filópolis.. Podríais empezar leyendo el artículo titulado "Marx básico" para continuar después con los contenidos en el apartado "Superior".

ENMANUEL KANT: EL USO TEÓRICO DE LA RAZÓN.

ENMANUEL KANT: EL USO TEÓRICO DE LA RAZÓN.

En la Crítica de la razón pura Kant trata de establecer el alcance y los límites del conocimiento, pero partiendo del hecho de que hay conocimiento en general, es decir, que el conocimiento es un hecho. Por ello, para saber cómo es posible el conocimiento en general, reformulará esta cuestión en la siguiente: ¿cómo es posible la ciencia? -dado que la ciencia es el modelo privilegiado del conocimiento humano-. Esta pregunta se puede generalizar tanto a las Matemáticas y a la Física -que son ciencias de hecho con sus leyes y sus demostraciones, como a la Metafísica, si acaso fuese una verdadera ciencia.
Kant observa que todo nuestro conocimiento consiste en juicios, y ello es válido tanto para nuestro conocimiento científico, como para el mero conocimiento cotidiano de que llueve, o de que me he olvidado la cartera en casa. Un juicio es un enunciado, en el que se afirma o se niega algo acerca de alguien o de algo, que tiene una estructura sujeto-predicativa (del tipo: «Juan tiene cinco hermanos», «A es mayor que B», «S es P», etc.) y que está dotado de un valor de verdad, es decir, puede ser verdadero o falso. A diferencia de los ruegos, de los mandatos o de las preguntas y de otros juegos de lenguaje, los juicios son susceptibles de ser verdaderos o falsos, y esto es lo que los relaciona de modo privilegiado con el conocimiento. La mayor parte de nuestros juicios no encierran en su interior ningún misterio, y no suponen, por lo general, más que un enlace entre dos conceptos cualesquiera. Puedo enlazar así arbitrariamente cualquier tipo de concepto, con cualquier otro, y obtener juicios, algunos de los cuales serán verdaderos y otros falsos, Puedo enlazar, por ejemplo, elefantes y canarios, suegras y jaulas, toreros y cepillos de dientes, y obtener juicios, algunos de ellos disparatados, pero en cualquier caso susceptibles de un valor de verdad, Sin embargo, los juicios de las ciencias, a diferencia de los juicios de la experiencia cotidiana, tienen algo de misterioso, y este misterio lo formula Kant afirmando que lo específico de los juicios de la ciencia es que son sintéticos y, sin embargo, a priori.
De este modo, la pregunta inicial de la Crítica de la razón pura:
1.- ¿Cómo es posible el conocimiento en general?, se reformuló en una más específica: 2,- ¿Cómo es posible la ciencia en general? Y esta segunda pregunta se reformula ahora del siguiente modo: 3,- ¿Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori? A explicar el significado aparentemente enigmático de estas palabras nos dedicaremos de inmediato.

Juicios analíticos y juicios sintéticos.- Kant considera que los juicios pueden ser de dos tipos: analíticos y sintéticos. Los juicios analíticos son aquellos cuyo predicado está en cierto modo contenido en el sujeto, como por ejemplo: «el meñique es un dedo» o «todos los solteros son no-casados». Por lo general, los juicios analíticos no hacen sino analizar y esclarecer el significado del sujeto mediante el predicado, pero no nos proporcionan un conocimiento nuevo acerca del mundo, que no estuviese ya previamente contenido en el sujeto analizado. Es decir, no amplían en absoluto nuestro conocimiento, aunque sin embargo lo explican o lo aclaran. Por su parte, en los juicios sintéticos, el predicado no se encuentra previamente incluido en el sujeto, sino que se le atribuye como algo exterior a él. Según esto, los juicios sintéticos establecen una síntesis o reunión de dos elementos que no se encuentran previamente relacionados. Como por ejemplo, cuando digo: «Este sombrero es rojo», «siete y ocho son quince» o «la velocidad de caída de los graves en la Tierra es de nueve con ocho metros por segundo cada segundo». Como se puede ver, cada uno de estos juicios afirma algo acerca del sujeto, que no se encuentra previamente contenido en su interior. Es decir, por más que yo analice el concepto de sombrero, no encuentro nada en él que haya de ser o dejar de ser rojo, y lo mismo en los otros casos: por más que analice el concepto siete, nunca encontraré que añadiéndole ocho obtenga el número quince. A diferencia de los juicios analíticos, los juicios sintéticos amplían verdaderamente mi conocimiento del mundo, al informarme de algo que no está previamente dado en el concepto del sujeto.
Juicios a priori y juicios a posteriori.- Pero, además de en analíticos y sintéticos, Kant clasifica los juicios desde el punto de vista de su posible verificación en a priori y a posteriori. Juicios a priori son aquellos cuyo valor de verdad se conoce antes de consultar con la experiencia. Por ejemplo, no me hace falta hacer una investigación completa de todos los solteros que hay en el país, para saber a priori que ninguno de ellos está casado. Del mismo modo, tampoco me hace falta arrojar a mi profesor por la ventana, para saber a priori que caerá con una aceleración de nueve con ocho metros por segundo cada segundo. Por el contrario, juicios a posteriori son aquellos cuyo valor de verdad no se conoce sino consultando con la experiencia. Así, si yo afirmo que «mi compañero podrá prestarme dinero para un bocadillo», no sé si será cierto o falso hasta que no se lo haya pedido.
Pues bien, aparentemente en principio, todos los juicios analíticos son a priori, pues no necesito consultar con la experiencia para verificarlos, y por ello tal vez podríamos pensar que todos los juicios sintéticos son a posteriori, en cuanto amplían nuestro conocimiento con algo que no se encuentra previamente dado en el mero concepto que ya tenemos. Pero Kant muestra que los juicios de las ciencias, a pesar de ser sintéticos, son sin embargo a priori. Es decir, a pesar de ampliar nuestro conocimiento del mundo, conocemos su verdad o su falsedad antes de consultar con la experiencia. Esto es algo realmente sorprendente y enigmático. Veamos por qué.
Juicios sintéticos a priori.- Que la verdad o falsedad de los juicios analíticos la conozcamos antes de consultar con la experiencia no tiene en sí nada de sorprendente. En efecto, si el juicio analítico no nos dice en realidad nada acerca del mundo, sino sólo acerca del concepto que ya tenemos previamente dado, no necesitamos en absoluto consultar con la experiencia para saber si es verdadero o falso. Así, si alguien afirma haber encontrado un soltero que estaba casado, simplemente le diremos que eso es imposible y que se contradice, del mismo modo que si alguien pretendiese haber dibujado un triángulo de cuatro lados. Y por tanto, que los juicios analíticos sean a priori no tiene nada de enigmático. Lo mismo sucede con los juicios sintéticos a posteriori. Si alguien me dice, por ejemplo, que hay un elefante volando en la ventana, por estúpido que esto me pueda parecer, no hay sin embargo nada en ello de contradictorio y, por tanto, el único modo que tengo de saber si esto es verdad o no, es mirando por la ventana. Que la mayor parte de los juicios sintéticos sean a posteriori, tampoco es en absoluto sorprendente, pues que yo tenga que consultar con la experiencia para verificar la relación entre dos objetos cualesquiera que no tienen a priori ninguna relación entre sí, no tiene nada de extraordinario. Pero que haya juicios sintéticos a priori (es decir, juicios que aun cuando amplían nuestro conocimiento del mundo, sabemos antes de consultar con la experiencia si son verdaderos o falsos), esto sí que es bastante sorprendente.
Pues bien, Kant piensa que la característica propia de los juicios de la ciencia es que son sintéticos y sin embargo a priori y por eso reformula su pregunta: ¿cómo es posible la ciencia en general?, por la pregunta equivalente: ¿cómo son posibles los juicios sintéticos a priori? Vamos a tratar de aclarar esto todavía un poco más.
Si yo afirmo que: «en los triángulos rectángulos, el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma del cuadrado de los catetos», ésta es una proposición de tipo sintético, pues, por más que yo analice el concepto de hipotenusa, no encuentro nada en él que lo relacione con el cuadrado de los cate tos. A pesar de ser una proposición de tipo sintético, no me hace falta verificar en todos y cada uno de los triángulos rectángulos que encuentre si esto es o no verdad. -Lo sé a priori, sin necesidad de consultar con la experiencia. Lo mismo sucede si yo afirmo que si sumase cinco lápices más ocho, tendría trece lápices, y no necesito en absoluto coger trece lápices y sumarlos para saber que esto es cierto. Pues bien, que yo conozca a priori la verdad o falsedad de algunos juicios sintéticos es tan sorprendente, que Kant dedica en cierto modo a resolver este problema toda su Crítica de la razón pura. Pues Kant trata de resolver el problema de cómo es posible el conocimiento en general y esto le lleva a preguntarse por las condiciones de posibilidad de cada una de las distintas ciencias. Y así, la pregunta de cómo son posibles las Matemáticas y la Geometría como ciencias, se traducirá para Kant en la siguiente: ¿cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en Matemáticas y Geometría? Del mismo modo, la pregunta por las condiciones de posibilidad de la Física como ciencia, se traducirá en: ¿cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en Física? y por último, la pregunta de cómo es posible -si es que es posible una metafísica como ciencia se traducirá en ¿cómo son posibles si es que son posibles los juicios sintéticos a priori en la metafísica?
A resolver la primera cuesti6n (¿cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en las Matemáticas y en la Geometría) Kant destina, en la Crítica de la razón pura, una ciencia o una doctrina especial, a la que denomina «Estética trascendental». ¿Qué es la «Estética trascendental»?
Estética es la ciencia que se ocupa de la sensibilidad en general. Pero ¿por qué remite Kant la pregunta acerca del carácter científico de las Matemáticas y de la Geometría a una ciencia de la sensibilidad? La respuesta es la siguiente: porque Kant cree que las Matemáticas y la Geometría son posibles como ciencias porque se fundan en las formas puras a priori de la sensibilidad. A explicar lo que quiere decir esto dedicaremos las líneas siguientes.
Condiciones trascendentales de la sensibilidad.- Recordemos que lo enigmático de los juicios de las ciencias no era tanto el hecho de ser sintéticos (pues el enlace en el juicio de dos conceptos o de dos representaciones cualesquiera no encierra en sí ninguna dificultad), sino el hecho de que, siendo sintéticos, fuesen sin embargo a priori. Por tanto, lo que resulta realmente difícil de explicar es el carácter apriorístico de los juicios de la ciencia. Esto lo resuelve Kant afirmando que los juicios científicos son a priori, a pesar de ser sintéticos, porque se fundan en aquella parte del conocimiento que está dada a priori. ¿Qué parte del conocimiento está dada a priori? Nuestro modo de conocer es lo que es previo al conocimiento mismo. Conocemos a través de los sentidos (los ojos, el tacto, los oídos), del entendimiento y de la razón. Conocemos con nuestro propio cuerpo, y este cuerpo nos es dado antes del conocimiento mismo, y. por ello podemos decir que éste es el elemento a priori del conocimiento. Sin embargo, a la hora de conocer, es cierto que unos son ciegos y otros sordos, uno puede tener un olfato finísimo y el otro estar acatarrado. Pero estas son las que Kant denomina condiciones psicológicas del conocimiento y a él no le interesan éstas, sino sólo las condiciones que son absolutamente universales y comunes a todos los hombres. A este modo universal del conocimiento humano se refiere Kant con el nombre de «condiciones trascendentales del conocimiento». Son trascendentales porque trascienden las meras condiciones psicológicas del conocimiento de los particulares (ciegos, tuertos, sordos, etc.) y se preocupan única y exclusivamente de las absolutamente generales. Por eso Kant plantea la pregunta por las condiciones de posibilidad de la Matemáticas y la Geometría como ciencias en el contexto de una Estética trascendental, es decir, de una ciencia de la sensibilidad, pero no de las condiciones particulares de la sensibilidad, sino sólo de las absolutamente universales y comunes a todos los hombres. Y lo hace así, porque piensa que el enigmático elemento a priori se funda precisamente en lo que nosotros ponemos a priori en nuestra percepción del mundo. ¿Qué es lo que nosotros ponemos a priori en nuestra percepción del mundo? Muchas cosas. Sin lugar a dudas la capacidad de ver está antes que la visión misma. Para que un objeto sea visto, conocido y reconocido, es necesario estar dotado de la facultad de la visión. Y lo mismo sucede con el oído y los demás sentidos. Sen embargo, como ya hemos dicho, estas no son condiciones trascendentales de la sensibilidad, sino meramente psicológicas (algunos las tienen y otros no), y Kant trata de buscar las condiciones absolutamente universales y generales de la sensibilidad; esto es, el modo o la forma de la sensibilidad, que es común a todos los hombres. A este modo de percibir el mundo que es absolutamente común a todos los hombres, Kant lo llama «formas puras a priori de la sensibilidad». Pues bien, según esto, los juicios sintéticos a priori en Matemáticas y Geometría son posibles porque se fundan en las formas puras a priori de la sensibilidad. De momento la cosa no es más complicada.
Pero Kant tiene que mostrar, primero, qué son y en qué consisten esas formas puras a priori de la sensibilidad y tiene que demostrar, en segundo lugar, que esas supuestas formas puras a priori de la sensibilidad son universales e igualmente comunes a todos los hombres.
Espacio y Tiempo.- Para Kant, lo que la sensibilidad nos proporciona son intuiciones. Para él, todo lo que veo u oigo, y todo lo que percibo a través de la sensibilidad son intuiciones. Por eso trata de esclarecer, no el contenido material de las intuiciones, que depende siempre de cada caso particular, sino su forma; es decir, el modo de percibir en general. Esta forma general de la sensibilidad es diferente para nuestras percepciones internas (por ejemplo, la angustia, el miedo, el deseo, etc.) que para nuestras percepciones externas (ruidos, colores, sabores, etc.) y Kant dice que el espacio y el tiempo son esta forma general de la sensibilidad.
Causa verdaderamente estupor escuchar que el espacio y el tiempo no son para Kant propiedades del universo, sino sólo nuestro modo de percibirlo. Es decir, que el espacio y el tiempo no son cosas en sí mismas, sino sólo nuestro modo de percibir. Aunque esto se nos puede aclarar un poco más si pensamos que el espacio y el tiempo no existen en sí mismos, sino en relación a una serie de objetos. Si no hubiese absolutamente ningún movimiento en el universo, no podríamos decir que hay tiempo, porque no sería posible hablar de un antes y un después de algo. Del mismo modo, si no hubiese absolutamente ningún objeto en el universo, tampoco podríamos decir que hay espacio, puesto que no sería posible establecer distancias, ni direcciones, ni medidas. No habría un arriba y un abajo, un delante o detrás, pues no habría nada con respecto de lo cual establecerlo. Según esta sencilla consideración fácilmente se advierte pues que el espacio y el tiempo son dimensiones. Y dimensiones no son en último término sino sistemas de medida puestos por nosotros. Pero Kant pretende que estas dimensiones no son puestas arbitrariamente por nosotros, sino por nuestro modo de conocer o, mejor dicho, por nuestro modo trascendental de percibir. Es decir, que son iguales y comunes a todos los hombres. Por eso Kant llama al espacio y al tiempo las formas puras a priori de la sensibilidad, siendo el espacio la intuición pura a priori de la sensibilidad externa y el tiempo la intuición pura a priori de la sensibilidad interna. ¿Que quiere decir esto? Quiere decir primero, que son intuiciones, esto es, el producto de la sensibilidad, y no conceptos, que son el producto del entendimiento. Quiere decir, en segundo lugar, que no tienen ningún contenido material concreto, sino que son el mero modo de percibir, y por eso son intuiciones puras. Quiere decir, en tercer lugar, que son a priori, es decir, son anteriores al acto mismo de la percepción. Y por último quiere decir que todo lo que percibimos como proveniente del exterior (sonidos, olores, sabores, imágenes, etc.) lo percibimos espacialmente, pues el espacio es la forma de la sensibilidad externa; y que todo lo que percibimos en nuestro interior (pensamientos, sentimientos, etc.) lo percibimos temporalmente, pues el tiempo es la forma de la sensibilidad interna. Ahora bien, todo lo que percibimos como proveniente del exterior (sonidos, olores, colores, etc.), lo percibimos también interiormente, pero no a la inversa. Es decir, lo que percibo exteriormente, tengo conciencia interna de ser yo el que lo percibo en mi interior. Sin embargo, lo que percibo claramente en mi interior (el miedo, el amor, la cólera, etc.) no lo percibo en absoluto como proveniente del exterior y por ello, todas nuestras percepciones las percibimos temporalmente, aunque no todas las percibimos espacialmente. Pues todas nuestras percepciones son interiores, pero no todas nuestras percepciones son exteriores. En consecuencia, todas nuestras percepciones son temporales, pero no todas son espaciales.
Ahora bien, Kant pretende que el espacio y el tiempo, en cuanto formas de la sensibilidad, son trascendentales, es decir, son iguales y comunes para todos los hombres. Pero podríamos preguntamos cómo sabe Kant que mi percepción del espacio y mi percepción del tiempo es la misma que la suya. ¿Cómo sabe Kant, por ejemplo que los negros de África tienen la misma percepción del espacio que los esquimales del Polo Norte? Pues bien, lo sabe precisamente porque las Matemáticas y la Geometría son posibles como ciencias.
Juicios sintéticos en la Matemática y en la Geometría.- Fácilmente se advierte que la Geometría es una ciencia que se basa en nuestra intuición del espacio: sus axiomas y teoremas son tan válidos para Kant y para mí, como para negros y esquimales. Lo que demuestra que nuestra intuición del espacio es común; y como ésta es a priori, los juicios sintéticos de la Geometría son posibles a priori, precisamente porque se fundan en la forma pura a priori de la sensibilidad externa que es el espacio. Lo mismo sucede con nuestra percepción del tiempo, que Kant demuestra que es universal y común a todos los hombres, porque las Matemáticas son posibles como ciencias.
Sin embargo es cierto que, mientras se advierte fácilmente la relación que hay entre la Geometría y el espacio, no se entiende tan claramente qué relación hay entre las Matemáticas y el tiempo, hasta que no pensamos que el tiempo no es en realidad más que la forma general de las sucesiones y que la Matemática no es en realidad más que la ciencia del número y su sucesor; es decir, el uno y el sucesor de uno, y el sucesor del sucesor del uno, etc. Por eso la forma del tiempo proporciona un fundamento para la Matemática, en cuanto ciencia de las sucesiones; y los juicios sintéticos de la Matemática son posibles a priori precisamente porque se fundan en la forma de la sensibilidad interna, que también es a priori.
Hay sin embargo aquí una especie de círculo vicioso. Pues en efecto, a la pregunta de cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en Matemáticas y en Geometría, Kant responde que son posibles porque se fundan en las formas puras a priori de la sensibilidad que son el espacio y el tiempo. Pero, cuando nos preguntamos cómo sabe Kant que el espacio y el tiempo son formas puras a priori de la sensibilidad trascendental, nos responde que lo sabemos porque las Matemáticas y la Geometría son posibles como ciencias; Pero obsérvese que Kant parte del hecho de que las Matemáticas y la Geometría son ciencias de hecho. Es decir, que él no tiene que demostrar que son posibles, pues esto es un hecho, sino sólo cómo son posibles, y por ello, aunque funda el carácter objetivo de estas ciencias en las formas subjetivas de la sensibilidad, que son el espacio y el tiempo, demuestra sin embargo que estas formas subjetivas son objetivas en realidad, es decir, son trascendentales, precisamente porque las Matemáticas y la Geometría son posibles como ciencias objetivas.

Analítica trascendental.- A resolver la segunda pregunta (¿cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en la Física?) dedica Kant una lógica especial. Lógica es la ciencia que se ocupa del estudio del modo en que nosotros pensamos y razonamos correctamente. Y aquella lógica que se ocupa del estudio de las condiciones universales y necesarias del pensamiento se denomina Lógica trascendental. Pero los problemas específicos de la posibilidad de la Física como ciencia serán tratados dentro de una parte de esta lógica que se ocupa del estudio del entendimiento o doctrina trascendental del entendimiento, que se denomina Analítica trascendental. ¿Por qué se ocupa Kant de las condiciones de posibilidad de la física como ciencia en el contexto de una doctrina del entendimiento? Pues porque piensa que la Física es posible como ciencia a priori porque se funda en la forma pura a priori del entendimiento. En esto sigue prácticamente el mismo método seguido para fundamentar las Matemáticas y la Geometría, con la diferencia de que éstas se fundan sobre las formas puras a priori de la sensibilidad, mientras que la Física, en su opinión, se fundamenta sobre la forma pura a priori del entendimiento. Por tanto es necesario aclarar en primer lugar qué es el entendimiento y, en segundo lugar, cuál es la forma del entendimiento.
El entendimiento y las categorías.- El entendimiento es la facultad mediante la que pensamos la experiencia. Si la sensibilidad nos proporciona intuiciones, el entendimiento nos proporciona conceptos. El modo en que se producen los conceptos es la forma del entendimiento, Esta forma, en opinión de Kant, son conceptos puros del entendimiento a los que Kant denomina categorías. Las categorías no son por tanto más que conceptos especiales, carentes de contenido, mediante los que nosotros podemos pensar los conceptos. Las categorías anteriores a ella. Por eso Kant llama a las categorías "conceptos puros a priori del entendimiento". Para explicar esto un poco mejor pondremos un ejemplo.
La causalidad.- David Hume había critica la opinión de que tengamos un conocimiento de experiencia de la relación causal. Si observamos atentamente una relación causal cualquiera, por ejemplo, un taco que golpea a una bola de billar, lo único que podemos observar es un acontecimiento que precede a otro en el tiempo (el golpe del taco al movimiento de la bola) y un acontecimiento junto a otro en el espacio; pero no es posible observar en ningún caso la conexión necesaria que se supone debe unir necesariamente (para que se dé la relación causal) a ambos acontecimientos. Lo único que podemos observar en la experiencia es una contigüidad de dos fenómenos en el espacio y una sucesión de estos en el tiempo, junto con la creencia de que al uno (el golpe del taco) le seguirá el otro (el movimiento de la bola), pero la conexión necesaria, sin la cual no es posible hablar de una relación causa-efecto, no aparece por ninguna parte.
Pues bien, Kant coincide con Hume en que efectivamente la causalidad no procede de la experiencia, sino que es puesta precisamente por nuestro modo de pensar la experiencia, aunque no por ello sea menos objetiva y menos real. La conexión causal no se encuentra, por tanto, en los fenómenos mismos, pero no es una mera creencia en que a un fenómeno le seguirá otro, sino que es nuestro modo de pensar la experiencia. Si la causalidad no fuese una relación objetiva no nos sería posible, por ejemplo, hacer las predicciones de la ciencia, y nosotros podemos predecir eclipses a priori, calcular órbitas, masas y fuerzas a priori, podemos construir puentes y edificios, calculando la resistencia de las estructuras a priori, etc. Lo que demuestra que no es posible que la relación causal sea una mera creencia, pues en tal caso la Física no sería posible como ciencia. Ahora bien, la Física newtoniana (que unifica la mecánica terrestre y la mecánica celeste bajo una única ley de la gravitación universal) es una ciencia de hecho y ello demuestra que la causalidad tiene que ser una relación objetiva, no una mera creencia subjetiva. Hume tiene, sin embargo, razón al observar que la causalidad no es posible observada en la experiencia, pero ello se debe a que es en realidad anterior a ella: es uno de nuestros modos de pensar la experiencia: es una categoría.
La unidad.- Otro tanto sucede por ejemplo con la unidad. Si atendemos a la experiencia, observaremos que nosotros denominamos unidades a cosas que en absoluto lo son, sino que están compuestas de multiplicidades. Por ejemplo: un poema, un rebaño, una moneda. En todos y cada uno de estos objetos podemos observar y distinguir diversas partes y, por tanto, nos encontramos con que la unidad no es nada que se pueda observar directamente en la experiencia, pues en ningún caso encontramos una perfecta unidad que no sea susceptible de distinción de partes. A pesar de que la unidad no está tomada de la experiencia, nosotros pensamos sin embargo la experiencia gracias a ella.
Las categorías.- Pues bien, Kant sugiere que la unidad y la causalidad y otros conceptos de este tipo, que no están sacados de la experiencia y sin los cuales no es posible sin embargo pensar la experiencia, son en realidad nuestro modo universal y necesario de pensar la experiencia y los denomina conceptos puros a priori del entendimiento o categorías. Las categorías son por así, decir, los conceptos mediante los que nosotros pensamos los conceptos de la experiencia. El concepto de "bolígrafo" es un concepto de experiencia, pero el concepto de «unidad» no está sacado de la experiencia y, sin embargo, es anterior a ella, mediante él puedo pensar los otros conceptos, en él no me es dado absolutamente ningún contenido empírico, no me es dada ninguna intuición de la unidad, pero sin él no podría pensar ningún otro concepto. Por tanto las categorías son nuestro modo de pensar la experiencia.
Deducción de las categorías.- Kant deduce las categorías a partir de la tabla de los juicios elaborada por la vieja lógica aristotélica. Según esto habrá tantos modos de elaborar conceptos como modelos posibles de juicios. Pues bien, tradicionalmente los juicios se clasifican según la cantidad, según la cualidad, según la relación y según la modalidad. Y a partir de esta clasificación deducirá Kant el número exacto de categorías; que son las siguientes:
Según la cantidad: unidad, pluralidad, totalidad; según la cualidad: realidad, negación, limitación; según la relación: inherencia y subsistencia (substancia y accidente), causalidad y dependencia (causa y efecto), y comunidad o acción recíproca entre el agente y el paciente; por último, según la modalidad, las categorías se dividen en: posibilidad, existencia y necesidad, y sus contrarios: imposibilidad, no existencia y contingencia. De modo tal que el número de categorías así deducidas de la tabla de los juicios viene a ser exactamente doce.
Ahora bien, Kant pretende que las categorías -estos conceptos a priori mediante los que pensamos los conceptos- son universales y necesarias y comunes a todos los hombres. ¿Pero cómo sabe Kant que su concepto de la causalidad o su concepto de la unidad y otros semejantes son iguales para mí? Pues lo sabe porque la física es posible como ciencia. Lo que demuestra que si las predicciones y demostraciones de la física son igualmente válidas para todo el mundo, es porque se fundan en las categorías que son igualmente objetivas, a pesar de estar puestas subjetivamente por nosotros. Pues aquí tampoco se trata de las condiciones psicológicas del pensar (de que uno sea más listo y otro más tonto) sino de las condiciones absolutamente universales y necesarias del pensamiento, es decir de las condiciones trascendentales del pensar. Y por tanto, a pesar de que las categorías son subjetivas (es decir, son puestas por nosotros), son sin embargo objetivas en cuanto son universalmente puestas por el modo humano del pensar. Y de este modo queda resuelto el segundo problema que nos planteábamos en la Crítica de la razón pura: ¿Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en física? Pues son posibles porque se fundan en las formas puras a priori del entendimiento o categorías.
Hay aquí una vez más una especie de círculo vicioso. Pues en efecto, para saber cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en la Física recurrimos a las categorías; pero para demostrar que las categorías son conceptos puros a priori del entendimiento recurrimos a la Física. Pero también aquí podemos apelar mostrando que la Física en realidad no necesita de nuestra demostración, pues es ya una ciencia de hecho, que lo único que nosotros hacemos es explicar cómo es posible como ciencia a priori, pero que la Física es posible como ciencia es ya un hecho. Además gracias a este hecho podemos demostrar la objetividad de las categorías y, por tanto, no incurrimos en ningún círculo vicioso.

Fenómeno y Noúmeno.- A resolver la tercera y última cuestión central de la Crítica de la razón pura, ¿cómo es posible una Metafísica como ciencia?, dedica Kant una lógica especial a la que denomina «Dialéctica trascendental». Si la lógica clásica se ocupa del estudio del modo en que pensamos y razonamos correctamente, la lógica dialéctica es una especie de lógica de la apariencia. Aquí Kant se sirve del concepto clásico de «dialéctica», como arte sofística o arte de la discusión, que sirve para vencer y convencer al contrario, enfrentándole diversos argumentos, pero no para conocer la verdad. ¿Pero por qué estudia Kant las condiciones de posibilidad de la Metafísica como ciencia en el contexto de una lógica de la ilusión o de una lógica de la apariencia? Pues porque está convencido de que todo cqnocimiento que --como ,la Metafísica clásica- pretenda por medio de conceptos puros ir más allá de la experiencia, incurre en contradicciones y no produce sino sofistería e ilusión. Es decir, produce un conocimiento aparente, pero no un verdadero conocimiento. Y esta es en cierto modo la clave de toda la Crítica de la razón pura, al establecer claramente cuál es el alcance y los límites del conocimiento. Kant muestra que conocimiento solamente lo hay cuando se da el enlace o la síntesis de conceptos e intuiciones. Los conceptos sin intuición son vacíos, las intuiciones sin concepto son ciegas. Sólo mediante el enlace de ambos se produce el verdadero conocimiento. Por desgracia nuestro conocimiento es sólo conocimiento de fenómenos -es decir, de aquello que se nos manifiesta a los sentidos- nunca de cosas en sí mismas. Lo que sean las cosas en sí mismas, yo no lo puedo conocer. Aunque es cierto que, aunque no lo pueda conocer, lo puedo sin embargo pensar. Por eso Kant llama noúmenos (objetos de pensamiento) a las cosas en sí mismas, en contraposición a los fenómenos, o lo que de ellas se nos manifiesta a los sentidos.
Razón y Metafísica.- Con ello se trazan claramente los límites del conocimiento dentro de los límites de la experiencia posible, pues fuera de la experiencia no hay intuiciones de ningún tipo. Por ello mismo, ya claramente se ve cuáles son las expectativas de una Metafísica que pretenda ser un conocimiento más allá de los límites de la experiencia por medio de conceptos puros: mera sofistería e ilusión. La razón, cuando rebasa los límites de la experiencia, incurre en contradicciones, a las que Kant denomina antinomias y paralogismos. La metafísica por tanto no es posible como ciencia, si pretende un conocimiento de objetos por medio de conceptos puros, pues el único conocimiento que hay es el empírico y, en realidad, esos tales conceptos puros --como la unidad y la causalidad que se pretenden extender más allá de los límites de la experiencia, no son más que nuestro modo de pensar la experiencia, y no sirven sino sobre ella. En sí y por sí no producen conocimiento alguno. Los errores de la Metafísica proceden de que trata de servirse de las categorías que sólo funcionan en el ámbito de lo fenoménico, aplicándolas a los noúmenos, y por ello produce la ilusión de un conocimiento que no es, sin embargo, real.
Ideas de la razón.- A pesar de ello, la Dialéctica trascendental demuestra que, aunque la Metafísica no sea posible como ciencia, por cuanto rebasa los límites de la experiencia, su fundamento y la necesidad de rebasar estos límites es una exigencia de la propia razón. En efecto, las ideas de la Metafísica (Dios, el mundo, la existencia del alma) no son meros caprichos de mentes calenturientas, sino que surgen de la propia exigencia de la razón de buscar la condición de todo lo condicionado. Es decir, de la exigencia de la razón de encontrar un principio explicativo superior que dé cuenta de todos los fenómenos de la experiencia. Por ello, las ideas de Dios, el alma y el mundo, no sólo no son contrarias a la razón sino que constituyen incluso ideales del conocimiento: aquello que el conocimiento ambicionaría conocer como explicación última, como síntesis suprema de todo lo conocido. Por eso, Dios, alma y mundo, se denominan propiamente ideas y no conceptos, pues en ellas no hay conocimiento alguno, sino que son solamente el ideal al que tiende la razón. La única posibilidad que le queda a una Metafísica que quiera presentarse como ciencia, sería la de presentamos el inventario de los conceptos puros a priori del entendimiento. Es decir, la única posibilidad que le queda a la Metafísica, si quiere alcanzar el camino seguro de las ciencias, es la de presentarse como Crítica de la razón pura. De este modo, la tarea de Kant en este libro no sólo sería la de fundamentar el conocimiento de la ciencia y explicar cómo es posible el conocimiento en general, sino además la de desarrollar la Metafísica como ciencia, en forma de Crítica de la razón pura.
Por tanto, lo que la Crítica de la razón pura demuestra es que más allá de los límites de la experiencia no hay conocimiento posible y que, cuando la razón rebasa estos límites, incurre en contradicciones. A pesar de ello y sin embargo, los principales conceptos de la Metafísica (como Dios, alma y mundo) aún cuando rebasan los límites de la experiencia posible, no son en absoluto contrarios a la razón sino que constituyen el ideal que la razón ambiciona conocer e incluso el objetivo ideal al que la propia forma sintética del conocimiento tiende.

El empirismo

El empirismo

V.EL EMPIRISMO.-

En l620 se publicó en Inglaterra un libro muy importante llamado Novum Organon. Su autor fue Sir Francis Bacon. En ese libro se nos decía que teníamos que aprovechar todas las posibilidades que nos brinda la naturaleza para mejorar la vida humana. Pero está claro que la naturaleza, por sí misma, nos ofrece pocas facilidades. La naturaleza parece ser, más bien, algo esquiva. Por eso se hace necesario transformarla para poder ponerla a nuestro servicio.

Pero parece sensato decir que debemos saber cómo son las cosas antes de meternos a modificarlas. Si no lo hacemos así corremos el riesgo de cometer graves errores y sólo conseguiríamos que todas esas modificaciones se volvieran contra nosotros. Por tanto, debemos recurrir a la ciencia antes de ponernos manos a la obra. Sin embargo, la ciencia de aquella época, que seguía los cánones aristotélicos, no era un instrumento adecuado para conocer la realidad. Se nos impone, por tanto, la conclusión de que es necesario desarrollar una ciencia distinta, que nos permita conocer con detalle los procesos naturales reales y saber qué debemos hacer para modificarlos.

El objetivo de Bacon en el Novum Organon es presentarnos un nuevo método para construir la ciencia. El camino emprendido por él consistía en buscar en la experiencia los fundamentos de la ciencia. Esto es, para llegar a conocer la naturaleza es indispensable experimentar. Había llegado a esta conclusión escarmentado por el desarrollo de la 'ciencia medieval' que se apoyaba exclusivamente en la razón y que a efectos prácticos había sido completamente inútil. Con esta posición radical, Bacon nos muestra una nueva corriente filosófica con poderosa influencia en todo el pensamiento posterior: la filosofía empirista.

La filosofía empirista es "la otra" gran corriente de la filosofía moderna. Y después de ver el racionalismo, ejemplificado en Descartes, para que nuestro conocimiento de la filosofía moderna no se quede cojo, se hace necesario ofrecer algunas de las ideas más importantes de dos grandes filósofos empiristas. John Locke y David Hume. Vamos a presentar un pequeño panorama que tocará tres temas importantes: la teoría del conocimiento, la metafísica y la ética. En estos tres campos los empiristas tienen una personalidad propia muy fuerte.

V.l. ALGUNOS FILOSOFOS EMPIRISTAS.

J. Locke había nacido a mediados del siglo XVII (1632) en Bristol. Pertenecía a una familia de inclinaciones liberales, y a esa corriente política se apuntó, teniendo una destacada actividad en la vida pública; tanta actividad que, por desavenencias políticas con su soberano, estuvo desterrado bastante tiempo viviendo en Francia, Holanda y Alemania, no regresando a Inglaterra hasta el año 1688. Allí desarrolló las ideas que habían gestado algunos de sus predecesores, principalmente F.Bacon, poniéndolas en contacto con algunas de las ideas defendidas por Descartes. Escribió sus principales obras después de su regreso a Inglaterra. Entre todas sus obras hay que destacar el Ensayo sobre el Entendimiento Humano donde se propuso presentar las posibilidades, alcance y límites del conocimiento humano con un ojo puesto en una de las principales ideas de Bacon: el dominio de la naturaleza. Otra obra es Dos tratados sobre el gobierno civil, donde expone sus teorías sobre política, y especial mención merece un opúsculo llamado Cartas sobre la Tolerancia, cuestión de la que tan necesitados nos encontramos todos en estos momentos. Murió a los 73 años en 1705.

D. Hume tuvo también una vida activa. Había nacido en Edimburgo (Escocia), entrado ya el siglo XVIII (1711). Su padre, escocés a fin de cuentas, quiso que se dedicara al comercio familiar, pero su afición a la filosofía le hizo abandonar ese proyecto, yéndose a vivir a Francia. Allí escribió una obra, Tratado de la Naturaleza Humana, de la que pensó que sería un revulsivo de la filosofía de su tiempo. En contra de lo que esperaba no le hicieron ni caso. Escribió entonces el Compendio de un Tratado de la Naturaleza Humana, una especie de resumen para hacerle un poco de propaganda, publicado de forma anónima, que tampoco sirvió de gran cosa. Tampoco se descorazonó por eso, y publicó otras dos obras Investigación sobre el Entendimiento Humano, y la Investigación sobre los principios de la Moral, que exponían bastantes de las ideas de aquella primera obra. Gracias a estos dos libros y a algunos artículos de carácter crítico sobre la metafísica y la religión tradicionales llegó a alcanzar bastante notoriedad, pero la fama no le vino muy bien. Te lo explico: había quedado vacante la cátedra de Metafísica y Neumática de la Universidad de Edimburgo, y él se creyó suficientemente preparado para ocuparla. Sin embargo, los rectores de la universidad, muy conservadores, consideraron peligroso para los alumnos que un "ilustrado" fuera profesor universitario, y le fue negada la plaza. Se dedicó a partir de entonces a la lectura y a publicar otras obras originales sobre filosofía e historia, hasta que le sobrevino la muerte el año 1776. Una obra publicada póstumamente fue Diálogos sobre la Religión Natural, de enorme influencia en la posteridad.

* * V.2. ORIGEN Y CONSTITUCION DE LA EXPERIENCIA.

Lo que caracteriza a la filosofía empirista es una tesis abiertamente opuesta a las ideas de los racionalistas Los empiristas decían que todo nuestro conocimiento se reduce a la experiencia. O sea, podemos conocer solamente aquello que podemos experimentar.1 Y ¿qué es la experiencia propiamente dicha?

Este es un tema importante. De un modo algo vago nos vienen a decir que la experiencia es lo que se vive. Las distintas experiencias que vivo y las vivencias que poseo son quienes me proporcionan las ideas, y son esas ideas lo único que yo conozco. Mi conocimiento es un conocimiento de ideas que proceden de la experiencia. O sea, que cuando yo conozco algo, lo que conozco son ideas; y esas ideas, en principio, sólo me las da la experiencia.

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(1) No me gustaría que sacaras una impresión equivocada de esta expresión. Para evitar malentendidos te aclaro que algunos empiristas llegaron a afirmar que conocemos "cosas" que no son directamente experimentables (por ejemplo: la mente, la sustancia o Dios). Pero siempre y cuando las bases de todo ese conocimiento se encuentren directa o indirectamente enraizadas en la experiencia. También hablan del conocimiento de relaciones entre ideas. Como es el caso de las matemáticas, que hablan de números. Pero, aun cuando los números no sean cosas que podamos encontrar directamente en la experiencia, la validez de su conocimiento se debe a que los números se obtienen por generalización y abstracción a partir de la experiencia y, tenemos que añadir, las afirmaciones de las matemáticas no son nada que se refieran a las cosas

Te voy a exponer estas tesis de un modo más pormenorizado. Locke piensa que las ideas, objeto de nuestro conocimiento, proceden todas de la experiencia. Esa experiencia es de dos tipos. Por una parte tenemos la experiencia externa (la sensación), y por otra, la experiencia interna (la reflexión). Las dos son fuente legítima de ideas. Con toda claridad lo dice Locke

¿De dónde se hace la mente con es prodigiosa cantidad (de ideas) que la imaginación limitada y activa del hombre ha grabado en ella, con una variedad casi infinita? ¿De donde extrae todo ese material de la razón y del conocimiento? A estas preguntas contesto con una sala palabra: de la experiencia; he aquí el fundamento de todo nuestro saber, y de donde en última instancia se deriva: 'las observaciones que hacemos sobre los objetos sensibles externos, o sobre las operaciones internas de nuestra mente las cuales percibimos y sobre las que reflexionamos nosotros mismos, son lo que proveen a nuestro entendimiento de todos los materiales del pensar". Estas son las dos fuentes de conocimiento de donde parten todas las ideas que tenemos o que podamos tener de manera natural.
J. Locke, Ensayo sobre el Entendimiento Humano, Cap.I,2

En este texto se nos quiere decir lo siguiente: La sensación, los sentidos, nos proporcionan las ideas de lo que llamamos "cualidades sensibles" (como los colores, el calor, lo blando, lo amargo, etc.) Por su parte, la reflexión nos proporciona, en principio, las ideas de nuestras propias "operaciones" mentales, de actividades como pensar, creer, dudar, conocer, querer, etc..

Ahora bien, las ideas que tenemos en nuestra mente pueden ser de dos clases: simples y complejas. Son ideas simples, por decirlo de un modo fácil, las que nos proporciona cada sentido aisladamente, y nos las proporciona aisladamente porque son captadas por los sentidos individualmente. Por ejemplo, las sensaciones de calor o de suavidad nos transmiten las ideas simples de calor o suavidad. Estas ideas simples, sin embargo, no son lo único que tenemos en la mente. La mente humana tiene la capacidad de mezclar estas ideas simples gracias a la reflexión, y esa actividad nos permite obtener ideas que no obtenemos inmediatamente de la experiencia y que, de alguna forma, son producto de nuestra mente. Por ejemplo, la idea que yo puedo tener de una naranja se debe a la capacidad de nuestra mente para unir varias ideas simples y formar la idea compleja de naranja. También puedo formar otras ideas complejas que no tienen correlato en la experiencia. Claros ejemplos de tales ideas complejas son la de sirena o centauro. Sin embargo, no debemos dar una excesiva importancia a esa creatividad. Esa creatividad no es ilimitada: tenemos que dejar bien claro que todos los elementos (ideas simples) que componen esas ideas complejas nos tienen que venir dados por la experiencia.

Las posiciones de Hume en este campo son más sencillas y radicales. Todas nuestras relaciones con la realidad nos vienen dadas a través de lo que él llama percepciones. Lee la definición que nos da Hume:

Llamo percepción a cualquier cosa que pueda presentarse a la mente, sea que empleemos nuestros sentidos, o que nos impulse la pasión, o que ejercitemos nuestro pensamiento y reflexión.
D. Hume, Compendio de un Tratado de la Naturaleza Humana

Es decir, todo lo que tengo en mi mente son percepciones. Ahora bien, no todas las percepciones son del mismo tipo. Hume distingue dos tipos de percepciones: impresiones e ideas. Las impresiones son lo que llega a nuestra mente en el momento en que estamos experimentando algo. Por ejemplo, cuando veo un incendio, tengo la impresión del incendio; cuando siento un dolor de estómago, tenga la impresión del dolor de estómago. Las ideas, por su parte, no son más que las huellas, los recuerdos que dejan en nosotros las impresiones. Cuando recuerdo el incendio, algún tiempo después de producirse, tengo la idea del incendio. Después de tomarme una medicina, cuando ya no me duele estómago tengo la idea del dolor de estómago. Lo que distingue a unas de otras es lo siguiente: las impresiones son más vivas, más coloristas, presentan más detalles; las ideas son más pálidas, más borrosas. Como complemento de cuanto digo, lee las siguientes palabras de Hume

La primera proposición que anticipa, es que todas nuestras ideas, o percepciones débiles, son derivadas de nuestras impresiones, o percepciones fuertes, y que nunca podemos pensar en cosa alguna que no hayamos visto fuera de nosotros, o sentido en nuestras propias mentes.

D. Hume, Compendio de un Tratado de la Naturaleza Humana

Estas posiciones de los empiristas van a ser determinantes en el desarrollo de toda su filosofía.

* * V.3 CRITICA AL INNATISMO Y AL CONCEPTO DE CAUSA.

Hasta el siglo XVIII se había admitido la idea de causa como algo plenamente claro e intuitivo. Por su parte, algunas tradiciones filosóficas (entre las que se encuentran los racionalistas modernos) aceptaban como algo totalmente necesario la existencia de ideas innatas. Sin embargo, tanto la idea de causa como las ideas innatas van a ser dos frentes de ataque constante para los filósofos empiristas. La revisión crítica de cada uno de estos conceptos va a influir profundamente en la filosofía posterior. Todos los empiristas se van a mostrar en desacuerdo con los filósofos que afirman la existencia de las ideas innatas. La crítica al concepto de causa, aguda donde las haya, será responsabilidad exclusiva de D. Hume.

V.3.l CRíTICA AL INNATISMO.

Después de lo que hemos leído en el apartado V.2. sobre el origen de las ideas, está claro que ninguno de los empiristas puede aceptar la existencia de las ideas innatas. Sin embargo, lo que no podemos ocultar es que, frente a los empiristas, estaban los racionalistas que afirmaban sin rodeos la existencia de las ideas innatas. En esta situación, no es de extrañar que surgiera la polémica. Los racionalistas defendían la existencia de las ideas innatas arguyendo que, en caso contrario, no podíamos tener conocimientos universales y absolutamente validos.

Ante estas afirmaciones de los racionalistas, ¿qué argumentos pueden presentar los empiristas?.

V.3.1.1. LA CRITICA DE LOCKE.-

Locke presenta dos argumentos. El primero de ellos dice que los niños y los débiles mentales carecen de ideas como las del principio de Identidad o del principio de No contradicción, y eso contradice claramente a existencia de las ideas innatas. Mira cómo lo dice:

... todos las niños no tienen la mas mínima aprehensión o pensamiento de aquellas proposiciones, y tal carencia basta para destruir aquel asenso universal, que por fuerza tiene que ser el concomitante necesario de toda verdad innata. (...). Si, por supuesto, los niños y los idiotas tienen alma, quiere decir que tienen mentes con dichas impresiones, y será inevitable que las perciban y que necesariamente conozcan y asientan a tales verdades; pero como esto no sucede, es evidente que no existen tales nociones

J.Locke, Ensayo sobre el Entendimiento Humano. Intr.5

El otro argumento no deja de ser curioso. Resulta por lo menos extraño, nos dice Locke, que yo tenga algo en mi mente sin saber que lo tengo, sin darme cuenta de que lo poseo. Entonces, se pregunta, si las ideas innatas están impresas en mi mente, ¿como es posible que yo no las haya detectado jamás? Si yo fuera como Locke te diría lo siguiente: Piensa en tu caso: ¿habías sabido algo sobre el principio de identidad o el principio de no contradicción antes de que te lo nombraran en clase de filosofía? Y después de haberlos aprendido (si es que los has aprendido, cosa que me permito dudar) ¿has llegado a conocerlos porque has mirado en tu interior, o porque lo has oído a través de tus oídos? Quizá las palabras de Locke te resulten más claras:

Además, me parece caso contradictorio decir que hay verdades impresas en el alma que ella no percibe y no entiende, ya que estar impresas significa que, precisamente, determinadas verdades son percibidas, porque imprimir algo en la mente sin que se le perciba me parece poco inteligible. (...) Porque, si no son nociones naturalmente impresas, entonces ¿cómo pueden ser innatas? Y si efectivamente son nociones impresas, ¿cómo pueden ser desconocidas? Decir que una noción está impresa en la mente, y afirmar al tiempo que la mente la ignora y que incluso no la advierte, es igual que reducir a la nada esa impresión.

J.Locke, Ibidem

V.3.l.2. LA CRITICA DE HUME.

Lo que hace Hume en este caso es algo muchísimo más simple. Se admira del enorme esfuerzo que tuvo que desplegar Locke para demostrar que no tenemos ideas innatas, cuando pare él resulta una conclusión absolutamente inmediata de la misma definición de idea, Tú mismo puedes verlo con facilidad si recuerdas lo que dijimos en el anterior apartado Allí afirmábamos que sólo teníamos dos clases de percepciones: las impresiones y las ideas; además afirmábamos que las ideas no eran más que impresiones debilitadas. Entonces, ¿por qué detenernos tanto en demostrar que no tenemos ideas innatas? Decir que tenemos ideas innatas es algo parecido a decir que tenemos ideas (que derivan de impresiones) que no son ideas (porque no provendrían de las impresiones). Y eso, hablando en plata, no es más que una enorme contradicción.

V.3.2. LA CRITICA A LA IDEA DE CAUSA.

La idea de causa, y el principio de causalidad, son dos de las herramientas más poderosas de las que ha dispuesto la filosofía. Nos han permitido acceder a dos campos que, de otra manera, nos habrían resultado totalmente desconocidos: la metafísica y la ciencia. ¿Cómo podemos llegar a la ciencia y a la metafísica a través de la idea de causa? Muy fácil: la idea que tenemos tradicionalmente de causa es que hay un nexo que une la causa con el efecto, es decir, nuestra idea de causa dice que la causa produce al efecto, que la causa es la autora del efecto. De esta manera, se establece una conexión necesaria entre la causa y el efecto. Pero, claro: si entre los dos hay una conexión necesaria entonces ni el uno ni el otro pueden aparecer aisladamente; y esto quiere decir que siempre que se dé la causa, necesariamente se producirá el efecto; y, a la vez, que siempre que veamos el efecto, es necesario que previamente se haya producido la causa. Y todo esto será verdad aunque sólo veamos la causa, o sólo veamos el efecto. Es decir, con este esquema podemos inferir los efectos a partir de las causas, y podemos inferir las causas a partir de los efectos.

Entonces, en el caso de la metafísica, si observamos los efectos, por ejemplo la existencia de movimiento o del mundo (que son efectos), podremos inferir que existe la causa de los mismos, que Aristóteles decía que era el Motor Inmóvil y Sto.Tomás identificaba con Dios. Pero afirmar que existen Dios o el Motor Inmóvil es entrar en el ámbito de la metafísica. Este paso podemos darlo solamente gracias a la idea de causa.

La ciencia, por su parte, sería imposible si elimináramos la idea de causa. Concebimos a la ciencia como un instrumento de explicación y predicción. La explicación no es otra cosa que mostrar por qué ha sucedido alguna cosa; por ejemplo, mostrar por qué se produce el SIDA. Pero preguntar por qué se produce el SIDA es preguntar cuál es la causa del SIDA. El SIDA es el efecto, y estaríamos preguntando por la causa. La predicción, por su parte, es algo así como el proceso inverso. Hago una predicción cuando anticipo qué es lo que sucederá cuando se den unas determinadas circunstancias; por ejemplo, ¿qué pasa cuando exprimo un limón sobre una piedra de mármol? (por si acaso, te recomiendo que no lo hagas) . Este proceso, como ves, consiste en decir cuáles serán los efectos de una determinada causa (en este caso, echar el zumo de limón sobre el mármol). Ahora bien, ¿te das cuenta de que las explicaciones y las predicciones sólo serán válidas si los procesos que explicamos y predecimos tienen que producirse necesariamente? Pues bien, esos procesos se producen necesariamente si entre la causa y el efecto hay una conexión necesaria. Y nosotros, a lo largo de nuestra historia, nos hemos dedicado con toda nuestra ilusión a explicar y predecir porque desde siempre hemos estado persuadidos de que las causas funcionan como te he descrito más arriba. Ahora bien ¿hemos estado haciendo algo correcto?

Hume piensa que no. Hume está convencido de que los filósofos tradicionales han estado haciendo algo ilegitimo. Porque Hume piensa que por mucho que analicemos las características que encontramos en la idea que tenemos de causa, entre ellas no está la característica de conexión necesaria. Veamos cómo procede.

La idea que tenemos de causa es, según Hume, algo confusa. Si hay discusiones se debe a que no tenemos muy claro qué queremos decir con la palabra "causa". Por tanto, antes de embarcarnos en la aventura de determinar qué podemos hacer gracias a la idea de causa, debemos determinar con total claridad cuál es el contenido de la idea de causa. Hume, entre otros descubrimientos, se había inventado un sistema que nos permite clarificar el contenido de las ideas: Ya sabemos que toda idea es la huella de una impresión; como es una huella, su contenido está algo confuso y desdibujado. Por tanto, para aclarar lo que debemos entender por una idea, tendremos que recurrir a alguna impresión de la que se pueda derivar la idea. Es decir, para este caso concreto de causa, tendremos que buscar alguna situación concreta en la que podamos vivir una impresión desde la que podamos obtener la idea de causa. El análisis de Hume se ha hecho famoso en la historia: él utiliza el movimiento de dos bolas sobre una mesa de billar:

He aquí una bola de billar quieta sobre la mesa, y otra bola que se mueve hacia ella con rapidez. Las dos chocan; y la bola que anteriormente estaba en reposo adquiere ahora un movimiento. Esta es una tan perfecta instancia de la relación de causa y efecto como cualquier otra que conozcamos, sea por sensación o por reflexión.
Examinémosla por tanto. Es evidente que las dos bolas entraron en contacto antes de que fuese comunicado el movimiento, y que no hubo intervalo alguno entre el choque y el movimiento. La contigüidad en tiempo y lugar es, por tanto, una circunstancia requerida para la operación de todas las causas. Es evidente similarmente que el movimiento que fue la causa es anterior al movimiento que fue el efecto. La prioridad en tiempo es, por lo tanto, otra circunstancia requerida en toda causa. Pero esto no es todo, probemos con otras bolas del mismo género en una situación similar, y siempre hallaremos que el impulso de la una produce movimiento en la otra. Hay aquí, por lo tanto, una tercera circunstancia, a saber, la de una conjunción constante entre la causa y el efecto. Todo objeto similar a la causa, produce siempre algún objeto similar al efecto. Más allá de estas tres circunstancias de contigüidad, prioridad, y conjunción constante, nada puedo descubrir en esta causa.

D. Hume, Compendio de un Tratado...

Es decir, en este análisis de la Idea de causa no podemos encontrar la nota más característica de la idea de causa: la característica de conexión necesaria entre la causa y el efecto. Pero, si no hay conexión necesaria, entonces no tengo ningún derecho a considerar absolutamente verdaderas ni las predicciones, ni as explicaciones. Tampoco puedo afirmar la existencia de las causas que no pueda llegar a conocer mediante los sentidos, fuera del mundo de la experiencia. Pero según estas dos últimas afirmaciones, no son posibles ni la ciencia ni la metafísica: pero esto equivale a decir que no podemos conocer nada. Estas conclusiones hicieron que Hume desembocara irremediablemente en el escepticismo.

* *V.4. EL EMOTIVISMO MORAL.

En este apartado Le voy a hablar de la ética de Hume. Como te dije en su momento, en el caso de la teoría del conocimiento y de la metafísica, Hume había sido original y tremendamente crítico, un auténtico "niño terrible" para toda la tradición filosófica. Supongo que lo recuerdas porque acabas de leerlo. Y mira por dónde, en el caso de la ética no se queda atrás. También en este campo dará un quiebro importante, rompiendo abruptamente con la tradición filosófica.

Para que veas dónde está la revolución de Hume, tendrás que recordar cuál es la principal característica de las éticas estudiadas hasta el momento. Como no se si eso te ha quedado claro o como tal vez se te haya olvidado, yo me encargo de aclarártelo y de recordártelo, esa característica es la racionalidad. El modelo más exagerado de estas éticas puede ser el intectualismo ético. Recuerda que Sócrates nos venía a decir que la razón dominaba por completo el comportamiento humano, que la razón es la guía del comportamiento humano; aún más, defendía que cuando los hombres se comportaban de una forma inmoral eso no se debía a que los hombres fueran malos, sino a que eran ignorantes. Platón adoptaba una perspectiva similar al hablar del dominio que debía ejercer el alma inteligible sobre el resto de las almas. Y en el caso de Aristóteles también estaba muy claro cuando decía que la virtud, el término medio, debía ser definida por la razón. En general, hay un dominio de la racionalidad sobre cualquier otra instancia de los seres humanos Esto quiere decir que son los juicios morales emitidos por la razón los que determinan el comportamiento de los seres humanos.

Hume dirá que todo esto es un espejismo. ¿Por qué? Porque los juicios morales no tienen nada que ver con la razón, con el entendimiento. ¿Podemos comprobarlo de alguna manera? Vamos a verlo de una manera sencilla porque quiero que nos entendamos. Lo que hacen los juicios morales no es más que recomendar unas acciones, a las que se denominan virtudes, y desaconsejar otras acciones a las que llamamos vicios. Así, por ejemplo, decimos que "Ser generoso es bueno" (porque es una "virtud"), o "Asesinar es malo" (porque es un "vicio"). ¿Expresamos mediante estos juicios morales un "conocimiento racional"? Vamos a verlo: El conocimiento trata o bien relaciones de ideas, o bien cuestiones de hechos. En las relaciones de ideas, como es el caso de las matemáticas, no parece que encontremos juicios morales. Y si nos referimos a cuestiones de hechos, a las cosas que pasan, parece que está claro que en el análisis de esos hechos no encontramos huellas de lo que llamamos virtud o vicio. ¿Acaso se puede hablar de una "integral virtuosa" o de una "suma viciosilla"? ¿Es virtuosa la estricnina y viciosa la penicilina? Parece ser que no. Por tanto, el conocimiento no tiene nada que ver con los juicios morales, y por eso mismo, ni el conocimiento ni la razón tienen nada que ver con el comportamiento humano. Hay un texto de Hume que resulta muy revelador:

Toma una acción cualquiera considerada como viciosa. Un asesinato voluntario, por ejemplo. Examínalo desde todos los puntos de vista y mira a ver si puedes encontrar un hecho una existencia real que corresponda a lo que denominas vicio. En cualquier modo que lo tornes encontrarás solamente ciertas pasiones, motivos, voliciones y pensamientos: no hay ningún hecho más en este caso. Mientras dirijas tu atención al objeto, el vicio no aparecerá por ninguna parte. No lo encontrarás nunca hasta que dirijas tu reflexión hacia tu propio corazón y encuentres un sentimiento de reprobación, que brota en ti mismo, respecto de tal acción. He aquí un hecho, pero un hecho que es objeto del sentimiento, no de la razón. Está en ti mismo, no en el objeto.

D.Hume, Tratado de la Naturaleza Humana, III, 1,1.

Es decir, al analizar una acción cualquiera no encontramos un conocimiento racional que nos describa que lo que se ha hecho es una virtud o un vicio. Este mismo razonamiento te lo podría decir de la siguiente manera: Un juicio moral es una afirmación como "Esto es bueno" o "Esto es malo" ¿Qué queremos decir con esto? ¿Acaso que hay algo, "lo bueno", a lo que se parece el hecho que estamos juzgando? ¿Es un juicio parecido a "Esto es un gato" o "Esto es un perro"? Ciertamente no. Aunque exteriormente, sintácticamente, los juicios son iguales, no queremos decir exactamente lo mismo. Cuando yo digo que "Es bueno ser generoso" no estoy diciendo que "lo generoso" se parezca a "lo bueno"; lo que estoy haciendo es recomendarte que seas generoso; te estoy comunicando que yo apruebo la generosidad, que quiero ser generoso, y que me gustaría que tú también lo fueras. ¿Podría yo demostrarte racionalmente, recurriendo a los hechos, que es preferible ser generoso a ser tacaño? Sólo podría intentarlo mediante un razonamiento raro y abstruso, pero los resultados no serían demasiado positivos. Hume dice lo siguiente:

A todo razonamiento abstruso le acompaña un inconveniente: puede, en efecto, hacer callar al adversario, pero no convencerle; y además, para que lleguemos a ser conscientes de su fuerza probatoria, necesita el mismo estudio intenso que el que al principio hizo falta para su invención. Cuando dejamos nuestro cuarto de trabajo y nos ocupamos en los quehaceres normales de la vida, sus conclusiones parecen desvanecerse como fantasmas nocturnos ante la aparición de la mañana: nos resulta difícil retener incluso esa convicción que con tanta dificultad habíamos alcanzado.

D.Hume, Tratado de la Naturaleza Humana, Lib.III, Par.I Sec.I.

Y si no es la razón la que dirige nuestro comportamiento, ¿quien lo dirige? La respuesta la tienes en el primer texto: nos dejamos llevar por las emociones y por las pasiones. Es decir, actuamos dejándonos llevar por lo que sentimos ante determinadas acciones: la clave de todo está en sentimientos irracionales. Me sentiré inclinado a realizar aquellas acciones que me emocionen positivamente, y me alejaré de las que me hagan experimentar sentimientos negativos. Por basarse en las emociones, la teoría de Hume se llama emotivismo. El emotivismo es aquella teoría que dice que son las emociones quienes determinan el comportamiento humano. Por tanto, cuando yo quiera modificar el comportamiento de alguien me equivocaré si trato de convencerlo racionalmente. Deberé apelar a sus sentimientos, a sus emociones y así, tal vez pueda tener éxito en mi empeño.

SECCION DE TRABAJO PERSONAL.-

POR LO MENOS DEBES SABER:

- ¿Cuál es el origen del conocimiento, según los empiristas?
- ¿Cuántas clases de experiencia acepta Locke? ¿Cuáles son?
- ¿Cuántas clases de ideas distingue Locke?
- ¿Qué son las percepciones, para Hume? ¿Cuántas clases de percepciones hay? ¿Cómo se definen?
- ¿Qué argumentos da Locke para rechazar las ideas innatas?
- ¿Por qué no hay ideas innatas, según Hume?
- ¿Qué consecuencias se derivan de la idea tradicional de causa?
- ¿Cuáles son las características que tiene la idea de causa, según la filosofía tradicional?
- Si seguimos el análisis de Hume ¿cuáles son las únicas características que encontramos en la idea de causa?
- ¿Por qué se derivan consecuencias escépticas del análisis humeano de causa?
- ¿Cuál es la principal característica de las éticas tradicionales?
- ¿Qué son, según Hume, los juicios morales?
- ¿Qué es lo que dirige nuestro comportamiento, según el emotivismo?
- ¿Qué dicen los emotivistas sobre la modificación del comportamiento?

VOCABULARIO


- Experimentar
- Empirismo
- Ideas (en el sentido empirista)
- Experiencia interna (reflexión)
- Experiencia externa (sensación)
- Ideas simples
- Ideas complejas
- Percepción (en sentido de Hume)

- Impresión
- Idea (en sentido de Hume)
- Innatismo
- Conexión necesaria
- Explicar
- Predecir
- Emotivismo
- Emoción"

La cuarta pregunta: comparación con otro autor e importancia del pensamiento cartesiano

La cuarta pregunta: comparación con otro autor  e importancia del pensamiento cartesiano

Comparación entre Descartes y Hume

El cartesianismo de Hume

A pesar de que tendamos a simplificar el pensamiento de los autores que estudiamos, reduciéndolos a unos cuantos principios y acentuando las diferencias entre ellos, lo cierto es que Hume se sitúa en continuidad con el proyecto cartesiano en algunos elementos cruciales de su filosofía, aunque en otros se distancia considerablemente.
En primer lugar, al colocar el estudio de la naturaleza humana como elemento clave del saber, Hume asume el giro subjetivo que había introducido Descartes, y que estará presente de un modo u otro en toda la filosofía moderna. El filósofo francés dictaminó que toda la reflexión filosófica debía comenzar por un movimiento de introspección en el que se pusiera en claro aquello que el hombre encuentra en sí mismo y que, por lo tanto, le resulta absolutamente inmediato y evidente. De ahí que a la filosofía moderna se la haya caracterizado como una filosofía de la conciencia.
En el marco de este giro subjetivo, Hume admite el principio cartesiano de que" el conocimiento lo es en primer lugar de ideas". Aquí está contenido el germen idealista de Hume. Oponiéndose al realismo, sostiene que lo más inmediato e incuestionable que aparece en el análisis del conocimiento son los contenidos de la propia conciencia, es decir, las ideas. La tarea que se plantea entonces, tanto a Descartes como a Hume, es explicar la conexión entre las ideas y los objetos del mundo real. En esta explicación Hume se separa de Descartes.
En segundo lugar, Hume también "hereda" de Descartes un principio que le conduce hasta el atomismo de las impresiones. Descartes entiende que "lo que se puede concebir como independiente de otra cosa, puede existir independientemente". En el caso de Hume, no ya Descartes, "todas nuestras percepciones distintas son existencias distintas".
Este principio, junto con la tesis de Hume de que "la mente no percibe jamás conexión real alguna entre existencias distintas", tiene como resultado el atomismo de las impresiones: sólo hay impresiones (vivencias), que generan ideas, y cuyas conexiones internas no se pueden conocer. En el sujeto sólo existen tendencias naturales a asociarlas de determinada manera (leyes de asociación de ideas).

El empirismo de Hume

Hume interpreta a Descartes en términos empiristas cuando, siguiendo a Locke, establece que la única fuente para el conocimiento del mundo real es la experiencia. La razón es un mero órgano receptor y organizador de datos.
Así queda patente también a propósito de la naturaleza humana, cuando entiende que "la única fundamentación sólida que podemos dar a esa misma ciencia [del hombre] deberá estar en la experiencia y la observación..., no podemos ir más allá de la experiencia, ni establecer principio alguno que no esté basado en esa autoridad".
Pero el tipo de empirismo que desarrolla Hume es psicológico. Esto significa que lo que constituye el centro de sus reflexiones sobre el conocimiento no es la relación de las ideas entre sí (aspecto lógico), ni las conexiones de éstas con los objetos reales (aspecto epistemológico). Sus intereses van dirigidos más bien a determinar cómo es el proceso de génesis y tratamiento de una idea: qué facultades intervienen en la formación de ideas, qué camino sigue una idea hasta aparecer en la conciencia, qué interferencias se producen en el manejo de las ideas por la conciencia, de qué mecanismos dispone la mente para formar nuevas ideas, etc. Este es el aspecto psicológico del conocimiento.
Locke, siguiendo a Descartes, había entendido por idea todo contenido de la conciencia. Hume introduce una corrección que tiene resultados espectaculares. Distingue entre impresiones e ideas.
Establecida esta distinción, Hume da un paso decisivo al establecer como criterio de verdad la correspondencia entre ideas e impresiones. Una idea es válida (= verdadera), es decir, representa un objeto real, si y sólo si tiene una impresión correspondiente que el objeto ha proporcionado a la mente del sujeto. La impresión se constituye en criterio de realidad. Para Hume realidad es impresión. La mente tiene capacidad (e incluso a veces necesidad) de fantasear, es decir, de crear ideas nuevas no basadas en impresiones. Para ello dispone de diversos mecanismos.
Pero es preciso adoptar rigurosamente el criterio mencionado para poder distinguir entre ideas con pretensión de verdad, validez y realidad (ideas que corresponden a impresiones), e ideas sin dicha pretensión. Esta es la esencia de su empirismo.

Importancia de Descartes en la historia del pensamiento.

La filosofía racionalista inspirada en Descartes sirvió para superar una gran carga de prejuicios que servía de lastre al pensamiento. Cayó, sin embargo, en un optimismo exagerado y pretendió aplicar los moldes racionales a toda la realidad, a pesar de que muchos aspectos de la realidad no se acomodan a esos moldes. En el haber de Descartes se cuenta una nueva noción del sujeto de conocimiento. Los filósofos de la Antigüedad y el Medievo consideraron lo objetivo, lo real, el mundo externo, como lo_primariamente dado. De ahora en adelante será al revés, lo objetivo queda desplazado por el protagonismo del sujeto. Con ello, podríamos considerar a Descartes como el padre del psicologismo de los empiristas ingleses, de la inmanencia en el sujeto de los alemanes y la antropología filosófica moderna, sin olvidar en esta búsqueda del yo los importantes antecedentes renacentistas que se remontan al propio S. Agustín. De todos modos, para que de la res cogitans cartesiana se llegue al "haz de percepciones" de Hume, al "yo trascendental" de Kant, al "yo absoluto" de Fichte, habrá que hacer profundos cambios.
Hegel, en su Historia de la Filosofía, considera a Descartes como el origen de la filosofía moderna, cuyo mérito fue partir del pensamiento sin presupuestos. Aunque le critica que, a pesar de partir de la conciencia, no deduce los contenidos de conciencia a partir de la razón misma o pensamiento, sino que los acepta empíricamente: el "yo cartesiano" es un yo empírico. Descartes es sólo una etapa en el desarrollo del idealismo absoluto, pero una etapa imprescindible.
Husserl verá en las Meditaciones de Descartes un punto crucial en la historia del método filosófico, porque comprendió la importancia de un punto de partida centrado en el sujeto. La filosofía tiene que empezar por las meditaciones del yo, que reflexiona sobre sí mismo. Descartes comienza por "poner entre paréntesis la existencia del mundo material" y por tratar alas cosas como fenómenos de un yo consciente. Como en Husserl el yo va a ser consciencia pura, "subjetividad trascendental", la importancia de Descartes como precursor de la fenomenología moderna es grande.