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La tortuga de Zenón

La República. Platón

PLATÓN
República, Libro VI, 504 e - 511 e; Libro VII 514 a -517c (traducción de Eggers Lan).



[La obra más importante de Platón. En ella se nos presenta la teoría metafísica de las Ideas en algunos de sus principales aspectos y, por primera vez, estratificada mediante una jerarquización que coloca a la Idea de Bien en su cúspide. Allí el pensamiento ético de su juventud y madurez recibe fundamentación metafísica, a través de la misma idea de Bien. En esta obra se enuncia por primera vez en Grecia una teoría de la ciencia, se formulan planteamientos teológicos, encontramos una concepción antropológica, una teoría de la educación y una concepción de la sociedad.

Estructura

1ª sección. Libro I, discusión sobre la justicia.

2ª sección. Libros II al IV, donde se traza el proyecto político de Platón.

3ª sección. Libros V a VII, la más filosófica sobre la estructura de las Ideas y el conocimiento.

4ª sección. Libros VIII y IX, donde se exponen los diversos tipos de constituciones políticas y los tipos de hombres que le corresponderían.

5ª sección. Libro X, sobre la poesía. Se cierra con un mito acerca de las recompensas que recibe el justo.Leeremos para selectividad un fragmento del libro VI y otro del VII]



Libro VI

- Pero, ¿acaso -preguntó Adimanto- no son la justicia y lo demás que hemos descrito lo su­premo, sino que hay algo todavía mayor?

- Mayor, ciertamente respondí. Y de esas cosas mismas no debemos contemplar, como hasta ahora un bosquejo, sino no pararnos hasta tener un cuadro acabado. ¿No sería ridícu­lo acaso que pusiésemos todos nuestros esfuerzos en otras cosas de escaso valor, de modo de alcanzar en ellas la mayor precisión y pureza posibles, y que no consideráramos dignas de la máxima precisión justamente a las cosas supremas?

- Efectivamente; pero en cuanto a lo que llamas “el estudio supremo” y en cuanto a lo que trata, ¿te parece que podemos dejar pasar sin preguntarte qué es?

- Por cierto que no, pero también tú puedes preguntar. Por lo demás me has oído hablar de eso no pocas veces; y ahora, o bien no recuerdas, o bien te propones plan­tear cuestiones para perturbarme. Es esto más bien lo que creo, porque con frecuencia me has escuchado decir que la Idea del Bien es el objeto de estudio supremo, a partir de la cual las cosas jus­tas y todas las demás se vuelven útiles y valiosas. Y bien sabes que, si no lo conocemos, por más que conociéramos todas las demás cosas, sin aquello nada nos sería de valor, así como si poseemos algo sin el Bien. ¿O crees que da ventaja poseer cual­quier cosa si no es buena, y comprender todas las demás cosas sin el Bien y sin comprender nada bello y bue­no?

- ¡Por Zeus que me parece que no!

- En todo caso sabes que a la mayoría le parece que el Bien es el placer, mientras a los más exquisitos la inteligencia.

- Sin duda.

- Y, además, querido mío, los que piensan esto último no pueden mostrar qué clase de inte­ligencia, y se ven forzados a terminar por decir que es la inteligencia del bien.

- Cierto, y resulta ridículo.

- Claro, sobre todo si nos reprochan que no conocemos el bien y hablan como si a su vez lo supiesen; pues dicen que es la inteligencia del bien, como si comprendiéramos qué quieren decir cuando pronuncian la palabra `bien'.

- Es muy verdad.

- ¿Y los que definen el bien como el placer? ¿Acaso incurren menos en error que los otros? ¿No se ven forzados a reconocer que hay placeres malos?

- Es forzoso.

- Pero en ese caso, pienso, les sucede que deben reconocer que las mismas cosas son bue­nas y malas. ¿No es así?

- Sí.

- También es manifiesto que hay muchas y grandes disputas en torno a esto.

- Sin duda.



- Ahora bien, es patente que, respecto de las cosas justas y bellas, muchos se atienen a las apariencias y, aunque no sean justas ni bellas, actúan y las adquieren como si lo fueran; respecto de las cosas buenas, en cambio, nadie se conforma con poseer apariencias, sino que buscan cosas reales y rechazan las que sólo parecen buenas.

- Así es.

- Veamos. Lo que toda alma persigue y por lo cual hace todo, adivinando que existe, pero sumida en dificultades frente a eso y sin poder captar suficientemente qué es, ni recurrir a una sólida creencia como sucede respecto de otras cosas -que es lo que hace perder lo que puede haber en ellas de ventajoso-; algo de esta índole y magnitud, ¿diremos que debe per­manecer en tinieblas para aquellos que son los mejores en el Estado y con los cuales he­mos de llevar a cabo nuestros intentos?

- Ni en lo más mínimo.

- Pienso, en todo caso, que, si se desconoce en qué sentido las cosas justas y bellas del Es­tado son buenas, no sirve de mucho tener un guardián que ignore esto en ellas; y presiento que nadie conocerá adecuadamente las cosas justas y bellas antes de conocer en qué senti­do son buenas.

- Presientes bien.

- Pues entonces nuestro Estado estará perfectamente organizado, si el guardián que lo vigi­la es alguien que posee el conocimiento estas cosas.

- Forzosamente. Pero tú, Sócrates, ¿qué dices que es el bien? ¿Ciencia, placer o alguna otra cosa?

- ¡Hombre! Ya veo bien claro que no te contentarás con lo que opinen otros acerca de eso.

- Es que no me parece correcto, Sócrates, que haya que atenerse a las opiniones de otros y no a las de uno, tras haberse ocupado tanto tiempo de esas cosas.

- Pero ¿es que acaso te parece correcto decir acerca de ellas, como si se supiese, algo que no se sabe?

- Como si se supiera, de ningún modo, pero sí como quien está dispuesto a exponer, como su pensamiento, aquello que piensa.

- Pues bien -dije-. ¿No percibes que las opiniones sin ciencia son todas lamentables? En el mejor de los casos, ciegas. ¿O te parece que los ciegos que hacen correctamente su camino se diferencian en algo de los que tienen opiniones verdaderas sin inteligencia?

- En nada.

- ¿Quieres acaso contemplar cosas la­mentables, ciegas y tortuosas, en lugar de oírlas de otros claras y bellas?

- ¡Por Zeus! -exclamó Glaucón. No te retires, Sócrates, como si ya estuvieras al final. Pues nosotros estaremos satisfechos si, del modo en que discurriste acerca de la justicia, la mo­deración y lo demás, así discurres acerca del bien.

- Por mi parte, yo también estaré más satisfecho. Pero me temo que no sea capaz y que, por entusiasmarme, me desacredite y haga el ridículo. Pero dejemos por ahora, dichosos amigos, lo que es en sí mismo el Bien; pues me parece demasiado como para que el pre­sente impulso permita en este momento alcanzar lo que juzgo de él. En cuanto a lo que parece un vástago del Bien y lo que más se le asemeja, en cambio, estoy dispuesto a ha­blar, si os place a vosotros; si no, dejamos la cuestión.

- Habla, entonces, y nos debes para otra oportunidad el relato acerca del padre.

- Ojalá que yo pueda pagarlo y vosotros recibirlo; y no sólo los intereses, como ahora; por ahora recibid esta criatura y vástago del Bien en sí. Cuidaos que no os engañe involuntaria­mente de algún modo, rindiéndoos cuenta fraudulenta del interés.

- Nos cuidaremos cuanto podamos; pero tú limítate a hablar.



- Para eso debo estar de acuerdo con vosotros y recordaros lo que he dicho antes y a menu­do hemos hablado en otras oportunidades.

- ¿Sobre qué?

- Que hay muchas cosas bellas, muchas buenas, y así, con cada multiplicidad, decimos que existe y la distinguimos con el lenguaje.

- Lo decimos, en efecto.

- También afirmamos que hay algo Bello en sí y Bueno en sí y, análogamente, respecto de todas aquellas cosas que postulábamos como múltiples; a la inversa, a su vez postulamos cada multiplicidad como siendo una unidad, de acuerdo con una Idea única, y denomina­mos a cada una `lo que es'.

- Así es.

- Y de aquellas cosas decimos que son vistas pero no pensadas, mientras que, por su parte, las ideas son pensadas, mas no vistas.

- Indudablemente.

- Ahora bien, ¿por medio de qué vemos las cosas visibles?

- Por medio de la vista.

- En efecto, y por medio del oído las audibles, y por medio de las demás percepciones to­das las cosas perceptibles. ¿No es así?

- Sí.

- Pues bien, ¿has advertido que el artesano de las percepciones modeló mucho más perfec­tamente la facultad de ver y de ser visto?

- En realidad, no.

- Examina lo siguiente: ¿hay algo de otro género que el oído necesita para oír y la voz para ser oída, de modo que, si este tercer género no se hace presente, uno no oirá y la otra no se oirá?

- No, nada.

- Tampoco necesitan de algo de esa índole muchos otros poderes, pienso, por no decir nin­guno. ¿O puedes decir alguno?

- No, por cierto.

- Pero, al poder de ver y de ser visto, ¿no piensas que le falto algo?

- Si la vista está presente en los ojos y lista para que se use de ella, y el color está presente en los objetos, pero no se añade un tercer género que hay por naturaleza específicamente para ello, bien sabes que la vista no verá nada y los colores serán invisibles.

- ¿A qué te refieres?

- A lo que tú llamas `luz'.

- Dices la verdad.

- Por consiguiente, el sentido de la vista y el poder de ser visto se hallan ligados por un vínculo de una especie nada pequeña, de mayor estima que las demás ligazones de los sen­tidos, salvo que la luz no sea estimable.

- Está muy lejos de no ser estimable.

- Pues bien, ¿a cuál de los dioses que hay en el cielo atribuyes la autoría de aquello por lo cual la luz hace que la vista vea y que las más hermosas cosas visibles sean vistas?

- Al mismo que tú y que cualquiera de los demás, ya que es evidente que preguntas por el sol.

- Y la vista, ¿no es por naturaleza en relación a este dios lo siguiente?

- ¿Cómo?

- Ni la vista misma, ni aquello en lo cual se produce -lo que llamamos `ojo'- son el sol.



- Claro que no.

- Pero es el más afín al sol, pienso, de los órganos que conciernen a los sentidos.

- Con mucho.

- Y la facultad que posee, ¿no es algo así como un fluido que le es dispensado por el sol?

- Ciertamente.

- En tal caso, el sol no es la vista pero, al ser su causa, es visto por ella misma.

- Así es.

- Entonces ya podéis decir qué entendía yo por el vástago del Bien, al que el Bien ha en­gendrado análogo a sí mismo. De este modo, lo que en el ámbito inteligible es el Bien res­pecto de la inteligencia y de lo que se intelige, esto es el sol en el ámbito visible respecto de la vista y de lo que se ve.

- ¿Cómo? Explícate.

- Bien sabes que los ojos, cuando se los vuelve sobre objetos cuyos colores no están ya ilu­minados por la luz del día sino por el resplandor de la luna, ven débilmente, como si no tuvieran claridad en la vista.

- Efectivamente.

- Pero cuando el sol brilla sobre ellos, ven nítidamente, y parece como si estos mismos ojos tuvieran la claridad.

- Sin duda.

- Del mismo modo piensa así lo que corresponde al alma: cuando fija su mirada en objetos sobre los cuales brilla la verdad y lo que es, intelige, conoce y parece tener inteligencia; pero cuando se vuelve hacia lo sumergido en la oscuridad, que nace y perece, entonces opina y percibe débilmente con opiniones que la hacen ir de aquí para allá, y da la impre­sión de no tener inteligencia.

- Eso parece, en efecto.

- Entonces, lo que aporta la verdad a las cosas cognoscibles y otorga al que conoce el po­der de conocer, puedes decir que es la Idea del Bien. Y por ser causa de la ciencia y de la verdad, concíbela como cognoscible; y aun siendo bellos tanto el conocimiento como la verdad, si estimamos correctamente el asunto, tendremos a la idea del Bien por algo distin­to y más bello que ellas. Y así como dijimos que era correcto tomar a la luz y a la vista por afines al sol pero que sería erróneo creer que son el sol, análogamente ahora es correcto pensar que ambas cosas, la verdad y la ciencia, son afines al Bien, pero sería equivocado creer que una u otra fueran el Bien, ya que la condición del Bien es mucho más digna de estima.

- Hablas de una belleza extraordinaria, puesto que produce la ciencia y la verdad, y además está por encima de ellas en cuan­to a hermosura. Sin duda, no te refieres al placer.

- ¡Dios nos libre! Más bien prosigue examinando nuestra comparación.

- ¿De qué modo?

- Pienso que puedes decir que el sol no sólo aporta a lo que se ve la propiedad de ser visto, sino también la génesis, el crecimiento y la nutrición, sin ser él mismo génesis.

- Claro que no.

- Y así dirás que a las cosas cognoscibles les viene del Bien no sólo el ser conocidas, sino también de él les llega el existir y la esencia, aunque el Bien no sea esencia, sino algo que se eleva más allá de la esencia en cuanto a dignidad y a potencia.

-Y Glaucón se echó a reír:

- ¡Por Apolo!, exclamó . ¡Qué elevación demoníaca!

- Tú eres culpable, repliqué, pues me has forzado a decir lo que pensaba sobre ello.



- Está bien; de ningún modo te detengas, sino prosigue explicando la similitud respecto del sol, si es que te queda algo por decir.

- Bueno, es mucho lo que queda.

- Entonces no dejes de lado ni lo más mínimo.

- Me temo que voy a dejar mucho de lado; no obstante, no omitiré lo que en este momento me sea posible.

- No, por favor.

- Piensa entonces, como decíamos, cuáles son los dos que reinan: uno, el del género y ám­bito inteligibles; otro, el del visible, y no digo `el del cielo' para que no creas que hago jue­go de palabras. ¿Captas estas dos especies, la visible y la inteligible?

- Las capto.

- Toma ahora una línea divida en dos partes desiguales; divide nuevamente cada sección según la misma proporción, la del género de lo que se ve y otra la del que se intelige, y tendrás distinta oscuridad y claridad relativas; así tenemos primeramente, en el género de lo que se ve, una sección de imágenes. Llamo `imágenes' en primer lugar a las sombras, luego a los reflejos en el agua y en todas las cosas que, por su constitución, son densas, lisas y brillantes, y a todo lo de esa índole. ¿Te das cuenta?

- Me doy cuenta

- Pon ahora la otra sección de la que ésta ofrece imágenes, a la que corresponden los ani­males que viven en nuestro derredor, así como todo lo que crece, y también el género ínte­gro de cosas fabricadas por el hombre.

- Pongámoslo.

- ¿Estás dispuesto a declarar que la línea ha quedado divida, en cuanto a su verdad y no verdad, de modo tal que lo opinable es a lo cognoscible como la copia es a aquello de los que es copiado?

- Estoy muy dispuesto.

- Ahora examina si no hay que dividir tam­bién la sección de lo inteligible.

- ¿De qué modo?

- De éste. Por un lado, en la primera parte de ella, el alma, sirviéndose de las cosas antes imitadas como si fueran imágenes, se ve forzada a indagar a partir de su­puestos, marchan­do no hasta un principio sino hacia una conclusión.

- Por otro lado, en la segunda parte, avanza hasta un principio no supuesto, partiendo de un supuesto y sin recurrir a imá­genes -a diferencia del otro caso-, efectuando el camino con Ideas mismas y por medio de Ideas.

- No he aprehendido suficientemente esto que dices.

- Pues veamos nuevamente; será más fácil que entiendas si te digo esto antes. Creo que sabes que los que se ocupan de geometría y de cálculo suponen lo impar y lo par, las figu­ras y tres clases de ángulos y cosas afines, según lo investigan en cada caso. Como si las conocieran, las adoptan como supuestos, y de ahí en adelante no estiman que deban dar cuenta de ellas ni a sí mismos ni a otros, como si fueran evidentes a cualquiera; antes bien, partiendo de ellas atraviesan el resto de modo consecuente, para concluir en aque­llo que proponían al examen.

- Sí, esto lo sé.



- Sabes, por consiguiente, que se sirven de figuras visibles y hacen discursos acer­ca de e­llas, aunque no pensando en éstas sino en aquellas cosas a las cuales éstas se parecen, dis­curriendo en vista al Cuadrado en sí y a la Diagonal en sí, y no en vista de la que dibujan, y así con lo demás. De las cosas mismas que configuran y dibujan hay sombras e imágenes en el agua, y de estas cosas que dibujan se sirven como imágenes, buscando divisar aque­llas cosas en sí que no podrían divisar de otro modo que con el pensamiento.

- Dices verdad.

- A esto me refería como la especie inteligible. Pero en esta su primera sección, el alma se ve forzada a servirse de su­puestos en su búsqueda, sin avanzar hacia un principio, por no poder remontarse más allá de los supuestos. Y para eso usa como imágenes a los objetos que abajo eran imitados, y que habían sido conjeturados y estimados como claros respecto de los que eran sus imitaciones.

- Comprendo que te refieres a la geometría y a las artes afines.

- Comprende entonces la otra sección de lo inteligible, cuando afirma que en ella la razón misma aprehende, por medio de la facultad dialéctica, y hace de los supuestos no princi­pios sino realmente supuestos, que son como peldaños y trampolines hasta el principio del todo, que es no supuesto, y tras aferrarse a él, ateniéndose a las cosas que de él dependen, desciende hasta una conclusión, sin servirse para nada de lo sensible, sino de Ideas, a tra­vés de Ideas y en dirección a Ideas hasta concluir en Ideas.

- Comprendo, aunque no suficientemente, ya que creo que tienes en mente una tarea enor­me: quieres distinguir lo que de lo real e inteligible es estudiado por la ciencia dialéctica, estableciendo que es más claro que lo estudiado por las llamadas `artes=, para las cuales los supuestos son principios. Y los que los estudian se ven forzados a estudiarlos por me­dio del pensamiento discursivo, aunque no por los sentidos. Pero a raíz de no hacer el exa­men avanzando hacia un principio sino a partir de supuestos, te parece que no poseen inte­ligencia acerca de ellos, aunque sean inteligibles junto a un principio. Y creo que llamas `pensamiento discursivo' al estado mental de los geómetras y similares, pero no `inteligen­cia'; como si el `pensamiento discursivo' fuera algo intermedio entre la opinión y la inteli­gencia.

- Entendiste perfectamente. Y ahora aplica a las cuatro secciones estas cuatro afec­ciones que se generan en el alma; inteligencia, a la suprema; pensamiento discursivo, a la segun­da; a la tercera asigna la creencia y la cuarta la conjetura; y ordénalas proporcionadamen­te, considerando que cuanto más participen de la verdad tanto más participan de la clari­dad.

- Entiendo, y estoy de acuerdo en ordenarlas como dices.



Libro VII



(514a) --Después de eso proseguí compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su falta de educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres en una mo­rada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que de­ben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza. Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique construido de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biom­bo, los muñecos.

- Me lo imagino.

- Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan hombres que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diver­sas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan.



- Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros.

- Pero son como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de los otros, otra cosa que las som­bras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen frente a sí?

- Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas.

- ¿Y no sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro lado del tabi­que?

- Indudablemente.

- Pues entonces, si dialogaran entre sí, ¿no te parece que entenderían estar nombrando a los objetos que pasan y que ellos ven?

- Necesariamente.

- Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí, y alguno de los que pasan del otro lado del tabique hablara, ¿no piensas que creerían que lo que oyen pro­viene de la sombra que pasa delante de ellos?

- ¡Por Zeus que sí!

- ¿Y que los prisioneros no tendrían por real otra cosa que las sombras de los objetos artifi­ciales transportados?

- Es de toda necesidad.

- Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignoran­cia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forza­do a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz, y al hacer todo es­to, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora, en cambio está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿no piensas que se sentirá en dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran aho­ra?

- Mucho más verdaderas.

- Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de eludir­la, volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas son real­mente más claras que las que se le muestran?

- Así es.

- Y si a la fuerza se lo arrastrara por una escarpada y empinada cuesta, sin soltarlo antes de llegar hasta la luz del sol, ¿no sufriría acaso y se irritaría por ser arrastrado y, tras llegar a la luz, tendría los ojos llenos de fulgores que le impedirían ver uno solo de los objetos que ahora decimos que son los verdaderos?

- Por cierto, al menos inmediatamente.

- Necesitaría acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En primer lugar miraría con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los hom­bres y de los otros objetos reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos mismos. A continua­ción contemplaría de noche lo que hay en el cielo y el cielo mismo, mirando la luz de los astros y la luna más fácilmente que, durante el día, el sol y la luz del sol.

- Sin duda.

- Finalmente, pienso, podría percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en otros luga­res que le son extraños, sino contemplarlo como es en sí y por sí, en su propio ámbito.

- Necesariamente.



- Después de lo cual concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las estaciones y los años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa de las co­sas que ellos habían visto.

- Es evidente que, después de todo esto, arribaría a tales conclusiones.

- Y si se acordara de su primera morada, del tipo de sabiduría existente allí y de sus enton­ces compañeros de cautiverio, ¿no piensas que se sentiría feliz del cambio y que los com­padecería?

- Por cierto.

- Respecto de los honores y elogios que se tributaban unos a otros, y de las re­compensas para aquel que con mayor agudeza divisara las sombras de los objetos que pasaban detrás del tabique, y para el que mejor se acordase de cuáles habían desfilado habitualmente an­tes y cuáles después, y para aquel de ellos que fuese capaz de adivinar lo que iba a pasar, ¿te parece que estaría deseoso de todo eso y envidiaría a los más honrados y poderosos entre aquéllos? ¿O más bien no le pasaría como al Aquiles de Homero, y *preferiría ser un labrador que fuera siervo de un hombre pobre o soportar cualquier otra cosa, antes que volver a su anterior modo de opinar y a aquella vida?

- Así creo también yo, que padecería cual­quier cosa antes que soportar aquella vida.

- Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿no tendría ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol?

- Sin duda.

- Y si tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con aque­llos que han conservado en todo momento las cadenas, y viera confusamente hasta que sus ojos se reacomodaran a ese estado y se acostumbraran en un tiempo nada breve, ¿no se expondría al ridículo y a que se dijera de él que, por haber subido hasta lo alto, se había estropeado los ojos, y que ni siquiera valdría la pena intentar marchar hacia arriba? Y si intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz, ¿no lo matarían, si pudieran tenerlo en sus manos y matarlo?

- Seguramente.

- Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta alegoría a lo que anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la vista con la morada-prisión, y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol; compara, por otro lado, el ascenso y contemplación de las cosas de arriba con el camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en todo caso, lo que a mí me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público.

- Comparto tu pensamiento, en la medida que me es posible.

Platón en "El mundo de Sofía"

En la Academia de Platón se enseñaba filosofía, matemáticas y gimnasia. Aunque «enseñar» no sea, quizás, la palabra adecuada, ya que también en la Academia de Platón la conversación viva era lo más importante. Por lo tanto, no es una casualidad que el diálogo llegara a ser la forma escrita de Platón.
Lo eternamente verdadero, lo eternamente hermoso y lo eternamente bueno. Al principio de este curso de filosofía te dije que, a menudo, resulta muy útil preguntarse a uno mismo cuál es el proyecto de un determinado filósofo. De modo que ahora pregunto: ¿qué era lo que a Platón le interesaba averiguar ante todo?
Resumiendo mucho, podemos decir que a Platón le interesaba la relación entre lo eterno y lo inalterable, por un lado, y lo que fluye, por el otro. (¡Es decir, exactamente igual que a los presocráticos!) Luego dijimos que los sofistas y Sócrates abandonaron las cuestiones de la filosofía de la naturaleza, para interesarse más por el ser humano y la sociedad. Sí, eso es verdad, pero también los sofistas y Sócrates se interesaban, en cierto modo, por la relación entre lo eterno y lo permanente, por un lado, y lo que fluye, por el otro. Se interesaron por
esta cuestión en lo que se refiere a la moral de los seres humanos, y a los ideales o virtudes de la sociedad. Muy resumidamente, se puede decir que los sofistas pensaban que la cuestión de lo que es bueno o malo, es algo que cambia de ciudad en ciudad, de generación en generación, es decir que la cuestión sobre lo bueno y lo malo es algo que «fluye». Sócrates no podía aceptar este punto de vista, y opinaba que había unas reglas totalmente básicas y eternas para lo que es bueno y lo que es malo. Mediante nuestra razón podemos, todos los seres humanos, llegar a conocer esas normas inmutables, pues precisamente la razón de los seres humanos es algo eterno e inmutable. ¿Me sigues, Sofía? Estamos llegando a Platón. A él le interesa lo que es eterno e inmutable en la naturaleza y lo que es eterno e inmutable en cuanto a la moral y la sociedad.
De hecho, para Platón, estas son una misma cosa. Intenta captar una propia «realidad» eterna e inmutable. Y, a decir verdad, precisamente para eso tenemos a los filósofos. No están para elegir a la chica más guapa del año, ni los tomates más baratos del jueves (razón por la cual no son siempre tan famosos). Los filósofos suelen fruncir el ceño ante asuntos tan vanos y tan «de actualidad»· Intentan señalar lo que es eternamente «verdadero», eternamente «hermoso», y eternamente «bueno».
Con esto tenemos, al menos, una vaga idea del proyecto filosófico de Platón. A partir de ahora, miraremos las cosas una por una. Intentaremos entender un razonamiento que dejó profundas huellas en toda la filosofía europea posterior.

El mundo de la Ideas
Tanto Empédocles como Demócrito habían señalado que todos los fenómenos de la naturaleza fluyen, pero que sin embargo, tiene que haber «algo» que nunca cambie «las cuatro raíces de todas las cosas» o «los átomos». Platón sigue este planteamiento, pero de una manera muy distinta.
Platón opinaba que todo lo que podemos tocar y sentir en la naturaleza fluye. Es decir, según él, no existen unas pocas que no se disuelven. Absolutamente todo lo que pertenece al mundo de los sentidos está formado por una materia que se desgasta con el tiempo. Pero, a la vez, todo está hecho con un eterno e inmutable.
¿Lo entiendes? Ah, ¿no...?
¿Por qué todos los caballos son iguales, Sofía! A lo mejor piensas que no lo son en absoluto. Pero hay algo que todos los caballos tienen en común, algo que hace que nunca tengamos problemas para distinguir un caballo de cualquier otro animal. El caballo individual «fluye», claro está. Puede ser viejo, cojo, y, con el tiempo, se pondrá enfermo y morirá. Pero el «molde de caballo» es eterno e inmutable.
Déjame precisar: los presocráticos habían dado una explicación, mas o menos razonable, de los cambios en la naturaleza, sin tener que presumir que algo «cambia» de verdad. En medio del ciclo de la naturaleza, hay algunas partes mínimas que son eternas e inmutables y que no se disuelven, pensaban ellos ¡Muy bien, Sofía! Digo muy bien, pero no podían explicar cómo estas «partes mínimas», que alguna vez habían sido las piezas para construir un caballo, de
pronto pueden juntarse para formar un «caballo» completamente nuevo, unos tres o cuatrocientos años más tarde. O formar un elefante, por usar otro ejemplo, o un cocodrilo. Lo que quiere decir Platón es que los átomos de Demócrito nunca pueden llegar a convertirse en un «cocofante» o un «eledrilo». Precisamente, esto fue lo que puso en marcha su reflexión filosófica. Si ya estás entendiendo lo que quiero decir, puedes saltarte este apartado.
Para estar seguro, voy a precisar: tienes una serie de piezas del lego y construyes con ellas un caballo. Luego lo deshaces y vuelves a meter las piezas en una caja. No puedes esperar que surja un caballo completamente nuevo con sólo sacudir la caja que contiene las piezas. ¡Cómo iban a poder las piezas arreglarselas por su cuenta para volver a convertirse en caballo! No, eres tú la que tienes que volver a construir el caballo, Sofía. Y lo logras gracias a una imagen que tienes en tu cabeza del aspecto del caballo. Es decir: el caballo de lego está moldeado según un modelo que queda inalterado de caballo en caballo.
¿Solucionaste lo de las cincuenta pastas idénticas? Supongamos que caes al mundo desde el espacio y que jamas has visto una pastelería. De repente, te topas con una de aspecto tentador, y ves, sobre un mostrador, cincuenta pastas idénticas. Supongo que te habrías roto la cabeza, preguntándote cómo era posible que fueran todas idénticas. Sin embargo puede ser que alguna de ellas careciera de algo que tuvieran las demás. Si eran figuras, puede que a una le faltara un brazo y a otra un trozo de cabeza, y que una tercera tuviera, a lo mejor, un bulto en la tripa. Tras pensarlo detenidamente, llegarías, no obstante, a la conclusión
de que todas las pastas tenían un denominador común. Aunque ninguna fuera totalmente perfecta, se te ocurriría pensar que deben de tener un origen común. Te darías cuenta de que todas las pastas están hechas con el mismo molde. Y hay más Sofía, hay algo más: ahora tendrás un fuerte deseo de ver ese molde. Esto quiere decir que, para Platón, lo eterno y lo inmutable no es una «materia primaria» física. Lo que es eterno e inmutable son los modelos espirituales o
abstractos, a cuya imagen todo está moldeado. Esto quiere decir que, para Platón, lo eterno y lo inmutable no es una «materia primaria» física. Lo que es eterno e inmutable son los modelos espirituales o abstractos, a cuya imagen todo está moldeado.
Si lograste solucionar este problema por tu cuenta, entonces solucionaste un problema filosófico exactamente de la misma manera que Platón. Como la mayoría de los filósofos, él «aterrizó desde el espacio». (Se sentó en el último extremo de uno de los finos pelos de la piel del conejo.) Le extrañó cómo todos los fenómenos de la naturaleza podían ser tan iguales entre ellos, y llegó a la conclusión de que debía de haber un reducido número de moldes que se
encuentran «detrás de» todo lo que vemos a nuestro alrededor. A estos moldes Platón los llamó Ideas. Detrás de todos los caballos, cerdos y seres humanos, se encuentra la «idea de caballo», la «idea de cerdo» y la «idea de ser humano». (De la misma manera que el pastelero antes mencionado puede tener pastas con forma de hombres, de cerdos y de caballos; pues un buen pastelero tendrá más de un molde. No obstante, basta con un solo molde para cada clase de pastas.)
Conclusión: Platón pensaba que tenía que haber una realidad detrás «del mundo de los sentidos», y a esta realidad la llamó el mundo de las Ideas. Aquí se encuentran las eternas e inmutables «imágenes modelo», detrás de los distintos fenómenos con los que nos topamos en la naturaleza. A este espectacular concepto lo llamamos la teoría de las Ideas de Platón.
El conocimiento seguro Hasta aquí me habrás seguido, querida Sofía. Pero a lo mejor te preguntas si Platón pensaba así de verdad. ¿Pensaba verdaderamente que tales moldes
existen en una realidad completamente diferente? No lo opinó tan literalmente durante toda su vida, pero, al menos en algunos de sus diálogos hay que entenderlo así. Intentaremos seguir su argumentación. Como ya he dicho, el filósofo intenta captar algo que sea eterno e inmutable.
No resultaría muy útil escribir una tesis filosófica sobre, digamos, la existencia de una determinada pompa de jabón. No lo opinó tan literalmente durante toda su vida, pero, al menos en algunos de sus diálogos hay que entenderlo así. En primer lugar, no habría tiempo para
estudiarla bien antes de que desapareciera de pronto, y, en segundo lugar, sería difícil vender una tesis filosófica sobre algo que nadie ha visto, y que, además, sólo ha existido durante cinco segundos. Platón pensaba que todo lo que vemos a nuestro alrededor en la naturaleza, es decir, todo lo que podemos sentir y tocar, puede compararse con una pompa
de jabón. Porque nada de lo que existe en el mundo de los sentidos permanece. Evidentemente, sabes que todos los seres humanos y todos los animales se disuelven y mueren, antes o después. Pero incluso un bloque de mármol se altera y se desintegra lentamente. (¡La Acrópolis está en ruinas, Sofía! Escandaloso, digo yo, pero ésa es la realidad.) Lo que dice Platón es que no podemos saber nada con seguridad sobre algo que cambia constantemente. Sobre lo que pertenece al mundo de los sentidos, es decir, lo que podemos sentir y tocar, sólo podemos tener ideas o hipótesis poco seguras. Sólo podemos tener conocimientos seguros de aquello que vemos con la razón.
De acuerdo, Sofía, me explicaré mejor. Una sola pasta con figura de hombre puede resultar tan imperfecta, después de todos los procesos de elaboración, que resulte difícil ver lo que pretende ser. Pero después de haber visto veinte o treinta pastas de ese tipo, que pueden ser más o menos perfectas, sabré con mucha certeza como es el molde, incluso aunque nunca lo haya visto. Ni siquiera es seguro que conviniera ver el propio molde con los ojos, pues no podemos fiarnos siempre de nuestros sentidos. La propia facultad visual puede variar de una persona a otra. Sin embargo, podemos fiarnos de lo que nos dice la razón, porque la razón es la misma para todas las personas. Si te encuentras en un aula del colegio en compañía de otros treinta alumnos, y el profesor pregunta cuál es el color más bonito del arco iris, seguramente
obtendrá muchas respuestas diferentes. Pero si os pregunta cuánto es 8 por 3, entonces la clase entera debe llegar al mismo resultado, pues, en este caso, se trata de un juicio emitido por la razón, y, de alguna manera, la razón es lo contrario de las opiniones y los pareceres. Podríamos decir que la razón es eterna y universal precisamente porque sólo se pronuncia sobre asuntos eternos y universales.
A Platón le interesaban mucho las matemáticas, porque las relaciones matemáticas jamás cambian. Por lo tanto, es algo sobre lo que tenemos que tener conocimientos ciertos. Veamos un ejemplo: imagínate que te encuentras en la naturaleza con una piña completamente redonda. A lo mejor dices que te «parece» redonda, mientras que tu amiga Jorunn dice que está un poco aplastada por un extremo. (¡Y empezáis a pelearos!) Pero no podéis tener conocimientos
seguros sobre algo que veis con los ojos. Por otra parte, podéis estar totalmente seguras de que la suma angular de un círculo es 360º. En este caso, os pronunciáis sobre un círculo ideal, que a lo mejor no se encuentra en la naturaleza, pero que, en cambio, es fácil de visualizar en la cabeza. (Estáis diciendo algo sobre el molde de las pastas, y no sobre una pasta cualquiera de la mesa de la cocina.)
Hagamos un breve resumen: sólo podemos tener ideas vagas sobre lo que sentimos, pero sí podemos conseguir conocimientos ciertos sobre aquello que reconocemos con la razón. La suma de los ángulos de un triángulo es 180º siempre. De la misma manera, la «idea» de caballo tendrá cuatro patas, aunque todos los caballos del mundo de los sentidos se volviesen cojos.
Un alma inmortal Acabamos de ver que Platón pensaba que la realidad está dividida en dos.
Una parte es el mundo de los sentidos, sobre el que sólo podemos conseguir conocimientos imperfectos utilizando nuestros cinco sentidos (aproximados e imperfectos). De todo lo que hay en el mundo de los sentidos, podemos decir que «todo fluye» y que nada permanece. No hay nada que sea en el mundo de los sentidos, solamente se trata de un montón de cosas que surgen y perecen. La otra parte es el mundo de las Ideas, sobre el cual podemos conseguir conocimientos ciertos, mediante la utilización de la razón. Por consiguiente, este mundo de las Ideas no puede reconocerse mediante los sentidos. Es el Mundo de lo que «es».
Por otra parte, las Ideas son eternas e inmutables. Según Platón, el ser humano también esta dividido en dos partes. Tenemos un cuerpo que «fluye», y que, por lo tanto, está indisolublemente ligado al mundo de los sentidos, y acaba de la misma manera que todas las demás cosas pertenecientes al mundo de los sentidos (como por ejemplo una pompa de jabón). Todos nuestros sentidos están ligados a nuestro cuerpo y son, por tanto, de poco fiar. Pero también tenemos un alma inmortal, la morada de la razón. Precisamente porque el alma no es material puede ver el mundo de las Ideas.
Ya he dicho casi todo. Pero hay algo más, Sofía. ¡Te digo que HAY ALGO MÁS!
Platón pensaba, además, que el alma ya existía antes de meterse en un cuerpo. Érase una vez cuando el alma se encontraba en el mundo de las Ideas. (Estaba en la parte de arriba del armario, junto con todos los moldes para las pastas.) Pero en el momento en que el alma se despierta dentro de un cuerpo humano, se ha olvidado ya de las Ideas perfectas. Entonces, algo comienza a suceder, se inicia un proceso maravilloso. Conforme el ser humano va sintiendo
las formas en la naturaleza, va teniendo un vago recuerdo en su alma. El ser humano ve un caballo, un caballo imperfecto, pero eso es suficiente para despertar en el alma un vago recuerdo del «caballo» perfecto que el alma vio en el mundo de las Ideas. Con esto, se despierta también una añoranza de regresar a la verdadera morada del alma. A esa añoranza Platón la llama eros, que significa «amor». Es decir, el alma siente una «añoranza amorosa» por su verdadero origen. A partir de ahora, se vive el cuerpo y todo lo sensible como algo imperfecto e insignificante. Sobre las alas del amor volará el alma «a casa», al mundo de las Ideas, donde será librada de la «cárcel del cuerpo».
Me apresuro a recalcar que lo que Platón describe aquí es un ciclo humano ideal, pues no todos los seres humanos dan rienda suelta al alma y permiten que inicie el viaje de retorno al mundo de las Ideas. La mayoría de las personas se aferra a los «reflejos» de las Ideas en el mundo de los sentidos. Ven un caballo y otro caballo, pero no ven aquello de lo que todos los caballos son solamente malas copias. (Entran corriendo en la cocina y se lanzan sobre todas las pastas, sin preguntarse siquiera de dónde proceden esas pastas.) Lo que describe Platón
es el «camino de los filósofos». Su filosofía puede entenderse como una descripción de la actividad filosófica. Cuando ves una sombra, Sofía, también tú pensarás que tiene que haber algo que la origina. Ves la sombra de un animal. Quizás sea un caballo, piensas, sin
estar del todo segura. Luego te giras y ves el verdadero caballo, que es infinitamente más hermoso y su silueta mucho más nítida que la inestable «sombra del caballo». PLATÓN OPINABA QUE, DE LA MISMA MANERA, TODOS LOS FENÓMENOS DE LA NATURALEZA SON SOLAMENTE SOMBRAS DE LOS MOLDES O IDEAS ETERNAS. No obstante, la gran mayoría de los seres humanos está satisfecha con su vida entre las sombras. No piensan en que tiene que haber algo que origina las sombras. Creen que las sombras son todo, no viven las sombras como sombras. Con ello, también se olvidan de la inmortalidad de su propia alma.

El camino que sube de la oscuridad de la caverna
Platón cuenta una parábola que ilustra precisamente lo que acabamos de describir. La solemos llamar el mito de la caverna. La contaré con mis propias palabras.
Imagínate a unas personas que habitan una caverna subterránea. Están sentadas de espaldas a la entrada, atadas de pies y manos, de modo que sólo pueden mirar hacia la pared de la caverna. Detrás de ellas, hay un muro alto, y por detrás del muro caminan unos seres que se asemejan a las personas. Levantan diversas figuras por encima del borde del muro. Detrás de estas figuras, arde una hoguera, por lo que se dibujan sombras flameantes contra la pared de la caverna. Lo único que pueden ver esos moradores de la caverna es, por tanto, ese «teatro
de sombras». Han estado sentados en la misma postura desde que nacieron, y creen por ello, que las sombras son lo único que existe. Imagínate ahora que uno de los habitantes de la caverna empieza a preguntarse de dónde vienen todas esas sombras de la pared de la caverna y, al
final, consigue soltarse. ¿Qué crees que sucede cuando se vuelve hacia las figuras que son sostenidas por detrás del muro? Evidentemente, lo primero que ocurrirá es que la fuerte luz le cegará. También le cegarán las figuras nítidas, ya que, hasta ese momento, sólo había visto las sombras de las mismas. Si consiguiera atravesar el muro y el fuego, y salir a la naturaleza, fuera de la caverna, la luz le cegaría aún más. Pero después de haberse restregado los ojos, se habría dado cuenta de la belleza de todo. Por primera vez, vería colores y
siluetas nítidas. Vería verdaderos animales y flores, de los que las figuras de la caverna sólo eran malas copias. Pero, también entonces se preguntaría a sí mismo de dónde vienen todos los animales y las flores. Entonces vería el sol en el cielo, y comprendería que es el sol el que da vida a todas las flores y animales de la naturaleza, de la misma manera que podía ver las sombras en la caverna gracias a la hoguera. Ahora, el feliz morador de la caverna podría haberse ido corriendo a la naturaleza, celebrando su libertad recién conquistada. Pero se acuerda de los que quedan abajo en la caverna. Por eso vuelve a bajar. De nuevo abajo, intenta
convencer a los demás moradores de la caverna de que las imágenes de la pared son sólo copias centelleantes de las cosas reales. Pero nadie le cree. Señalan a la pared de la caverna diciendo que lo que allí ven es todo lo que hay. Al final lo matan.
Lo que Platón describe en el mito de la caverna es el camino que recorre el filósofo desde los conceptos vagos hasta las verdaderas ideas que se encuentran tras los fenómenos de la naturaleza. Seguramente también piensa en Sócrates, a quien mataron los «moradores de la caverna» porque hurgaba en sus ideas habituales, queriendo enseñarles el camino hacia la verdadera sabiduría. De ese modo, el mito de la caverna se convierte en una imagen del valor y de la responsabilidad pedagógica del filósofo.
Lo que quiere señalar Platón es que la relación entre la oscuridad de la caverna y la naturaleza del exterior corresponde a la relación entre los moldes de la naturaleza y el mundo de las Ideas. No quiere decir que la naturaleza sea triste y oscura, sino que es triste y oscura comparada con la claridad de las Ideas. Una foto de una muchacha hermosa no tiene por qué resultar oscura y triste, más bien al contrario, pero sigue siendo sólo una imagen.
El Estado filosófico El mito de la caverna de Platón lo encontramos en el diálogo La República, en el que Platón nos proporciona una imagen del «Estado ideal». Es decir, un Estado
modelo imaginario, o, lo que se suele llamar, un Estado «utópico». Brevemente, podemos decir que Platón piensa que el Estado debe ser gobernado por los filósofos. Al explicar el por qué, toma como punto de partida la composición del ser humano.
Según Platón, el cuerpo humano está dividido en tres partes: cabeza, pecho y vientre. A cada una de estas partes le corresponde una habilidad del alma. A la cabeza pertenece la razón, al pecho la voluntad, y al vientre, el deseo. Pertenece, además, a cada una de las tres habilidades del alma un ideal o una «virtud». La razón debe aspirar a la sabiduría, la voluntad debe mostrar valor, y al deseo hay que frenarlo para que el ser humano muestre moderación. Cuando las tres partes del ser humano funcionan a la vez como un conjunto completo, obtenemos un ser humano armonioso u honrado. En la escuela, lo primero que tiene que aprender el niño es a frenar el deseo, luego hay que desarrollar el valor, y finalmente, la
razón obtendrá sabiduría.
Platón se imagina un Estado construido exactamente de la misma manera que un ser humano. Igual que el cuerpo tiene cabeza, pecho y vientre, el Estado tiene gobernantes, soldados y productores (granjeros, por ejemplo). Es evidente que Platón emplea la ciencia médica griega como ideal. De la misma manera que una persona sana y armoniosa muestra equilibrio y moderación, un Estado «justo» se caracteriza por que cada uno conoce su lugar en el conjunto.
Como el resto de la filosofía de Platón, también su filosofía del Estado se caracteriza por su racionalismo. Es decisivo para crear un buen Estado que sea gobernado por la razón. De la misma manera que la cabeza dirige el cuerpo, tiene que haber filósofos que dirijan la sociedad.
Intentemos una sencilla exposición de la relación entre las tres partes del ser humano y del Estado: CUERPO ALMA VIRTUD ESTADO
cabeza razón sabiduría gobernantes
pecho voluntad valor soldados
vientre deseo moderación productores
El Estado ideal de Platón puede recordar al antiguo sistema hindú de las castas, en el que cada uno tiene su función determinada para el bien del conjunto. Desde los tiempos de Platón, y desde más antiguo aún, el sistema hindú de castas ha tenido la misma división en tres: la clase dominante (o la clase de los sacerdotes), la casta de los guerreros y la de los productores. Hoy en día, es probable que llamáramos al Estado de Platón Estado Totalitario. Pero merece la pena señalar que él opinaba que las mujeres podían ser gobernantes del Estado, igual que los hombres, precisamente porque los gobernantes gobernarían el Estado en virtud de su razón. El pensaba que las mujeres tienen exactamente la misma capacidad para razonar que los hombres, si reciben la misma enseñanza y son liberadas de cuidar a los niños y de las
tareas domésticas. Platón quería suprimir la familia y la propiedad privada para los gobernantes y soldados del Estado. Y la educación de los niños era algo tan importante que no podía ser confiada a cualquiera. Tendría que ser responsabilidad del Estado educar a los niños. (Fue el primer filósofo que habló en favor de un sistema público de guarderías y colegios.) Tras haber vivido unas grandes desilusiones políticas, Platón escribió el diálogo
Las leyes, en el que describe «el Estado legal» como el segundo mejor Estado.
Ahora se muestra partidario de la propiedad privada y las ataduras familiares. De esa manera, se reduce la libertad de la mujer. Pero dice que un Estado que no educa ni entrena a sus mujeres es como un ser humano que sólo hace ejercicio con el brazo derecho.
Por regla general, podemos decir que Platón tenía una visión positiva de las mujeres, al menos si tenemos en cuenta la época en la que vivió. En el diálogo El banquete, es una mujer, Diótima, la que proporciona conocimientos filosóficos. Ése fue Platón, Sofía. Durante más de dos mil años, la gente ha discutido y criticado su extraña teoría de las Ideas. El primero fue su propio alumno en la Academia. Su nombre era Aristóteles, el tercer gran filósofo de Atenas. ¡No digo nada más!
Mientras Sofía había permanecido sentada en un tocón leyendo sobre Platón, el sol se había levantado por el este, tras las colinas cubiertas de árboles La esfera solar se había asomado por el horizonte, precisamente cuando estaba leyendo que Sócrates subía de la caverna y que se le arrugaba la frente por la intensa luz, al aire libre. Sofía casi tenía la sensación de haber ascendido, ella misma, de una gruta subterránea. Al menos, le pareció ver la naturaleza de un modo totalmente nuevo, tras haber leído sobre Platón. Se sentía como si hubiera sido daltónica. Había visto sombras, pero no las ideas claras.
No estaba muy segura de que Platón tuviera razón en todo lo que había dicho sobre las eternas imágenes modelo, pero le parecía un pensamiento muy hermoso el que todo lo vivo fuera una copia imperfecta de los moldes eternos del mundo de las Ideas. Porque ¿no era cierto que todas las flores y árboles, seres humanos y animales eran imperfectos? Todo lo que veía a su alrededor era tan bonito y estaba tan vivo que tuvo que restregarse los ojos. Pero nada de lo que veía permanecería. Y, sin embargo, dentro de cien años estarían aquí de nuevo las mismas flores y animales. Aunque cada flor y cada animal fueran en cierto modo borrados y olvidados, alguien se «acordaría» de qué aspecto tenía todo.
Sofía miró fijamente la obra de la creación. De repente, una ardilla saltó sobre el tronco
de un pino. Dio un par de vueltas, antes de desaparecer entre las ramas.
¡A ti te he visto antes!, pensó Sofía. Naturalmente sabía que no era la misma ardilla que había visto en la otra ocasión, pero si el mismo «molde». A lo mejor Platón tenía razón en que ella había visto una vez la «ardilla eterna» en el mundo de las Ideas, antes de que su alma se fuese a morar a un cuerpo.
¿Podría ser que hubiera vivido antes? ¿Había existido su alma antes de tener que llevar un cuerpo a rastras? ¿Sería verdad que llevaba dentro un lingote de oro, una joya por la que no pasaba el tiempo, es decir, un alma que le seguiría viviendo cuando su cuerpo un día envejeciera y muriera?

Temática general de "La República"

(…) Creo que porque es en La República más que en ninguna otra obra donde Platón demuestra su creencia de que toda pregunta se relaciona con todas las demás; la investigación no debe detenerse jamás,porque cada «conclusión» conduce al siguiente problema. De este modo comienza con una pregunta directa, «¿Qué es la justicia?», una pregunta típicamente socrática. Eso le conduce a la pregunta «¿Beneficia la justicia a su poseedor? El tema fundamental de La República es demostrar que, en efecto la justicia es un beneficio para su poseedor; es lo que más necesitamos para ser felices, mientras que el hombre injusto es la más miserable de todas las criaturas.
Pero para demostrar todo esto se da cuenta de que tiene que exponer una teoría sobre la naturaleza humana. Divide el alma en tres partes: aquí es donde se aparta de la tesis de Sócrates de que la virtud es conocimiento. La virtud pasa a abarcar más que el conocimiento, a pesar de que él conocimiento sigue siendo su factor principal. Y la idea deque el conocimiento sea algo que pueda y deba controlar los factores no racionales del alma, también hace posible la idea de una sociedad ideal en la que gobierne el conocimiento. De este modo obtenemos una teoría política que describe un modo de vida mejor dentro de la sociedad. Al mismo tiempo, el énfasis que se pone en la idea de que sea el conocimiento el que gobierne, plantea la pregunta: «¿Qué conocimiento debe gobernar?; ¿qué es el conocimiento en cualquier caso, y por qué es mejor que la opinión?» De modo que se nos da una teoría del conocimiento, y la teoría del conocimiento a su vez se amplía hasta convertirse en una investigación sobre las ciencias. Hay una profunda discusión sobre la naturaleza del saber matemático. Se expone toda una visión de lo que supondría tener una total comprensión del mundo en el que vivimos con el fin de ratificar la afirmación de que esta comprensión debe correr de nuestra cuenta, tanto individualmente como en la sociedad; esta comprensión traerá los beneficios de la justicia, tanto para el alma individual como para la sociedad en conjunto.
(Los grandes filósofos. Bryan Magee. Cátedra)

Programa de Filosofía II

1º PARTE FILOSOFÍA ANTIGUA Y MEDIEVAL

Núcleos temáticos:
-Surgimiento y desenvolvimiento del pensamiento filosófico en el contexto dc la mentalidad religiosa y relaciones entre filosofía y religión.
- Hombre y sociedad en el pensamiento griego

1.ORÍGENES DE LA FILOSOFÍA OCCIDENTAL.
Condiciones de la aparición de la explicación racional. Mito y Logos.

2.-LA SOFÍSTICA Y SÓCRATES: LA PREOCUPACIÓN POR EL HOMBRE
- Los sofistas: escepticismo-relativismo: Physis-nomos.
- Sócrates: método e intelectualismo moral

3.- PLATÓN
-El problema del conocimiento y la concepción de la realidad.
- Las relaciones entre ética y política

4.- ARISTÓTELES
-Naturaleza y causalidad.
-Virtud y felicidad. El carácter comunitario del bien

5.FILOSOFÍA Y RELIGIÓN
-Filosofía griega y filosofía cristiana
-Agustín de Hipona: innatismo y teoría de la iluminación.
-Tomás de Aquino: razón y fe. Filosofía y Teología.

2. PARTE: FILOSOFÍA MODERNA

Núcleos temáticos:
-Reflexión moderna de la razón.
-Los ideales ético-políticos.

1.- EL ORIGEN DE LA MODERNIDAD: RENACIMIENTO Y REVOLUCIÓN CIENTÍFICA

2.- ORIENTACIONES GENERALES DEL RACIONALISMO Y EMPIRISMO

3.- R. DESCARTES
-Razón y Método
-Teoría de la sustancia.

4.- D. HUME
-Origen y modos del conocimiento.
-Crítica de las ideas desustancia y causa.

5.- EL PLANTEAMIENTO KANTIANO DEL PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO
-Los juicios sintéticos a priori.
-La crítica a la metafísica.

6.-LA FILOSOFÍA DE LA ILUSTRACIÓN
-Historia y progreso en el pensamiento ilustrado.
-Razón y libertad.

7.- LA IDEA DE CONTRATO EN LA CONSTITUCIÓN DEL ESTADO MODERNO
-Absolutismo, Liberalismo, Democracia T. Hobbes, 3. Locke, J-J Rousseau)

8.- PLANTEAMIENTOS ÉTICOS ILUSTRADOS
-Del emotivismo ético al formalismo moral (D. Hume e I. Kant).

3. PARTE: FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA
Núcleos temáticos:
-Crítica a la tradición filosófica.
-Intentos contemporáneos de reformar la racionalidad.

1.-ORIENTACIONES GENERALES DEL PENSAMIENTO CONTEMPORÁNEO

2.- K. MARX
-Alienación e Ideología.
-El Materialismo Histórico,

3.- F. NIETZSCHE
-Crítica a la tradición judeo-cristiana y al platonismo.
-Nihilismo, voluntad de poder y superhombre.

4 . J. ORTEGA Y GASSET
-La razón vital e histórica.
-El perspectivismo.

5.- RAZÓN Y COMUNICACIÓN
-Hermenéutica.
-Nuevos planteamientos de la racionalidad comunicativa.

PROGRAMA DE AUTORES Y TEXTOS

BLOQUE I
a) Platón: República. Libros VI (dc 504E a 511E) y VII (dc 514A a 521A).
b) Tomás de Aquino: Suma contra gentiles. Libro 1,4-8. B.A.C

BLOQUE II
a) R. Descartes: Discurso del Método. Partes 2ª y 4ª.
I. Kant: "¿Qué es la Ilustración?"
Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres. (Selección caps.1 y 2)

BLOQUE III
a) K. Marx: "Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política".
b) F. Nietzsche: Crepúsculo de los ídolos. Madrid, Alianza, págs. 45-59.
BLOQUE 1V
a) J. Ortega: El tema de nuestro tiempo: "La doctrina dcl punto de vista", Obras completas,
Vol III, Madrid, Revista dc Occidente.
b) María Zambrano: Filosofía y Poesía: ”Pensamiento y Poesía". México, F.C.E., págs. 13-25.
Persona y Democracia: “La Democracia”.Barcelona. Anthropos, pág.133-136

Algunas normas para comentar un texto

Algunas normas para comentar un texto

Comentario de textos:
Normas para el comentario de texto en Filosofía
Preparación del Comentario, pasos a seguir:
1º Haz varias lecturas, atentas y comprensivas, para ir comprendiendo las palabras-clave, los términos técnicos (vocabulario), así como la idea central y otras ideas con las que se articula, y los presupuestos y datos implícitos desde los que opera el autor en el texto.
2º Define el tema o idea central de forma clara y precisa, formulando su contenido en breves palabras, y las ideas en las que se sustenta.
3º Determina la naturaleza del texto:
¿Qué pretende el autor en este texto?:
- Afirmar o demostrar una tesis.
- Definir o precisar un concepto.
- Refutar una opinión comúnmente admitida.
- Exponer o criticar un punto de vista, etc.
4º Descubre su estructura y argumentación, delimitando las partes en que se divide el texto. Observa su encadenamiento o trabazón mediante las conjunciones o partículas de "articulación", que enlazan las distintas partes.
5º Sitúa el texto en su contexto para obtener un conocimiento más amplio y profundo, viendo:
- Con qué tema importante y problemática está relacionado el contenido de este texto.
- A qué tesis o doctrina quiere contraponerse o pretende refutar.
- Qué lugar ocupa este tema o problema en la obra o filosofía del autor.
- Cuáles son los presupuestos desde los que opera o la problemática implícita desde la que argumenta.
6º Haz tu crítica y valoración personal: enjuicia el texto desde tu perspectiva, haciendo una valoración del problema, de la solución o punto de vista aportado por el autor.
NOTA: Todos estos puntos no tienen la misma importancia, ni aplicación en cualquier texto, por lo que los seguirás en la medida de su utilidad para profundizar y esclarecer el contenido del texto.
Modelos de exámenes
PLATÓN:
"En todo caso, lo que a mí me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es la idea de Bien. Una vez percibido, ha de concluirse que es la causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz v el señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público."
Cuestiones:
Explica las ideas que expone Platón en el texto. (2 puntos).
Explica el significado que tienen en Platón los términos siguientes:
opinión, dialéctica, reminiscencia. (3 puntos).
Relaciona las ideas del texto o la filosofía de Platón con la de otro u otros autores. (3 puntos).
Expón razonadamente tu posición personal sobre las ideas que aparecen en el texto o sobre el pensamiento de Platón. (2 puntos).
ARISTÓTELES
"La razón de que el hombre sea un ser social, más que cualquier abeja y que cualquier otro animal gregario, es clara. La naturaleza, pues, como decimos, no hace nada en vano. Sólo el hombre, entre los animales, posee la palabra. La voz es una indicación del dolor y del placer; por eso la tienen también los otros animales. (Ya que por su naturaleza han alcanzado hasta tener sensación del dolor y del placer e indicarse estas sensaciones unos a otros). En cambio, la palabra existe para manifestar lo conveniente y lo dañino, así como lo justo y lo injusto. Y esto es lo propio de los humanos frente a los demás animales: poseer, de modo exclusivo, el sentido de lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, y las demás apreciaciones. La participación comunitaria en éstas funda la casa familiar y la ciudad".
CUESTIONES:
1.- Señala las ideas fundamentales que aparecen en el texto.(2 puntos).
2.- Explica qué significan en Aristóteles, los términos siguientes:
Ciudad, naturaleza, causa final.( 3 puntos).
3.- Relaciona la teoría expuesta por Aristóteles en el texto con la de otro u otros autores.( 3 puntos).
4.- ¿Qué juicio te merece la realidad de la sociedad actual a partir del texto de Aristóteles? Haz una reflexión crítica.( 2 puntos).

Textos de los presocráticos para comentar

TEXTO 1
“Ante de todo existió el Caos. Después, Gea (La Tierra), la de amplio pecho, sede siempre segura de todos los Inmortales que habitan las nevadas cumbres del Olimpo. (En el fondo de la tierra de anchos caminos existió el tenebroso Tártaro). Por último, Eros (el amor), el más hermoso entre los dioses inmortales, que afloja los miembros y cautiva en sus pechos el corazón y la sensata voluntad de todos los dioses y hombres.
Del Caos surgieron Erebo (las tinieblas) y la negra Noche. A su vez, de la Noche nacieron el Éter y el Día, a los que alumbró preñada por contacto amoroso con Erebo. Gea dio vida primero al estrellado Urano con sus mismas proporciones, para que la contuviera por todas partes y poder ser así sede siempre segura para los felices dioses. También dio a luz a las grandes Montañas, deliciosa morada de las Ninfas que habitan en los boscosos montes. Ella igualmente parió al estéril piélago de agitadas olas, el Ponto, sin mediar grato comercio.
Luego, acostada con Urano, alumbró al Océano del profundas corrientes, (…). Después de ellos -el más joven- nació Cronos (el Tiempo), de mente retorcida, el más terrible de sus hijos, y se llenó de intenso odio hacia su padre…”
HESIODO, TEOGONÍA.
1. En este texto, ¿es filosofía, ciencia o mito? ¿Por qué?
2. Haz un esquema (genealógico) del texto.
3. Busca mitos sobre el origen del universo. Compáralos con este texto y con el relato de la creación en el Génesis.

TEXTO 2
“Anaxímenes (…) dijo que el principio (arjé) era aire indefinido, del cual nacen tanto las cosas que están llegando a ser como las que ya fueron y las que serán, así como los dioses y seres divinos, mientras que lo demás nace de los descendientes de aquél. El aspecto del aire es el siguiente: invisible a la vista cuando se encuentra en su termino medio, si bien se hace notar por lo frío, lo caliente, lo húmedo y al moverse. (Y es que se mueve siempre, pues no cambiaría cuanto cambia si no se moviese.) En efecto, al condensarse y al enrarecerse se manifiesta de un modo diferente, pues cuando se dispersa hacia la forma más sutil, se torna en fuego; los vientos, a su vez, son aire que se está condensando. Del aire se forma asimismo la nube por apelmazamiento y el agua, por uno mayor; condensado en mayor grado, se torna tierra, y en grado máximo de condensación, en piedras, de modo que lo principal de la generación son los contrarios: caliente y frío. La tierra es plana y monta sobre el aire. De modo sejemante, también el Sol, la Luna y las demás estrellas, que son todas de fuego, cabalgan sobre el aire por hecho de ser planos. Las estrellas nacen de la tierra, porque de ella asciende humedad que, enrarecida, se torna fuego, y del fuego, y del fuego que alcanza las alturas se configuran las estrellas.”
ANAXÍMENES. Según el testimonio de Hipólito.
1. Haz un esquema del texto de Anaxímenes.
2. Compáralo con el texto de Hesíodo. ¿Cuáles son las diferencias y las semejanzas?
3. ¿Por qué el primero es un texto mitológico y éste es ya filosófico/científico?

TEXTO 3
“Los primeros seres vivos nacieron del agua y estaban cubiertos de una corteza espinosa; en una fase más avanzada se trasladaron a terreno seco y al caérseles la corteza cambiaron en poco tiempo su forma de vida”
ANAXIMANDRO
1. ¿ Con que teoría posterior se puede identificar? Razona la repuesta.

Compara estas dos formas de explicar el estado actual del universo (textos cuatro y cinco).
TEXTO 4
“Tales pensó que era necesario que la tierra descansará sobre el agua, pero omitió decir sobre qué descansará sobre el agua, mientras que Anaximandro prescinde audazmente de la necesidad de soporte. Su mundo se equilibra y permanece en su sitio por obrar de `la equidistancia de todas sus cosas, para expresarlo con la frase que ha llegado hasta nosotros.
BENJAMIN FARRINGTON. Ciencia y filosofía en la antigüedad, Ariel, Barcelona, 1979.
TEXTO 5
“En su tierra arbolada, un obligo del mar vive ahora una diosa que es hija de Atlante, el terrible, el que sabe cuáles son las honduras del Ponto, y sostiene él tan sólo las enormes columnas que el cielo y la tierra separan”
HOMERO. Odisea, I, 51-54.

Los sofistas y Sócrates.

1. Contexto histórico.
a. Guerras médicas. Maratón. Esplendor de Atenas. Pericles. Régimen democrático. Intervención de los ciudadanos (Isagoría) en el agora. Oratoria y dialéctica. Insuficiencia de la educación tradicional. Recursos persuasivos a los jóvenes con ambiciones políticas.

2. Sofistas.
a. Extranjeros. No participan pero forman
b. Panhelenistas. Unidad de los griegos.. Pacifistas.
c. Educadores. Oratoria y erística.
d. Oradores y escritores.
e. Doctrinas humanistas. Filosofía práctica.
f. Relativistas.
g. Escépticos. Valor del conocimiento.
h. Subjetivistas.
i. Indiferentismo moral y religioso
j. Convencionalismo jurídico
k. Oportunistas.
l. Utilitarista
m. Creyentes en el poder ilimitado de la palabra
n. Venales
o. Defensores del proceso inductivo.

3. Importancia de los sofistas.
a. Periodo antropológico
b. Perfeccionamiento del método dialéctico
c. Plantean el problema del conocimiento
d. Convencionalismo. Las leyes dependen del acuerdo entre los ciudadanos. Iusnaturalismo. Origen trascendente de las leyes.
e. Iniciadores de la formación humanística.


PROTAGORAS
- Heráclito y atomistas.: “El hombre es la medida de todas las cosas de las que son en cuanto son y de las que no son en cuanto no son”
- Relativismo epistemológico. Hay tantas verdades como individuos. Negación de la validez universal del conocimiento
- Relativismo moral. Negación de valores universales y del Bien con May.
- Relativismo legal.- Cada pueblo tiene sus leyes. Convencionales. Modificables
- Relativismo religioso.- Agnosticismo: No podemos saber si los dioses existen ni qué forma tienen; es una cuestión oscura y la vida humana demasiado breve para aclararla.

GORGIAS.
- Empédocles y los eleatas. Negó la existencia del ser Agnosticismo y nihilismo.
- No existe nada.
- Si existiera no podría conocerse.
- Si pudiera ser conocido, no podría ser comunicado.

sofisma.
(Del lat. sophisma, y este del gr. 1. m. Razón o argumento aparente con que se quiere defender o persuadir lo que es falso.

Sócrates:
- Autodidacto
- Tomado por sofista
- Corrupción de menores. Impiedad.
- Proceso y trágico final. Aceptación de la sentencia. Honestidad cívica.
- Gallo a Esculapio. La vida como enfermedad. Inmnortalidad del alma.

- Coincidencias y divergencias Soc-Sof

o Preocupación por la educación de la juventud
o Escepticismo respecto a las espec. Cosmos. Presocr.
o Interés por el hombre como miembro de la sociedad.

- Utilitarismo
- Orientación de la educación hacia el éxito en la política y los negocios.
- Actitud sensista, subjetivista y relativista.
- Responsables de la decadencia ateniense
- La educación tiene que orientarse al bien y la virtud. Formación de buenos gobernantes y ciudadanos. Mejora individual por medio de la virtud.

Método socrático

Método inductivo. Descubrir los conceptos universales y las definiciones (especialmente morales) a partir de casos concretos.
La definición, el concepto universal, encierra la esencia de una cosa. La ciencia consiste en una serie de conceptos fijos, conseguido por la supresión de rasgos particulares ascendiendo hasta las especies y géneros para ofrecer definiciones aplicables a todos los casos concretos.
Mayéutica. Preguntas hábiles. La verdad está ahí dentro. (ideas innatas en el alma de todo hombre). Ironía: asunción de la ironía. Sólo sé que no sé nada.

Doctrinas socráticas.
- Reflexión del hombre sobre sí mismo. Conócete a ti mismo.
- Antropología. Dualista. Superviviencia del alma. Mundo mejor. Dos clases de conocimiento.
- Hombre religiosos. Dios único, supremo, no poerceptible por los sentidos, ordenador del mundo, aunque no creador..
- Ética. Intelectualismo moral.