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La tortuga de Zenón

Ortega: Los apuntes

(Hay que estudiarse ésto: especialmente el punto 3, que coincide con la temática del texto a comentar)

3. El perspectivismo

Es la segunda etapa del desarrollo de la filosofía de Ortega, y se puede situar en tomo a 1914, fecha en la que se publica su primer libro, Meditaciones del Quijote. Ortega ha hecho por entonces un descubrimiento filosófico tan trascendental que dedicará el resto de sus días a desarrollar su contenido, aplicándolo a los más diversos asuntos: el tema de la circunstancialidad.
Antes de adentramos en el análisis de los conceptos de "circunstancia" y "perspectiva" es necesario, junto con Ortega, "plantar cara" a las dos formas tradicionales de enfrentarse al problema de la verdad: el idealismo y el realismo.

3.1. Críticas al realismo y al idealismo
La afirmación de que la vida es la realidad radical impone a Ortega la crítica al idealismo y al realismo (es decir, al subjetivismo y al objetivismo). Tanto uno como otro caen en el mismo error, son la cara y la cruz de la misma falsa moneda, al ignorar la vida como realidad radical.
Para el realismo, la verdadera realidad son las cosas en sí mismas, independientemente de mi pensar, de mi yo, que se convierte en otra cosa. Pero esto es simplemente una ilusión ridícula, ya que el yo es quien vive las cosas. El realismo no ha sabido dar importancia al yo y ha quedado absorbido por el mundo exterior. Encontramos una crítica al realismo en Historia como sistema, a raíz del análisis que hace de la ciencia. La ciencia, entendida como razón naturalista, como razón físico-matemática, como realismo, ha olvidado que el ser humano no es una cosa, y en consecuencia es falso hablar de la "naturaleza humana". La vida humana no es un objeto, no se trata de una cosa y por eso no posee una naturaleza: "El hombre no tiene naturaleza, sino que tiene historia". La razón físico-matemática tiene validez cuando se trata de medir y calcular, pero cuando trata de abordar la vida humana, ésta se le escapa, como el agua lo hace por una canastilla.

El idealismo, la otra cara de la moneda, comete el mismo error. El racionalismo cartesiano, verdadero iniciador del subjetivismo, disuelve el mundo exterior en favor del yo, de la sustancia pensante. Para Ortega no puede existir el yo sin las cosas, sin mundo. No puedo hablar de las cosas sin el yo, pero tampoco puedo hablar del yo sin las cosas. La realidad radical no puede ser el cogito hermético de Descartes, el pensante aislado, sino el pensante con las cosas, el yo viviendo con las cosas; es decir, mi vida. El idealismo va, pues, contra la vida.
Solamente existe un yo, que coexiste con el mundo y conserva su intimidad, su autenticidad. Y que es, por otra parte, inseparable de las cosas y de "sus cosas". Ésta es la verdad fundamental, el dato radical del Universo: la vida del yo en el mundo, en este mundo, aquí y ahora. .

3.2. La circunstancia
A partir de la publicación de Meditaciones del Quijote, en 1914, se introduce en la obra de Ortega el tema de la circunstancialidad de lo humano. Se ha efectuado un descubrimiento filosófico trascendental: la circunstancialidad será una pieza clave de la filosofía orteguiana y bajo ella cobra luz todo el desarrollo posterior de su pensamiento. La doctrina de la circunstancialidad permite explicar el proceso vital e intelectual del propio Ortega: "Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo".
Así, la propia afirmación orteguiana de que, además de su yo, están las circunstancias, a las que el yo tiene que conferir sentido, para que ambos -yo y circunstancias- puedan "salvarse". El método filosófico de Ortega consiste en partir de la reflexión de las cosas que nos son más próximas, las que nos rodean, para elevarse poco a poco a las más lejanas.
¿Qué es la circunstancia de la que habla Ortega? Este término procede etimológicamente de circunstare e incluye tanto las realidades físicas que nos circundan, incluso aquellas que se encuentran más allá de nuestro alcance, tales como el momento temporal, entendido como acumulación de pasado y proyecto de futuro como la sociedad que nos rodea, con su historia y su proyecto vital. La circunstancia es todo 10 que interviene en la vida del ser humano y es utilizado por él para hacerse a sí mismo.
De esta forma, la vida es un continuo intercambio entre el yo y la circunstancia, un intercambio dirigido por la razón, hasta el punto de que, para Ortega, vivir es razonar. Ahora bien, este razonar necesita una previa toma de contacto: en esto consiste la perspectiva.

3.3. La perspectiva
Hemos hablado del carácter primario de la vida. Pero como la vida es circunstancial, la vida es un punto de vista sobre el Universo. La circunstancia, lo que está a mi alrededor, posibilita mi vida y, por 10 mismo, constituye la perspectiva concreta desde la que se me muestra la verdad de las cosas.
Ni es válida la postura del dogmático, para el que la verdad es una, la suya, y pretende imponerla a los demás, ni tampoco es válida la del escéptico que, ante la variedad de opiniones, concluye que ninguna verdad puede pretender el carácter de tal. La posición correcta es otra: la verdad tiene muchas caras, y dependiendo de la perspectiva desde la que la miremos, nos ofrecerá aspectos distintos. "La sola perspectiva falsa es esa que pretende ser única." Dicho de otra manera, 10 falso es la Utopía, la verdad no localizada, vista desde "lugar ninguno". El sujeto funciona como una retícu1a interpuesta en una corriente y deja pasar unas cosas y retiene otras. El sujeto no deforma la realidad, sino que la selecciona desde su circunstancia.

La realidad consiste en asimilar aquella perspectiva, aquellas circunstancias, a través de las cuales yo la interpreto sin rechazar las perspectivas y las visiones de los demás. Porque cada perspectiva es una visión que capta una parte de la verdad y es preciso integradas y asumir la multiplicidad de ellas.
En consecuencia, podemos decir que no puede haber un enfrentamiento entre las perspectivas. En este sentido, Ortega hablará de la necesidad de apreciar en cualquier otro que no seamos nosotros un valor propio. El valor radicará precisamente en su desacuerdo conmigo, porque su desacuerdo es signo de su autonomía frente a las cosas. Esto lleva a considerar que "el otro será más valiosos en la medida en que sea más fiel a su individualidad". ¿Pero entonces, cómo será posible la convivencia si cada uno está encerrado en su propia perspectiva? La solución quizá se encuentre en lá síntesis de las perspectivas; síntesis que en el plano moral, político o religioso se puede resumir con el término de "tolerancia".. Tolerancia, término que viene a significar la aceptación de que las posiciones del otro tienen el mismo derecho a existir que las mías, porque unas y otras son parciales y complementarias. De esta forma entendida, la perspectiva individual nos podría conducir a la perspectiva entendida socialmente. Porque tolerancia sería un valor positivo que aumenta la convivencia dentro de la sociedad. Esta tolerancia le sirvió a Ortega para entender a otras culturas, ya que cada cultura vería también la misma realidad desde una perspectiva distinta e insustituible.

3.4. ¿En qué consiste el perspectivismo?
La perspectiva visual constituye un punto de partida para entender la perspectiva real. En una perspectiva visual encontramos:
1. Alguien que mira desde un punto de vista.
2. Algo visto en ese mirar.
3. Distintos planos o distancias.
4. El punto de vista, que incluye el lugar, dirección de la mirada, tiempo... (por "ver" entiende un "mirar", un "prestar atención"). En todo ver hay un ángulo muerto, que no vemos, ya que nuestro ver se centra en aquello que nos interesa, y, a su vez, ese interés nace de la constelación de nuestras necesidades, deseos y apetencias.
Parece claro a 10 que nos referimos con la "perspectiva visual"; pero... ¿qué quiere decir Ortega con "perspectiva real"? Se trata de algo más complejo, ya que abarca otros aspectos además del visual: intelectual, afectivo, volitivo, estimativo, pragmático...
Podemos distinguir una doble dimensión en la perspectiva real:
- subjetiva, que abarcaría una serie de factores psicológicos, e
- intersubjetiva, que consta de los ingredientes sociales peculiares de las distintas colectividades en que se inserta el individuo.
En el sentido etimológico del término perspectiva podemos encontrar dos aspectos diferentes. Toda perspectiva es, a la vez, pre-spectiva y pro-spectiva. Como pre-spectiva ofrece una serie de elementos a priori (todas las experiencias del sujeto); y, además, el a priori cordial o constelación de necesidades biológicas, emociones, sentimientos, intereses, etc. "El paisaje ordena sus tamaños y sus distancias de acuerdo con nuestra retina y el corazón reparte sus acentos." Como pro-spectiva está orientada al porvenir. A un porvenir no cerrado, que tiene que hacerse. Para ello el ser humano goza de libertad.

La perspectiva nos coloca ante la verdad desde el punto de vista de la individualidad, pero compatible y susceptible de adición a la verdad de los demás. Mi finitud sólo me deja abarcar lo abarcable desde mi circunstancia, que es única e intransferible. Pero estoy obligado a transmitir a los demás mi trozo de verdad. Se puede acceder a la verdad integral partiendo de la suma de las verdades parciales. Sin embargo, existe una verdad absoluta que sólo es asequible a una razón absoluta: la de Dios. Es, por tanto, inútil intentar alcanzarla.

4. La razón vital e histórica

El raciovitalismo es la tercera etapa de su pensamiento. En esta etapa se conforman los conceptos de razón vital y razón histórica.

4.1. La razón vital. El raciovitalismo
El raciovitalismo es la aportación básica de Ortega, la maduración de su. pensamiento. Esta etapa es una evolución y concreción del perspectivismo anterior. Representa una reflexión de las perspectivas radicales en las que el ser humano está situado: la perspectiva de la razón y la perspectiva de la vida. Establece la necesidad de superar la falsa dicotomía en la que se ha entrado al concebir la razón como fundamento de la verdad, del conocimiento, de la objetividad, frente a la vida, que representaría lo particular, lo mutable, lo irracional, el deseo, la pasión. Estos dos polos, no es que sean irreconciliables, sino que, al contrario, son inseparables.
Pero antes de exponer las tesis, a nuestro juicio, básicas del raciovitalismo, es preciso que desterremos esos dos falsos caminos: racionalismo y vitalismo. Lo haremos siguiendo a Ortega en su artículo "Ni vitalismo ni racionalismo", publicado en la Revista de Occidente, en 1924.

Crítica al vitalismo
Dentro del campo de las doctrinas filosóficas podemos distinguir, según Ortega, tres acepciones del término vitalismo:
l. Vitalismo filosófico, para el que el conocimiento es fruto del proceso biológico. Desde esta perspectiva, la filosofía y la epistemología se diluyen dentro de la biología.
2. La filosofía de Bergson: donde la razón no es el modo superior de conocimiento del ser humano, sino que hay un modo más profundo, concretado en la vivencia íntima de las cosas. La realidad se define como devenir y la forma de aprehenderla es la intuición. La razón sólo nos puede dar una imagen petrificada de la realidad.
3. La tercera formulación del término es la que Ortega hará suya: defender la primacía absoluta del método racional del conocimiento y situar en el centro de la reflexión filosófica el problema de la vida. Se trata de poner de manifiesto que la razón tiene un papel esencial y fundamental en la vida.
El vitalismo de Ortega no es ya un "vitalismo a secas" (nuestro autor se preocupa mucho de marcar diferencias con una interpretación reduccionista de su vitalismo), ya que el concepto de razón vital supera el mero vitalismo y manifiesta la necesidad del pensar para el vivir.


Crítica al racionalismo

Hemos visto cómo Ortega se ve forzado a criticar el vitalismo en favor de la vida, entendida como una vida que no puede ser vivida sin la razón. De igual forma también se ve en el compromiso de criticar el racionalismo en nombre de la razón.
Al racionalismo tiene que recriminarle el no admitir la existencia de zonas de irracionalidad, de áreas de la realidad opacas a la razón. Los racionalistas, movidos por una beatería poco racional, han hecho acto de fe de la razón y han abrazado la creencia en su uso ilimitado. Ortega critica los excesos del racionalismo, no de la razón.
El raciovitalismo propugna una mayor atención a la vida, promovida desde la teoría y con la pretensión de ser una teoría. Esta perspectiva no puede prescindir de la razón y por eso Ortega se siente incómodo con el calificativo de vitalismo, sin más, con el que se identificaba a su filosofía, pues el término vitalismo tiene connotaciones irracionales que no puede aceptar. Es en este intento por desmarcarse de este vitalismo reduccionista cuando utiliza expresiones como "Razón vital" o "Razón histórica", que más tarde comentaremos, o la expresión "Raciovitalismo", que es la que utilizamos aquí para definir su sistema filosófico.
La vida es la realidad radical, en el sentido que ya hemos explicado más arriba. Pero es una realidad radical nueva; algo radicalmente distinto a lo conocido hasta entonces en la filosofía. Para esta concepción no valen los conceptos tradicionales de realidad y ser. Ortega explica una nueva realidad, propone una nueva idea de ser y, por tanto, una nueva ontología.
Para los filósofos antiguos, realidad y ser equivalían a cosa; para la filosofía moderna, ser significaba intimidad, subjetividad. Para Ortega va a significar vivir, es decir, intimidad consigo y con las cosas. "Hay que retorcer el pescuezo a los venerables y consagrados conceptos de existir ser y tapar sus quejidos agónicos con una fuerte voz que afirme: lo primario que hay en el Universo es mi vivir y todo lo demás lo hay, o no lo hay, en mi vida, dentro de ella."

Las tesis del raciovitalismo

Veamos ahora, de una forma sistemática, en qué consiste el raciovitalismo. Podemos encontrar implícitas las siguientes tesis:
1º Primacía ontológica de la vida. La vida es la realidad primera y primigenia, anterior al pensamiento. Tras siglos de idealismo y racionalismo, tras siglos de mantener la primacía de la razón sobre la realidad, Ortega cree que es preciso replantearse los problemas. Hay que darse cuenta de que la vida estaba ahí, antes de que el ser humano se dedicase a llenar su ocio filosofando, antes de que la mirada filosófica recayera en ella. Hay que someter a la razón a una cura de humildad y, lejos de intentar crear un mundo artificial a la medida de la razón, lo que debe hacer esta presuntuosa razón es dar cuenta, dar razón, de aquello que le precede: la vida. Tomar la vida como realidad radical (cuestión que abordábamos al principio de nuestra exposición) es el emblema del raciovitalismo, pues reconoce que la vida es lo radical para el ser humano; pero, a la vez, hay que teorizar, y ésta es la tarea del filósofo. Estamos ante la vieja verdad indudable de Descartes, pero ahora sensiblemente cambiada: Pienso, porque vivo; el pensamiento viene después y debe abordar esa realidad y esa vida que le preexisten.

2º La vida que le interesa no es cualquier clase de vida, sino la que cumple con una serie de condiciones determinadas. Estas condiciones son: que la vida humana es la de cada cual, es la vida personal, que por ser personal lleva al hombre y a la mujer a hacer siempre algo en una determinada circunstancia. Circunstancia que nos ofrece diversas posibilidades de hacer y ser, que añade a la vida la nota de libertad, pero también de inevitable fatalidad, ya que no podemos salimos del marco que determina nuestra circunstancia. De esta forma mi vida es responsabilidad exclusivamente mía.
3º Es con la introducción del pensamiento como la vida humana puede diferenciarse de cualquier otra vida. No estamos hablando de cualquier vida, sino de la vida de quien tiene conciencia para dar cuenta y razón de ella. El pensamiento es lo que da sentido a la forma propia de actuar del hombre y de la mujer, a la acción. De modo que no puede hablarse de acción, sino en la medida en que está regida por un previo distanciamiento, por una contemplación, por una teoría. Esta teoría responde a la necesidad que tiene el ser humano de pensar y a su capacidad de ensimismarse. El ser humano necesita de la razón para su propia supervivencia. Existe una relación dialéctica entre razón y vida.
4º El pensar humano, el conocer, es una labor en continua ampliación. Si en algún momento dijéramos que hemos alcanzado todo el saber posible, estaríamos identificando el saber con lo sabido por nosotros y, entonces, ese saber se convertiría en absoluto y con ello estaríamos matando al propio conocer, ya que no existiría nada nuevo por conocer. El pensamiento y el conocimiento son una conquista, "una adquisición laboriosa, precaria, volátil". No hay peor ignorante que el que cree saberlo ya todo, que aquel que no es consciente de su ignorancia. Sin embargo, para el ser humano que sabe de su ignorancia, con cada nuevo conocimiento se le abren nuevos horizontes, nuevas incógnitas e ignorancias que precisan ser atendidas nuevamente por su conocimiento. En este sentido, Ortega nos propone cambiar la archiconocida definición del ser humano como homo sapiens por la de homo insipiens (ser humano ignorante).
Una de las formas de manifestarse esta necesidad del pensar son las ideas. Las ideas constituyen la coordenadas con las que los hombres y las mujeres se orientan en el mundo y con las que pretenden solucionar sus necesidades radicales.
Por idea Ortega entenderá aquellos pensamientos que construimos y de los que somos conscientes. Las ideas las construimos, las tenemos y podemos discutirlas, no nos sentimos inmersos en ellas, las ideas y nosotros somos sólo "conocidos". Las creencias, en cambio, son una clase muy especial de ideas, que tenemos tan asumidas que no tenemos la necesidad de defenderlas, son nuestra realidad, están tan pegadas a nuestra piel que en la mayoría de las ocasiones no reparamos en ellas. Es algo parecido a lo que en medicina se denomina "conciencia del órgano": todos tenemos un estómago, cuando algo no funciona bien en él sentimos dolor y reparamos en su existencia, pero cuando está sano no pensamos en él, simplemente lo utilizamos, realiza su función. Algo similar ocurre con las creencias, mientras vivimos en ellas no las sentimos y cuando las sentimos es que algo va mal en ellas, pasan a ser ideas que pueden ser discutidas y necesitamos defenderlas o abandonarlas por otras.
Las creencias son nuestra vida, la realidad en la que estamos inmersos y de la que partimos, y las ideas son equiparables a la razón con la que pensamos la realidad que es la vida. Lo mismo que existe una armonía entre razón y vida, debe existir armonía entre ideas y creencias.
Llega el momento en que no "hacemos pie" en nuestras creencias, empiezan a fallamos y aparece la duda, que no es otra cosa que el intento de buscar la seguridad perdida. Entonces nos afanamos en conocer, en buscar alguna certeza que ocupe el lugar vacío que han dejado nuestras antiguas creencias. El virus de la duda ha sido inoculado por los filósofos, que han sido capaces de sacamos de nuestras creencias y hacer que las pongamos en tela de juicio. (De seguro que en tu andar por este curso de bachillerato algún autor de los que hemos estudiado te habrá hecho cuestionar creencias que anidaban en ti de forma natural, que formaban parte de ti. Ésa es la labor de la filosofía, y si en parte algo de eso hemos conseguido no habrá sido inútil nuestro esfuerzo.) Dentro de los filósofos, los escépticos son los auténticos demoledores, verdaderos martillos que no dejan títere con cabeza, porque llevan la duda sobre nuestras creencias a su grado más alto. El pensamiento es el fruto de esta inestabilidad; las ideas que nacen del pensamiento hay que defenderlas, son susceptibles de discusión porque no son la realidad (como pensara Descartes), sino construcciones que el ser humano hace para separarse de la realidad, para ensimismarse. Cuando conseguimos apartamos críticamente de las creencias de las que vivimos, éstas pueden ser rechazadas o aceptadas, pero en cualquier caso, dejan de ser creencias para convertirse en ideas.
Esta dialéctica entre creencias e ideas se da en la historia. Ha llegado pues el momento de ver la relación que guardan el raciovitalismo y la razón histórica.

La vida como realidad radical

Así pues, ¿qué es vida? Para contestar no hay que irse muy lejos. Nos dice Ortega que las verdades fundamentales tienen que estar siempre a la mano, porque sólo así pueden ser fundamentales. Vida es lo que somos y lo que hacemos: es, pues, todas las cosas, lo más próximo a cada cual. La vida está hecha de nuestras horas más trascendentales, pero también del rosario interminable de nuestros minutos más habituales y aparentemente más insignificantes.

La realidad radical es, pues, nuestra vida, la de cada uno en particular. No existe otra realidad más indubitable. Ni siquiera el pensar es anterior a la vida, al vivir, porque aquél es, como pensamiento, un fragmento de un sujeto determinado que sencillamente vive. Cualquier tipo de realidad siempre, absolutamente siempre, supone de antemano otra realidad que la fundamenta: nuestra vida.
Y para ver en qué consiste esta vida, Ortega nos invita a ir notando, uno tras otro, los atributos de nuestra vida, en orden tal que de los más externos avancemos hacia los más internos, que de la periferia del vivir nos contraigamos a su centro palpitante. Se trata de encontrar las categorías con las que podamos definir la vida. Entiende por categorías las propiedades que todo ser real, simplemente por serlo, trae consigo y por fuerza contiene. Así, las categorías de la vida serían las propiedades que expresan el "vivir" en su exclusiva peculiaridad. En la vida, siguiendo a nuestro autor, podemos encontrar las siguientes categorías:

a) Vivir es encontrarse en el mundo, enterarse de sí. Me doy cuenta de mí mismo en el mundo, de mí y del mundo. Vivir es lo que hacemos y nos pasa, desde pensar o soñar o conmovemos, hasta jugar al baloncesto o beber un refresco. Todo vivir es vivirse, sentirse vivir, saberse existiendo. El verse a sí mismo es el atributo esencial y primero de toda vida humana. Nos vemos a nosotros mismos enredados en un ámbito de temas, de asuntos que nos afectan: en una palabra, nos encontramos en un mundo. Mundo es, en sentido estricto, lo que nos afecta. Nuestra vida según esto no es sólo nuestra persona. La vida consiste en que la persona se ocupa de las cosas y, evidentemente, lo que sea nuestra vida depende tanto de lo que sea nuestra persona como de lo que sea nuestro mundo. Pero no es primero yo y luego el mundo, sino ambos a la vez. Ese mundo, al formarse sólo de lo que nos afecta a cada cual, es inseparable de nosotros mismos.
b) Nos encontramos en este mundo, como ya hemos dicho, ocupados en algo. Yo consista en ocuparme con lo que hay en el mundo y el mundo consiste en todo aquello de lo que me ocupo y en nada más. Ocuparme es simplemente hacer esto o lo otro. Ocuparse es hacer filosofía, encestar un balón o, simplemente, hacer tiempo.
c) Hemos visto que es un hallarse ocupándose en esto o lo otro, un hacer. Pero todo hacer es ocuparse de algo para algo. La ocupación que somos ahora radica en y surge por un propósito -en virtud de un para- de lo que vulgarmente se llama una finalidad.
d) Ese para, en vista del cual hago esto y en este hacer vivo y soy, lo he decidido yo, porque entre las posibilidades que ante mí tenía, he creído que ocupar así mi vida sería lo mejor. La vida es imprevista, no está prefijada, tenemos que decidir. Nuestras decisiones no se las podemos pasar a otro alguien, lo mismo que no puedo transferir mi vida. En este sentido la vida es anticipación y proyecto.


e) Decidimos porque vivir es hallarse en un mundo no hermético, sino que ofrece siempre posibilidades. Por muy seguros que estemos de lo que va a pasar mañana, lo vemos siempre como una posibilidad. Hemos sido arrojados en nuestras vidas, yeso en lo que hemos sido arrojados tenemos que ir haciéndolo cada día, por nuestra cuenta. Tenemos que montárnoslo o como dice Ortega: "nuestra vida es nuestro ser". Siempre estamos anticipando, eligiendo, decidiendo entre posibilidades. Y si puedo elegir es porque tengo "libertad para...".
f) Por otra parte, esas posibilidades entre las que elegimos no son ilimitadas. Para que haya decisión tiene que haber a la vez limitación y holgura, una determinación relativa. Esto lo expresa con la categoría de circunstancias (el tema del circunstancialismo, de suma importancia en su filosofía, lo abordaremos en profundidad más adelante). La vida se encuentra siempre en ciertas circunstancias, vivir es vivir aquí y ahora; el aquí y el ahora son rígidos, incanjeables, pero amplios. Vida es a la vez fatalidad y libertad, es ser libre dentro de una fatalidad dada. Esta fatalidad nos ofrece un repertorio de posibilidades determinado, inexorable, es decir, nos ofrece diferentes destinos.
g) La vida es, por tanto, esa paradójica realidad que consiste en decir lo que vamos a ser, en ser lo que aún no somos, en empezar por ser futuro. Al contrario que cualquier otro ser, el ser humano comienza por el luego, por el después. He aquí otra categoría, una categoría temporal: la vida es futurización.
(Desde hace un rato, estás ahí, al otro lado de estas líneas leyendo, ¿sin decidir nada más? y, sin embargo, ¡qué duda cabe!, viviendo. Mientras leéis, habréis dudado más de una vez en cerrar este libro. Y habéis decidido continuar. En definitiva habrá alguien que ya haya abandonado la lectura y otros seguiréis leyendo. En este último caso, momento tras momento os habréis tenido que plantear el seguir o no. Nuestras decisiones, incluso las más fuertes, han de recibir constante corroboración, han de ser continuamente re-decididas. Y de aquí sacamos una inmediata consecuencia: si nuestra vida consiste en decidir, quiere decir que en la raíz misma de nuestra vida hay un atributo temporal: decidir lo que vamos a ser -el Futuro-. Nuestra vida es toparse con el futuro, la vida es una actividad que se ejecuta hacia adelante, es futurición, es lo que aún no es.)

4.2. La razón histórica
La vida, para el ser humano, va más allá de lo biológico y enlaza con la historia. Cada generación (más adelante analizaremos qué entiende Ortega por "generación") recibe una herencia de sus predecesores, formada por una serie de creencias e ideas. El partir de cero es sencillamente imposible, somos historia y nuestra conciencia histórica consiste en damos cuenta del conjunto de creencias que hemos recibido, ser consciente de ellas y poderlas conservar, transformar o aniquilar. Para evitar caer en los mismos errores del pasado y no repetirlos, es preciso saber por qué se llegó a errar; sólo desde el conocimiento de la historia es posible encarar el futuro con la pretensión de que éste sea mejor que el pasado. Olvidar su historia sería el error más peligroso en el que pudiera caer un hombre o una mujer de una generación para con los de la generación siguiente. Este comportamiento "antihistórico" sólo podría calificarse de "suicidio", estaríamos matando una parte de nuestra razón, de nuestra vida, de nosotros mismos.
Razón, vida e historia son inseparables, porque en el caso del ser humano vienen a ser una misma cosa. Existe una relación dialéctica entre la razón viviente y la razón histórica. La razón viviente consiste en que toda persona va siendo y des-siendo, deforma que el vivir alcanza una nueva perspectiva desde el ángulo de la razón histórica: el ser humano se dará cuenta de que es un inacabable proyecto, una perspectiva con múltiples horizontes.
Mi vida es historia. Mi vida es circunstancia y, por tanto, circunstancia histórica. La razón vital se concreta en la razón histórica, ya que partimos de un sujeto con una determinada realidad social e histórica. Pero en modo alguno estamos hablando de dos razones distintas, sino que la razón vital es a la vez razón histórica, porque la vida (ya lo hemos visto) es esencialmente temporeidad, comprende la realidad en su devenir. El historicismo de Ortega tiene dos planteamientos significativos en cuanto a la concepción del hombre y la teoría de las generaciones.

EL HOMBRE COMO SER HISTÓRICO

LA RAZÓN HISTÓRICA

- La historia como lugar de esta dialéctica.
- La importancia del pasado.
- Vida = razón = historia.
- Razón histórica = razón vital.
- Vida y circunstancia histórica.
- El ser humano no tiene naturaleza, sino historia.
- Teoría de las generaciones; jóvenes, adultos y ancianos.

- Elite y masa (el problema de España: las masas no obedecen las directrices de la elite).

4.3. Concepción del ser humano
Dice Ortega que el ser humano no tiene naturaleza, sino historia. Su vida no es estática, no es algo acabado, inmutable, sino que es tiempo, futurización (recuérdense las categorías de la vida), se va haciendo en la historia, la historia pertenece a la vida de cada uno de nosotros y nosotras. Vivimos en un determinado momento, tiempo, época histórica, inmersos en la temporeidad que ya definimos como atributo esencial de nuestra vida. Pero no es el tiempo que marcan los relojes -nos dice Ortega-, sino un tiempo que es innovación, misión, tarea, siempre volcado hacia el futuro. El ser humano no se puede desentender de la historia, porque su vida es ya historia, su circunstancia es histórica. El hombre y la mujer, en definitiva, son historia.

4.4. La teoría de las generaciones
Las distintas épocas históricas se caracterizan por una sensibilidad determinada, y las variaciones de sensibilidad se presentan bajo la forma de generación. Cada época tiene una forma de vida (creencias, ideales, formas, usos, etc.), y esta forma de vida dura cierto tiempo (Ortega habla de quince años). Por esto, en un mismo momento histórico coinciden varias generaciones: jóvenes, adultos y viejos. Son generaciones contemporáneas, pero no coetáneas (en el sentido de tener la misma edad y la misma sensibilidad). En esta diferencia generaciona1 radica la posibilidad de innovación, ya que cada generación recibe lo vivido por la anterior, pero, por otro lado, deja fluir su espontaneidad. La rebeldía en las generaciones jóvenes es algo natural y necesario, ya que los jóvenes están llamados a otras tareas, a otras misiones diferentes a las de sus antecesores. Como una generación precede a otra, el estudio de las generaciones se convierte en un estudio histórico. Cada generación engloba a una elite y a la masa. La elite encarna la creatividad, la libertad, tiene la misión de dirigir a las masas. La misión de las masas es obedecer las directrices marcadas por las elites. Este planteamiento coincide en el plano político con su defensa del liberalismo político, al que considera como una idea radical sobre la vida. Creer que cada ser humano debe quedar franco: para henchir su individualidad e intransferible destino.
Ortega considera que en su época se ha dado una confusión entre quien manda y quien tiene que obedecer. Las masas se han rebelado y no quieren obedecer las directrices marcadas por las elites, y, fundamentalmente, en esto consiste la invertebración de España. De ahí la preocupación de los intelectuales por el "problema de España". A esta problemática responden dos de sus obras más interesantes: España invertebrada y La rebelión de las masas, donde nos da una visión pesimista de España, de una España desvincu1ada de Europa.
Esta elaboración intelectual coincide con una intensa actividad política: en 1923 crea la Revista de Occidente; en 1929 se decanta contra la dictadura de Primo de Rivera y funda con otros intelectuales la Agrupación al Servicio de la República; en 1931 es elegido diputado a Cortes Constituyentes, pero al no convencerle el rumbo que los asuntos políticos, y el poco caso que a los intelectuales suelen hacer los políticos adopta una postura crítica en su conferencia "Rectificación de la República"; en 1932 se retirará definitivamente de la vida política y se dedicará de lleno a su trabajo intelectual.
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