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La tortuga de Zenón

Comentario a La República

El Estudio Supremo

El “estudio supremo” radica en el conocimiento de la idea del Bien, idea que confiere sentido y valor a la totalidad de cuanto existe, tanto en el ámbito de lo ideal como en el de lo sensible. Su conocimiento es arduo y difícil, para él no todos están preparados, pero es absolutamente imprescindible para aquél que aspire a administrar la ciudad. La naturaleza del Bien (Agatón) es abordada por Platón siguiendo su procedimiento preferido, aquel que aprendió de Sócrates, que consiste en probar definiciones provisionales para, depués de examinadas, progresar paulatinamente hasta la definición definitiva. Inicialmente se presenta la opinión más frecuente que identifica el bien con el placer (hedoné), o con la actividad intelectual, la inteligencia (frónesis, es el término utilizado). Pero el bien no puede reducirse ni a lo uno ni a lo otro. Quienes defienden que es placer no logran aquilatar la esencia de lo que entienden por placer, lo presentan de diferentes formas y, además, terminan aceptando que existen placeres malos y buenos (convendría tal vez distinguir aquí entre bondad inmediata y a medio-largo plazo) Platón se refiere aquí, sin lugar a dudas, a las discusiones que al respecto se desarrollaron en la Sofística y más especialmente, en el seno de la Escuela cirenaica, fundada por Aristipo, quién tambien fuera discípulo de Sócrates. Con respecto a los que defienden la segunda opción (esto es, que una actividad intelectual), ocurre otro tanto, pues que al final acaban por reconocer que el bien es inteligencia, actividad intelectual que tiene como objeto el estudio del propio bien, produciéndose un círculo vicioso. Para superar este lamentable estado de cosas se de proceder de manera diferente. No debe, en forma alguna, abandonarse este “estudio” que es imprescindible para quienes han de gobernar el país.

Alegoría del sol

"¿Qué es, en definitiva, el bien", insiste Adimanto. Sócrates, como era de esperar, asegura desconocerlo, y por ello no se cree capacitado para hablar pues "las opiniones (doxa) sin ciencia (episteme) son lamentables; pero, presionado, ofrece una salida de compromiso: para avanzar en la cuestión se hace imprescindible dejar provisionalmente de lado el análisis del Bien 'en sí', es necesario dar un rodeo, y propone hablar de lo que llama el 'vástago del bien en sí'. Para ello, invita a sus contertulios a recordar algunas cosas que deben quedar muy claras desde el comienzo, la constatación de la variedad de seres del mundo sensible (“hay muchas cosas bellas, muchas buenas, y así, con cada multiplicidad, 507b"), frente a la unicidad de los seres inteligibles, las ideas ("hay algo Bello en sí y Bueno en sí (...) una idea única, y denominamos a cada una 'lo que es', 507b"). Los seres físicos son múltiples (hay muchas cosas que podemos llamar bellas) y remiten a su idea (idéa) correspondiente (en nuestro ejemplo, la idea de Belleza), la idea existe por sí misma, es única, es 'lo que es'; Las ideas son causa de los seres físicos (la idea de Belleza es responsable de que existan cuerpos bellos); las ideas no pueden ser conocidas a través de los sentidos (la vista) como ocurre con las cosas , sino por el pensamiento (noesis).
De entre los sentidos el de la vista es el superior, el 'artesano' (demiurgo) se esmeró en él. Para que pueda ejercerse la visión se precisan los ojos, el objeto a observar y la luz. Sin la luz que nos presta el sol nada puede hacérsenos visible. Se da una afinidad entre nuestro ojo y el sol, de ahí que podamos decir que el ojo es el sol de nuestro cuerpo. Ya estamos en condiciones de saber a qué se refería Sócrates con aquello del vástago del Bien', que no es otro sino el sol. Al Sol lo podemos llamar vástago, hijo del Bien (" Entonces ya podéis decir qué entendía yo por vástago del Bien, al que el Bien ha engendrado análogo a sí mismo. De este modo, lo que en el ámbito inteligible es el Bien. respecto de la inteligencia y de lo que se intelige, esto es el Sol en el ámbito visible respecto de la vista y de lo que se ve”). Lo mismo que podemos establecer, dice Sócrates, una equivalencia entre la idea del Bien y su hijo, el Sol, lo haremos entre el sentido de la vista y la capacidad intelectual que es como el ojo mediante el que el alma conoce los seres ideales.

En el alma (psiqué) reside la facultad de conocer, su función se ejerce en plenitud cuando se aboca a la captación de las ideas, entonces se hace posible la inteligencia, pero no ocurre lo mismo cuando se dirige al mundo sensible, pues que no existe afinidad entre la facultad y el objeto de conocimiento. Puesto que la realidad se divide en un mundo ideal y un mundo sensible otro tanto habrá de ocurrir con el conocimiento. Platón asume la identificación eléata entre conocimiento y ser: "Piensa así lo que corresponde al alma: cuando fija su mirada en los objetos sobre los cuales brilla la verdad y lo que es, intelige, conoce y parece tener inteligencia; pero cuando se vuelve hacia lo sumergido en la oscuridad, que nace y perece, entonces opina y percibe débilmente con opiniones que la hacen ir de aquí para allá, y da la impresión de no tener inteligencia. 508d". A continuación afirma que la Idea del Bien "produce la ciencia (episteme) y la verdad (alethéia)". Pero, sigue diciendo, "a las cosas cognoscibles les viene del Bien no sólo el ser conocidas, sino también les llega el existir y la esencia (Ousia).

Alegoría de la línea

Abundando en la comparación de la Idea de Bien con el sol, y el conocimiento con la visión, pasa Sócrates a proponer una clasificación pormenorizada del conocimiento, para ello recurre a una imagen muy ilustrativa: una línea dividida en dos segmentos en correspondencia a los dos órdenes de lo real, "la visible y la inteligible"; ambos segmentos los divide nuevamente, para distinguir dos subórdenes: "Toma ahora una línea dividida en dos partes desiguales; divide nuevamente cada sección según la misma proporción, la del género que se ve y otra la del que se intelige. 509d": Cada orden de lo real es aprehendido por una modalidad de conocimiento. La representación sería ésta:

Mundo Visible:

Imágenes eikones Seres físicos zoa...

...........................................................................................

Imaginación eikasía Creencia pistis

DOXA

Mundo Inteligible

Objetos matemáticos (mathematiká) Primeros principios (arkhai)
…………………………………………………………………………………………

Conocimiento discursivo (dianoia) Inteligencia (noesis)

EPISTEME

Existen, insistimos, dos órdenes de realidad, el mundo visible (tópos horatós) y el inteligible (tópos noetós), que se corresponden en cuanto a "su verdad y no verdad", en función al grado de conocimiento en opinión (doxa) y conocimiento verdadero o Ciencia (episteme). Concretando, existen dos clases de conocimiento: a) El conocimiento opinable (doxa) sobre el ámbito sensible. Como éste, considera Platón, puede subdividirse en imágenes (eikones) de los seres reales (reflejos, sombras...) y en seres físicos propiamente dichos ('animales', zoa; 'todo lo que crece', genos) de los que el orden anterior es imagen, habrán de considerarse dos modalidades de conocimiento sensible: Conjetura o Imaginación (eikasia), aprehensión de las imágenes; y Creencia (pistis)- conocimiento de los seres físicos, b) Ciencia (episteme)Conocimiento verdadero, cuyo objeto son los seres inteligibles. Como también en este ámbito se ha hecho una división entre las entidades matemáticas (números, figuras geométricas...), y los principios (arkhai) últimos", esto es, ideas, así las modalidades de conocimiento habrán de ser: Conocimiento discursivo: dianoia), que es el que usa la matemática, que procede deductivamente desde unos supuestos hacia conclusiones; y Conocimiento noético (noesis) o Inteligencia (que así suele traducirse), que tiene como objeto el conocimiento de las ideas.
La Noesis, procede de manera inversa a como lo hace la Dianoia, pues que remonta inductivamente hasta los principios. Se sirve de la Dialéctica ("la razón misma aprehende, por medio de la facultad dialéctica y hace de los supuestos no principios sino realmente supuesto, que son como peldaños y trampolines hasta el principio del todo. 511 b”), que parte también de hipótesis 'supuestos, pero no para descender a concreciones sino para remontarse al límite de lo inteligible, las Ideas. No se sirve de imágenes -como hace la Geómetra- sino" de Ideas, a través de Ideas y en dirección a Ideas hasta concluir en Ideas". Sobre la noción de dialéctica ya hemos hablado, tanto en el tema de Platón como en la relación de términos, baste ahora decir que el procedimiento dialéctico aunque se consuma en el conocimiento de la Ideas, sin embargo se inicia ya en la Doxa, como podemos ver en aquel famoso pasaje del diálogo Banquete donde la sacerdotisa Diótima le informa al joven Sócrates de como partiendo de las bellezas sensibles debe remontarse al descubrimiento de la Idea de Belleza; "Quien hasta aquí haya sido instruido en las cosas del amor, tras haber contemplado las cosas bellas en ordenada y correcta sucesión, descubrirá de repente, llegando ya al término de su iniciación amorosa, algo maravillosamente bello por naturaleza, a saber (...) la belleza en sí, que es siempre consigo misma específicamente única, mientras que todas las otras cosas bellas participan de ella de una manera tal que el nacimiento y muerte de éstas no le causa ni aumento ni disminución, ni le ocurre absolutamente nada. Banquete, 210 b."
En esto y no en otra cosa reside el “estudio supremo” que Platón considera imprescindible para los guardianes, la posesión de don dialéctico que haga posible el conocimiento superior (noesis) capaz de descubrir las ideas: la Justicia en sí, la Belleza en sí, y sobre todas ellas el Bien en sí
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